Premisas incorrectas que se usan para promover tu vacunación compulsoria

Publicado por R. Iván Iriarte, MD, MS

En este ensayo no voy a repetir los planteamientos que llevo año y medio presentando en relación al manejo de la epidemia del COVID-19. He escrito anteriormente sobre asuntos que me parece denuncian los errores fundamentales que nos han llevado a la situación presente. Mas en este momento, el asunto que parece necesitar ser atendido de manera más urgente, es el intento de las autoridades y gobiernos – nos interesa particularmente Puerto Rico – de imponer cueste lo que cueste la vacunación compulsoria contra el COVID-19 a toda la población.

Ya hemos escrito en otros ensayos, y presentado en vistas públicas ante la legislatura de PR, planteamientos que retan los conceptos de que estas “vacunas” son “eficaces y seguras”. Hemos establecido que el mecanismo por el cual surgen sus efectos estas llamadas vacunas merece ser evaluado con escepticismo, y sobre todo hemos establecido el principio ético de Autonomía, que descarta totalmente la imposición a un individuo de aceptar una intervención médica.

En este ensayo, me concentro en argumentar en contra de dos premisas – que son definitivamente incorrectas, y que a mi juicio son las premisas que usan los proponentes de la vacunación compulsoria para justificar que se obligue a todas las personas a administrarse la llamada vacuna.

Estas premisas incorrectas son:

* Las personas no vacunadas representan un riesgo para el resto de la comunidad, incluyendo a los vacunados. Los que rehúsan a vacunarse son por ende individuos irresponsables – asesinos – porque ponen a otros a riesgo de contagiarse con el COVID-19 y por ende a morir.

* La pandemia del COVID-19 no termina porque todavía hay personas que se rehúsan a vacunarse. Estamos ante una “pandemia de no vacunados”.

Procederé a argumentar en contra de ambas de estas premisas. Premisas incorrectas nos llevan a conclusiones incorrectas.


Los no-vacunados como entidades de riesgo


Es difícil entender exactamente de donde ha surgido esta idea, que parece ser algo totalmente nuevo que se han inventado – como muchas otras cosas – con el asunto del COVID-19.

Las autoridades que han estado a cargo de establecer las medidas para el manejo del COVID-19 no han querido aplicar nada de lo que hemos sabido por décadas y siglos sobre las enfermedades virales, la manera de contar casos, el uso de pruebas diagnósticas, los modos de transmisión, las medidas que funcionan y no funcionan, y las vacunas.

Por siglos, las vacunas se consideran intervenciones de prevención primaria de las enfermedades, que por definición son intervenciones que deben reducir las probabilidades de adquirir la enfermedad en las personas que se vacunan.

Es un hecho conocido que personas inmunes a una enfermedad contagiosa – ya sea por vacunación o por inmunidad natural – pueden tener un efecto protector hacia personas susceptibles, por un fenómeno conocido como inmunidad de grupo. Aceptar este concepto no resulta en que concluyamos que una persona no vacunada (o no inmune) vaya a poner en peligro de contagio a otros, a menos que esté enfermo.

Una analogía que podemos usar para ilustrar este concepto es el siguiente: Si alguien tiene un perro guardián en su casa, el perro guardián puede beneficiar a su vecino, pues también ladra si hay algo sospechoso ocurriendo en la casa del vecino. Pero ningún vecino va a acusar a otro de irresponsable, ni de poner su casa a riesgo, por no tener un perro guardián. No obligamos a nadie a tener un perro guardián, para proteger nuestra casa. Este argumento obedece sencillamente a un pensamiento lógico y racional.

En el campo de la Medicina y la Salud Pública se han usado las vacunas por más de un siglo. Nunca se ha adoptado la práctica de requerir a nadie prueba de estar vacunado para entrar a un lugar público; nunca hemos estado preocupados de que alguna persona no vacunada contra alguna enfermedad nos vaya a contagiar con la misma.

Estas cosas no necesitan ser apoyadas por “evidencia científica” ni resultados de estudios. No necesitamos un estudio científico para demostrar que si no está lloviendo afuera, no hay diferencia si abrimos o no un paraguas – no nos vamos a mojar. A pesar de que es difícil encontrar un artículo científico que demuestre que no estar vacunado contra una enfermedad (incluyendo el COVID-19) no aumenta el riesgo de contagio de las otras persones, tampoco hay ningún estudio científico que demuestre lo contrario.

Por otro lado, un artículo publicado por el Concilio de Israel para la Emergencia Pública del COVID-19, establece claramente, apoyado por los datos conocidos hasta el presente sobre el COVID-19, que las personas no vacunadas contra esta enfermedad no representan un riesgo de contagio para la comunidad (1).

La pandemia del COVID-19: ¿pandemia de los no vacunados?

Si la pandemia fuera la culpa de los no vacunados, esperaríamos que en países donde hay pocas personas vacunadas haya mayor número de casos reportados que en países con altas tasas de vacunación. También esperaríamos que en un determinado país, según aumenta el número de personas vacunadas, vaya disminuyendo la cantidad de casos reportados de la enfermedad.

Figura 1

Si las vacunas verdaderamente reducen los casos, debiéramos encontrar una clara observación de menos casos reportados en lugares donde hay mayores tasas de vacunación. No observamos esta relación. Curiosamente, Bolivia que entre los países considerados es el que menor tasa de vacunación tiene al presente, es el país, entre los considerados, con menor número de casos reportados, por cada millón de habitantes. Israel y el Reino Unido son los dos países con mayor tasa de casos reportados, y son comparables con la mayor tasa de vacunación. Es difícil hacer un análisis estadístico con estos datos, pues la primera figura tiene datos de la tasa de vacunación a la fecha del 26 de septiembre; la segunda figura tiene datos sobre variaciones de número de casos reportados a lo largo del tiempo.

De la misma fuente de información, cuando observamos las tasas de vacunación y el número de casos reportados (por millón de habitantes) en EEUU, el Reino Unido e Israel, vemos un patrón similar en todos ellos. El número de casos reportados diarios tenía una tendencia descendente desde antes de comenzar el año 2021, antes de comenzar campañas de vacunación. En la segunda mitad del 2021, cuando las tasas de vacunación alcanzan niveles de 40-50%, entonces comienzan a aumentar los casos reportados.

En Puerto Rico, podemos también comparar las curvas del porcentaje de individuos en la población que han sido totalmente vacunados y el número de casos reportados diariamente durante el año 2021 (2, 3).
3

Tampoco podemos apreciar ninguna relación obvia entre el porcentaje de la población que ha sido vacunada y el número de casos reportados. Ciertamente no hay una reducción de casos reportados asociados a un aumento en la vacunación, y podemos preguntarnos por qué, posterior al aumento mayor en el porcentaje de vacunación, durante el mes de julio, es que ocurre el más reciente “repunte” de casos.

Cualquier epidemiólogo sabe que estos datos, al ser datos “ecológicos” (son datos de aglomerados de sujetos o poblaciones, no se presentan datos de individuos) deben ser interpretados con cuidado. Ningún epidemiólogo se atrevería a concluir que las vacunas están causando el alza en el número de casos reportados. Hay muchas posibles explicaciones para la observación. Más aún, yo tendría reservas en concluir nada, debido a la manera en que se están definiendo y contando los “casos” (solo por resultados positivos de pruebas de laboratorio). Pero definitivamente es imposible concluir que el aumento de número de “casos” es debido a las personas no vacunadas, cuando estamos observando, si acaso, una relación inversa entre el porcentaje de vacunados y el número de casos reportados.

En resumen, las personas que no se han vacunado contra el COVID-19 no ponen a nadie a riesgo de infección o contagio con el virus SARS-Cov-2, a menos que estén enfermos. Si alguien está enfermo, pudiera contagiar a otra persona, esté vacunado o no. El aumento de casos o “repunte” que se ha visto en diferentes países durante los últimos meses no es causado por las personas no vacunadas; en todo caso, parecería estar asociado a un aumento en la tasa de vacunación, aunque no es posible establecer una relación de causa y efecto.

Lo que es claro es que es necesario ya dejar de poner un estigma a las personas que han escogido no vacunarse contra el COVID-19, por la razón que sea. Estas personas no son irresponsables, y mucho menos “asesinos”.
4

De ninguna manera está justificado que un individuo pretenda obligar a otro individuo a administrarse una vacuna, por ninguno de los pretextos que han sido mencionados arriba. Dejemos ya de promover ideas que son incorrectas, y que no se sostienen ante ninguna evidencia ni ningún pensamiento racional.

Referencias:

  1. Position Paper: The Science and the Ethics Regarding the Risk Posed by Non-Vaccinated Individuals. 11 de agosto, 2021. https://pecc-il.org/docs/position-paperthe-science-and-the-ethics-regarding-the-risk-posed-by- non-vaccinated-individuals/?fbclid=IwAR34_1WysslUWKhgP8Q3UPVbpjyz5AU1mFWmZX9_D4
  2. Our World in Data. https://ourworldindata.org/covid-cases
  3. Departamento de Salud de PR. https://covid19datos.salud.gov.pr/#casos
Figura 2
Figura 3

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s