La hora cero en Cuba: la orden de combate

Geopolítica

Séptimo y último artículo de una serie

Por Felipe de J. Pérez Cruz

Para Prensa Sin Censura

Eufóricos por su acto de guerra contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, publicitan los fascistas de la administración Trump el paseo de madrugada de los helicópteros de la Fuerza Delta por Caracas, el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moro y su esposa Cilia Flores, y los ataques simultáneos en los estados Miranda, Aragua y La Guaira.

Una operación de castigo, el intento de secuestrar o asesinar al General de Ejército Raúl Castro, al presidente Díaz-Canel, será fuertemente repelida. Se considerará una declaración de guerra, y el enemigo recibirá la respuesta en los lugares y en todas las formas que el mando de la Revolución decida.

Olvidan decir -ya se sabe y está documentado- que las Fuerzas Armadas de la hermana nación no recibieron la orden de repeler el ataque. Quienes si combatieron fueron los militares cubanos destacados en el Fuerte Tiuna y en la defensa del presidente venezolano.

De estos héroes, 32 ofrendaron sus vidas. Son “duros” los cubanos tuvo que reconocer Trump.

Ningún combatiente, ningún patriota, tiene que esperar en Cuba por una orden para repeler un acto de guerra, un ataque, una infiltración, una acción contrarrevolucionaria.

La orden de combate está dada: Pelear con todos los medios disponibles, hacerle pagar a las fuerzas vivas del ejercito enemigo y a sus colaboradores su participación en la agresión, y hacerlo constantemente, el tiempo que sea necesario, hasta derrotar al enemigo, obligarlo a abandonar el territorio patrio y comprometerlo a cesar todo tipo de agresión armada contra la nación.

Una operación de castigo, el intento de secuestrar o asesinar al General de Ejército Raúl Castro, al presidente Díaz-Canel, será fuertemente repelida. Se considerará una declaración de guerra, y el enemigo recibirá la respuesta en los lugares y en todas las formas que el mando de la Revolución decida.

El autor es historiador y profesor universitario en La Habana, Cuba.

Foto/La Jornada

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