La batalla por conquistar las mentes en la guerra de Ucrania y Rusia

Más allá de lo que pase en el terreno, desde las redes sociales y los medios de comunicación comienza el punto de partida para otro combate. La llamada guerra cognitiva contra Rusia.

Publicado por Al Mayadeen Español

La operación militar de Rusia en Ucrania, como lo denominó el presidente Vladimir Putin, o “la invasión rusa”, como lo catalogan los medios occidentales, comenzó en febrero de 2022.

Sin embargo desde mucho antes, las principales plataformas mediáticas preparaban el escenario para la guerra, la batalla por conquistar las emociones de las personas para definir desde el propio entorno digital el curso que tomaría el conflicto.

Se trata de un nuevo tipo de combate, que forma parte de las investigaciones de la OTAN. Un estudio de 2020 financiado por dicha organización titulado Cognitive Warfare, del autor François du Cluzel sobre esta nueva forma de guerra expone: “Si bien las acciones tomadas en los cinco dominios (aéreo, terrestre, marítimo, espacial y cibernético) se ejecutan para tener un efecto sobre el dominio humano, el objetivo de la guerra cognitiva es convertir a todos en arma.”

“El cerebro será el campo de batalla del siglo XXI”, enfatizó el informe. “Los seres humanos son el dominio en disputa y es probable que los conflictos futuros entre las personas ocurran primero digitalmente y después físicamente en las proximidades de los centros de poder político y económico.”

El investigador que escribió el estudio financiado por la OTAN, François du Cluzel, es un exoficial militar francés que en 2013 ayudó a crear el Centro de Innovación de la OTAN (iHub), y desde entonces lo ha dirigido desde su base en Norfolk, Virginia. Esta institución, actúa como una especie de centro de investigación interno de la Alianza del Atlántico Norte.

Para el autor la guerra cognitiva comienza con información pero esta es apenas el combustible. “Es crucial comprender que se trata de un juego sobre nuestra cognición, sobre la forma en que nuestro cerebro procesa la información y la convierte en conocimiento, en lugar de únicamente un juego sobre información o sobre aspectos psicológicos de nuestro cerebro. No es solo una acción contra lo que pensamos, sino también una acción contra la forma en que pensamos, la forma en que procesamos la información y la convertimos en conocimiento. En otras palabras, la guerra cognitiva no es una palabra más, otro nombre para la guerra de información. Es una guerra contra nuestro procesador individual, nuestro cerebro” indicó François du Cluzel.

En el caso de Rusia lo han aplicado desde diferentes frentes. Occidente, en particular Washington, empezó satanizando al gobierno de Vladimir Putin, anunciando la invasión cuando todavía Estados Unidos y Rusia discutían por la vía diplomática. Anularon o minimizaron los comunicados de Moscú referentes a las garantías de seguridad que exigía el Kremlin para la no expansión de la OTAN en sus fronteras.

Cuando finalmente empezó la operación militar de Rusia, bloquearon las emisiones de los principales medios rusos, bombardearon con sanciones la economía del país, bloquearon también a la cultura rusa en escenarios extranjeros e impidieron la participación de atletas rusos en diferentes eventos deportivos.

Esto es lo que vemos en el plano físico, pero ¿cómo te lo cuentan los medios? ¿Cómo te llega la información en las redes sociales? ¿Has llegado a sentir que todo lo malo que hoy ocurre en Ucrania es culpa de Putin? Pues si es así, ya formas parte de este conflicto (no importa en que país te encuentres) tu mente ya funciona como otra arma.

Rusia: el malo de la película, según Hollywood y la CIA

La demonización de Rusia y su conversión en el enemigo natural de Estados Unidos y de Occidente no es nueva, pero en los momentos actuales se ha reconfigurado.

El académico estadounidense Jason Denaburg, en una investigación sobre la construcción del «carácter ruso» en el imaginario popular de Norteamérica desde 1946, explica «la mayoría de los estadounidenses nunca ha estado en Rusia o ha conocido a rusos», por lo que su «comprensión de Rusia proviene de aparatos informativos como los medios de comunicación y las instituciones educativas».

«Imaginar a los rusos como inferiores», comenta Denaburg, «construye un carácter estadounidense superior correspondiente, e implica que los estadounidenses no solo pueden sino que deben contrarrestar a Rusia. Durante más de un siglo, esta caracterización de Rusia y los rusos ha justificado una expansión constante del poder estadounidense en todo el mundo», apunta el académico.

Para esta investigación conversamos con el director, guionista de cine y televisión Javier Gómez Sánchez quien se desempeña actualmente como Decano de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte de Cuba. En su criterio la construcción mediática occidental contra Rusia, específicamente de la industria mediática estadounidense, tiene un acumulado de toda la narrativa de los diferentes roles globales durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

“Aunque Rusia no responde actualmente en términos ideológicos al conflicto de la Guerra Fría, en aquel momento era un enfrentamiento entre dos sistemas ideológicos y eso produjo una gran acumulación mediática desde el cine estadounidense y también desde la literatura, por supuesto la radio y la televisión estadounidense se sumaron también en esa construcción para irle sembrando al público estadounidense la imagen del villano global. Puedes encontrar obras de un valor artístico indudable como Doctor Zhivago, una adaptación cinematográfica del año 1965, hasta obras más cercanas a lo que llamamos la cultura de consumo como son en los años 70, 80, las películas de Rocky, Rambo, que crean estereotipos respecto al imperio soviético”, explica Gómez.

Por su parte el profesor cubano Oscar Villar Barroso, Doctor en Ciencias Históricas y Profesor de la Universidad de la Habana, quien también nos ofreció sus consideraciones, tuvo la oportunidad de estudiar en Kazajstán y Kirguistán. Ha viajado en varias ocasiones a Rusia. Conoció al pueblo de los antiguos países soviéticos en toda su diversidad. Sin embargo, reconoce que en el cine estadounidense no se muestra una imagen afín a esa pluralidad cultural. En cambio, reflejan a los rusos como personas torpes y sucias, poco agraciados o rudos en el trato.

“Demonizar a Rusia busca lograr el apoyo de las audiencias, o al menos su consentimiento respecto a las acciones que tomarán los países occidentales en el conflicto. Se dice que en todas las guerras la primera víctima es la verdad. La verdad aquí ha sido silenciada”, opina el profesor Barroso.

El Pentágono y la CIA han convertido miles de películas de Hollywood en propaganda. Así lo revela el documental titulado Teatros de Guerra: cómo el Pentágono y la CIA tomaron Hollywood, donde los investigadores Tom Secker y Mathew Alford lograron recopilar cerca de 4 mil páginas de documentos desclasificados. «Estos documentos demuestran por primera vez que el Gobierno de los EEUU ha trabajado tras bambalinas en más de 800 películas importantes y más de mil títulos de televisión», comentan los investigadores.

El ejército estadounidense ha escrito políticas sobre lo que aprueba y desaprueba. “Desaprueba las descripciones de fracasos y delitos, lo que elimina gran parte de la realidad. Rechaza las películas sobre el suicidio de veteranos, el racismo en el ejército, el acoso sexual y la agresión en el ejército. Pero pretende negarse a colaborar en películas porque no son «realistas».”

Una vez que se derrumba la Unión Soviética, Estados Unidos se queda sin un villano frente al cual desarrollar su industria armamentista, frente al cual dar sus discursos presidenciales en momentos de crisis, comienza entonces una búsqueda de ese enemigo externo. “El discurso estadounidense contra el enemigo se vuelca hacia los países árabes, hacia Gadafi, Sadam Husein, la llamada guerra contra el terrorismo, gran parte de la industria del cine de finales de los 90 y principios de los 2000 refleja esta llamada guerra contra el mal. También muestran en alguna medida a China, hay que recordar la serie «24 Horas», una serie que idealiza a la CIA, donde uno de lo protagónicos estaba preso en una cárcel en el gigante asiático. Más reciente una serie estadounidense de TV como Homeland que inicia bajo los aires de la guerra contra el terrorismo, pero mantiene a Rusia también en el guión como su enemigo”, explica Javier Gómez.

La versión que tienen miles de millones de personas, sobre algún hecho histórico se basa en lo que han leído en Wikipedia, lo que hayan visto en Youtube o porque se hizo una película al respecto. Confunden la realidad con la versión de la verdad que les brindan las productoras, directores y grandes corporaciones mediáticas. 

“Solo así logramos entender cómo fue posible la operación que llevó a cada vez más gente a nivel global, a olvidar que fue la Unión Soviética la que derrotó a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y a asignarle un papel preponderante y decisivo a EE.UU. en dicha victoria”, indicó el periodista José Negrón Valera en un artículo publicado por Sputnik.

En opinión del decano de la facultad de medios audiovisuales del ISA de Cuba, Javier Gómez, Washington no ha necesitado disminuir el papel soviético en los productos audiovisuales que construye, simplemente enalteciendo el papel de los estadounidenses en elementos reales como el desembarco en Normandía y en el caso de la lucha en el pacifico contra los japoneses por solo citar algunos ejemplos. “Lo hacen desde una industria global como la industria de Hollywood, los videojuegos, ( la saga Call of Duty, Medalla de honor) usando esos recursos solamente en el imaginario de decenas de millones de consumidores de estos productos, Estados Unidos es prácticamente el que gana la Segunda Guerra Mundial, sin necesidad de hacer una disminución del papel soviético en esa lucha, solamente con la capacidad global de ponderar su propia participación”.

Desde los años 2000 el gobierno ruso de Vladimir Putin realiza esfuerzos para producir un cine que establezca y pondere el papel soviético en grandes acontecimientos históricos como la segunda guerra mundial con el objetivo de contrarrestar películas estadounidenses que marcan determinada manipulación y no reconocen el papel del ejército rojo. Tal es el caso de Enemy at the gates (El enemigo a las puertas) (2001) una película que se desarrolla en torno a la batalla de Stalingrado. Esa batalla ha tenido también versiones cinematográficas estadounidenses y alemanas. Si uno contrasta la versión rusa con la estadounidense y la alemana es muy posible ver las diferentes visiones de cada bando.

En el caso de los rusos  ha habido un avance en la producción de un imaginario que produzca un orgullo al menos en el pueblo ruso.  Hay que tener en cuenta que todas las producciones globales penetran en un mercado que incluye a los  ciudadanos rusos  y de los países  de Europa del Este. La propia Ucrania ha desarrollado una industria televisiva de series dramatizadas  buscando una identidad  nacional ante la unión soviética.

Las redes sociales: el campo de batalla

El conflicto de Ucrania  tiene la particularidad de que por primera vez los usuarios observan en tiempo real detalles de la guerra  compartidos por personas que están en el territorio del ataque como si fuesen corresponsales que suben los videos. Pero ¿cómo estamos seguros de que están ahí? Los especialistas hablan de una «batalla por la desinformación» con el objetivo de controlar cómo pensamos en torno al conflicto.

Esta guerra es considerada la primera guerra de las redes sociales. Si realizamos un recuento, la de Vietnam (1955-1975), fue considerada la primera guerra televisada, ya que fue cubierta de forma audiovisual por los medios in situ. Luego, la guerra en Yugoslavia, en los 90, fue considerada como la primera guerra de la era de Internet, al coincidir con su adopción masiva y la publicación de noticias en medios digitales. La «guerra contra el terrorismo» tras el 11 de septiembre fue la primera que realmente mostró el potencial de lo que era la cobertura en tiempo real. Pero la guerra de Ucrania, según coinciden varios analistas, es la primera guerra de las redes sociales.

En ello influye la sobresaturación de contenidos creados para las redes, incluyendo fake news y memes. La construcción de mensajes políticos y las transmisiones online del presidente Volodimir Zelensky en sus conferencias con parlamentos y gobiernos de otros países.

Desde el mismo momento  en que una persona da like, ya existe un primer nivel de aceptación a cualquiera de esos contenidos, una vez que la persona los comparte en su muro ya legitima una posición. Existe un determinado  funcionamiento de algoritmos, específicamente en Facebook. Si una persona muestra demasiado interés sobre Ucrania, le empiezan a aparecer contenidos en su muro sobre ese tema, incluso contenidos en español, con la  intención de llegar a públicos de habla hispana, que pueden tener algún tipo de información respecto a conflicto. 

“El video corto se ha convertido en una de las principales herramientas de ubicación y de construcción de subjetividad en Facebook respecto al conflicto ucraniano, ¿qué tipo de videos? Audiovisuales de pequeños grupos de fuerzas ucranianas enfrentándose a la tecnología rusa. Los ucranianos, provistos con las armas que les envía Occidente, como misiles antitanques y aéreos, muestran en esos videos cómo destruyen al poder ruso. Los videos no son noticias, ni siquiera queda claro en ocasiones quien los hace, son aparentes fragmentos de la guerra”, explica Javier Gómez y añade “En el caso actual, siempre son materiales hechos desde el lado ucraniano, los rusos no aparecen con total intencionalidad”, concluye el decano de FAMCA , quien recientemente realizó el documental La dictadura del algoritmo. Este audiovisual aborda precisamente el funcionamiento de las redes sociales, no solo los intereses económicos y políticos que se esconden detrás de los algoritmos, sino el uso intensivo de Internet por Estados Unidos como arma de cuarta generación, contra Cuba.

Los videos cortos que cuentan pequeños fragmentos de la guerra ya se han usado como herramientas en otros conflictos como Siria, en la cual las redes sociales eran bombardeadas por audiovisuales hechos supuestamente por los propios participantes del conflicto.

El profesor de la Universidad de la Habana Oscar Villar Barroso ha vivido en primera persona la estigmatización en redes sociales. “En mi caso, por ejemplo, que publico a menudo en Facebook contenidos actualizados relacionados con el conflicto, me aparece un cartel donde dice que estoy al servicio del gobierno de Rusia. Sin embargo, la misma red social no le pone a los usuarios que publican mensajes de incitación al odio contra ciudadanos rusos, ningún cartel que digan que están al servicio de la barbarie. Nadie dice todos los crímenes que han cometido los grupos nacionalistas ucranianos que tienen una abierta vocación fascista. Utilizan símbolos, banderas, elementos identificativos del facismo alemán y nadie critica eso”

Barroso añade que estamos ante un ejemplo de guerra cognitiva contra Rusia. “Si Moscú estuviera haciendo lo que cuentan los medios sería un absurdo, que iría contra sus propios objetivos. En relación con esto, hemos visto la persecución de periodistas, no solo rusos, sino de otras nacionalidades, que han contado una versión diferente al discurso que se quiere. Las redes sociales, todas, tienen dueño, y el que paga manda. Forman parte de un entramado donde la verdad no es lo importante.”

Otro elemento llamativo sobre todo en la construcción de las subjetividades es la aparición de los jefes de estado en televisión. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, aparece habitualmente en ropa de campaña, no exactamente vestido de militar, aparece con un pulover verde. Según explica el director de cine cubano Javier Gómez “busca dar la idea de una persona que se tuvo que poner esa ropa de improviso, porque se está enfrentando a un poder superior, muestra a un hombre que se ha volcado a la guerra y deja la imagen del político. En contraposición los altos funcionarios rusos, el propio Putin aparece vestido de manera formal de traje y corbata. De esa forma Ucrania busca crear empatía, sobre todo en el público joven de mostrar un país que está siendo agredido por otro mucho más grande. Es todo un diseño que busca que te solidarices con Ucrania.”

El estudio de la OTAN sobre guerras cognitivas indica que cada plataforma de redes sociales, cada sitio web está diseñado para ser adictivo y para desencadenar algunos estallidos emocionales, atrapando el cerebro en un ciclo de publicaciones. “La velocidad emocional, la intensidad y las cualidades de cámara de eco del contenido de las redes sociales hacen que aquellos expuestos a él experimenten reacciones más extremas. Las redes sociales son particularmente adecuadas para el empeoramiento de la situación política y polarización social por su capacidad de difundir imágenes violentas y rumores aterradores muy rápida e intensamente. Cuanto más se propaga la ira, más usuarios de Internet son susceptibles de convertirse en trolls”.

¿Dónde está la noticia y cuál es la verdad?

Cuando haces una búsqueda en Google sobre el conflicto ucraniano todos los medios que te salen en la primera página siguen la misma línea, reciclan los mismos contenidos. Se repiten titulares y enfoques. Es un fenómeno ya visto de guerras anteriores, lo cual no significa que sean las visiones fidedignas del conflicto.

En el caso de las medidas contra los medios rusos, Youtube eliminó el canal de RT, lo cual significó una pérdida de material muy importante. En el caso de Facebook no los elimina pero te aparece una ventana intermedia donde te advierte que esa página (RT o Sputnik) pertenecen al gobierno ruso. “Lo curioso es que cuando uno revisa cualquier medio occidental no te dice lo mismo del gobierno del país del cual proceden, supuestamente bajo la construcción de la “libertad de prensa”. En el caso de los medios rusos, efectivamente eso causa un efecto en el lector de esas páginas, ya que dicho aviso te anuncia que la visión del gobierno ruso está influyendo en ese medio y que no es imparcial. Otra trampa pues la llamada objetividad en el medio periodístico es algo bastante entredicho y debatido”, agrega Javier Gómez.

La intención de bloquear la capacidad de emisión del contrario no es algo nuevo, continúa el director de cine, sin embargo esa capacidad de emisión se vuelve cada vez más global. “De todas formas se crean mecanismos para que al final el lector pueda saltar esos obstáculos y buscar esos contenidos, lo que pasa es que la mayoría de las personas no entran finalmente, sino que reciben el torrente de información parcializada que le llega por las otras vías.”

Así como este nuevo modo de batalla no tiene fronteras geográficas, tampoco tiene límite de tiempo: “Este campo de batalla es global vía Internet. Sin principio ni fin, esta conquista no conoce tregua, marcada por notificaciones de nuestros smartphones, en cualquier lugar, las 24 horas del día, los 7 días de la semana”, revela el estudio de la OTAN.

La guerra en Ucrania tuvo fecha de inicio, pero estamos lejos de ver un final. El conflicto se ha complejizado con la interferencia de Occidente, que por un lado envía armas a Kiev y por otro lado, exige una solución diplomática a Rusia, aún cuando se sabe que la delegación ucraniana no ha llegado a acuerdos concretos en las rondas de negociaciones.

Las sanciones contra Moscú han tenido un efecto bumerán en la economía mundial y la aplicación sin límites de todos los mecanismos de guerra cognitiva lo convierten en un conflicto internacional donde no se trata solo de Rusia y Ucrania, sino de todos los que de alguna forma u otra reaccionamos desde nuestro imaginario a esta confrontación.

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