Las cenizas de AES sentencian a muerte a Rancho Guayama en Salinas

Jaime Torres Torres

La comunidad Rancho Guayama en Salinas es la mueca de terror de un Puerto Rico invisibilizado por las cenizas de carbón de AES.

El aire que se respira es pesado y huele mal.

La flora se subleva marchita.

Las aves cantan lamentos.

El sol brilla con vergüenza.

Y la corriente en los riachuelos discurre con prisa, como queriendo escapar del entorno.

Y no es para menos porque es tierra de nadie.

Pesadilla de un Puerto Rico de calamidad en que la gente apenas concilia el sueño en paz porque los desvelan las promesas incumplidas del ayer; hoy tomaduras de pelo, de las autoridades políticas, incluida la actual alcaldesa por el Partido Popular, Karilyn Bonilla.

Prensa sin censura visitó Rancho Guayama, gracias a la gentileza de José Cora y don Carlos Lago Malavé, miembros de la organización Acción Social y Protección Ambiental.

Don Carlos nos acompañó al área de una quebrada de aguas cristalinas, pero contaminadas con cenizas y que son parte del Acuífero del Sur que sacia la sed de los residentes de Patillas, Guayama, Salinas, Arroyo, Santa Isabel y Juana Díaz.

Es un escándalo y un crimen ambiental observar la acumulación de toneladas de cenizas tóxicas que, a simple vista, parecen piedras, pero que se hacen polvo cuando son pisadas sin mucho esfuerzo.

Cuando llueve, las escorrentías y la erosión del terreno llevan las cenizas al cauce del riachuelo, en un hecho de contaminación ambiental sin precedentes al que las autoridades no le prestan atención.

“En todo Rancho Guayama se tiraron cenizas, menos en la Calle Hostos. Las calles están cubiertas de cenizas”, dijo.

Carlos Lago Malavé.

“Hay dos responsables principalmente. El Dr. Carlos Rodríguez Mateo, que fue alcalde de Salinas, y el ingeniero Enrique Santiago. Ellos tiraron las cenizas aquí, aun en contra de la voluntad de los residentes. Desde entonces insistimos que esto se debe remover y el gobierno no lo ha hecho”, denunció don Carlos.

Las cenizas fueron depositadas en Rancho Guayama durante la administración del gobernador popular Aníbal Acevedo Vilá y su gobierno compartido con la legislatura penepé.

“Tiraron una capa de mogolla para ocultar la ceniza, pero mire lo que ha sucedido. La erosión y los carros que pasan de arriba para abajo levantan el polvo gris de las cenizas. Ya estamos cansados de esto”.

Se alega que hay una asignación de fondos federales, pero la obra se pospone porque presuntamente se necesita mucho más dinero.

“Supuestamente había $8 millones y ahora no se sabe dónde está ese dinero. Anteriormente, la legisladora por el distrito asignó $50 mil, que fueron pareados durante el cuatrienio de Aníbal para un total de $100 mil para arreglar esto, pero el dinero se desapareció también”.

Don Carlos aseguró a Prensa sin censura que tienen grabaciones en las que la alcaldesa Karilyn Bonilla da fe de la asignación de $8 millones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias para reparar las carreteras, construir puentes y remover las cenizas en Rancho Guayama.

“Ahora nos dice que necesita $3 millones más. Ella puso un rótulo que decía que la obra era por $5.5 millones. Después dijo que era por $3.2 millones. A la larga no se sabe lo que es. Queremos que esto se resuelva”.

Mientras, los vecinos de Rancho Guayama en Salinas respiran mañana, tarde y noche las cenizas tóxicas de carbón que, científicamente en la Escuela de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, se ha comprobado que son letales a la salud.

Es un cuadro desolador que, aparte del crimen ambiental, viola derechos humanos elementales sin que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, la Junta de Calidad Ambiental, la Agencia Federal de Protección Ambiental y el Departamento de Salud asuman su responsabilidad.

“Para nosotros esto ya es algo insoportable […] Si el dinero está, ¿por qué no se ha utilizado para remover estas cenizas para que se pueda tener mejor calidad de vida? Todos somos personas mayores aquí. Más del 90% somos adultos mayores y no tenemos que seguir viviendo con estas cenizas”, concluyó el líder comunitario.

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