La agonía de los pacientes de Covid-19

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura-Noticias

Los pacientes se mueven desesperadamente porque no pueden respirar.

No oxigenan.

Le faltan aire y aliento.

Se mueven violentamente en la camilla.

Abren los ojos con terror porque presienten la muerte.

No pueden respirar, a pesar de que están conectados a un respirador… Y finalmente fallecen.

Así, ocho de cada diez pacientes de Covid-19 que atiende, se mueren y la mitad son vacunados.

“La tasa de fallecimiento es muy alta. De diez pacientes graves se mueren ocho y de esos ocho que murieron quizás cuatro estaban vacunados. El paciente en esa condición no puede hablar. Termino como intermediaria con su familia”, reveló a Prensa sin censura la experimentada enfermera graduada Wanda Pérez (nombre ficticio para proteger su identidad), que labora en el West Side Regional Medical Center en Plantation, Florida.

Narró el caso de un jovencito de 31 años que intubaron. Estaba desesperado. Sabía que lo conectarían a la máquina. Wanda le apretó la mano y le habló.

“Le dije que lo único que podía hacer por él en ese momento era orar. Le dije que se iba a ir en descanso. Estaba bien desesperado. Su desesperación lo cansaba. Eso me partió el corazón. Allí oramos juntos. Hoy está en la presencia del Señor”, contó.

Y es que el paciente promedio se desespera porque no oxigena. “Los latidos aumentan. La saturación está por el piso. En par de días los intuban. Desarrollan secuela de síntomas. Se van en fallo renal. Necesitan diálisis. Es un desastre. El paciente se desespera y su familia también porque no lo pueden acompañar en su agonía”.

La situación la describe como dantesca, terrible, intimidante y desastrosa, tras poco más de un año de pandemia. En cuidado intensivo, según cuenta, no se considera como criterio si el paciente estuvo vacunado o no. La lucha es por la vida.

“Hablamos de personas jóvenes. He visto muchos pacientes morir de 30 años, 40, 50 y 60. El desastre dentro de los hospitales, porque no hay suficiente personal, añade más carga de la causa de la pandemia. Mi frustración llega al final. Puedo estar libre tres días y cuando regreso veo caras nuevas y al preguntar me dicen que los otros pacientes murieron”, narró Wanda, que ha sido testigo de pacientes que fallecen súbitamente por episodios cardio y cerebrovasculares fulminantes.

Igualmente, Wanda Pérez ha visto enfermeras y médicos contraer Covid-19 y pasarla muy mal, incluso algunos perdiendo la vida, como parte de una estadística que tampoco se tiene muy clara.

Le preocupa que en el estado de la Florida la gente sigue literalmente por la libre; es decir, despreocupados porque se amparan en la seguridad de la vacuna, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para la Detección y Control de las Enfermedades (CDC) y la Administración Federal de Drogas y Alimentos (FDA) han advertido que los vacunados también pueden infectarse con el Sars-Cov-2.

“Acá se piensa que porque están vacunados ya no se tienen que cuidar. No solo por las mascarillas. También se observan muchas personas obesas, en alto riesgo. Esto ha sido un desbarajuste. Es un libertinaje de descuido, asumiendo que están protegidos”, puntualizó Wanda Pérez, quien recomienda prevenir el Covid-19 con nutrición sana y ejercicios, sin soltar las mascarillas, sin prescindir del desinfectante de manos y dejar de observar el distanciamiento físico.

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