Feminicidio en Gurabo provoca horror y terror

Dra. Milagros S. Rivera Watterson

Ex presidenta Colegio Profesionales del Trabajo Social

Para Prensa sin censura-Noticias/Opinión

El más reciente acontecimiento de feminicidio en Puerto Rico, ocurrido el 13 de septiembre del 2021, tiene horrorizado a nuestro pueblo. Nos referimos al vil y cruento asesinato de Rosa Julia Felix Gómez, mujer de 54 años residente en el pueblo de Gurabo, a manos de Jorge Bátiz Colón.

La misma se encontró con su asesino en un paraje de ese pueblo, se alega sostuvieron una discusión por un dinero que ésta le debía y el individuo le dio con un cuartón en la cabeza fracturándole el cráneo, asesinándola después de arrastrarla amarrada a su vehículo.

De lo que se conoce de los hechos, porque hay cosas sin aclarar, es que acto seguido el perpetrador le ató una soga al cuello, la amarró a la parte posterior de su automóvil y la arrastró hasta asesinarla. Luego la dejó en un terreno cercano, se fue en su automóvil a tomarse una cerveza a un lugar que solía frecuentar y, donde confesó los hechos.

El asesinato está en los inicios de la investigación, así que falta por esclarecer la relación del asesino con su víctima ya que unos dicen que habían sido pareja y otros lo niegan.

Lo que hemos narrado en forma escueta constituyen los hechos del segundo feminicidio ocurrido en nuestro país, luego de aprobada una ley que convierte el asesinato de una mujer en un crimen con agravantes, ya que se clasifica como un feminicidio.

Muchos esperaban que con esta ley se detuviera el número de asesinatos de mujeres que este año van por 12, pero las leyes y, menos a corto plazo, aunque a la larga lo logren, van a hacer la maravilla de devolver la tranquilidad a nuestras mujeres ni a salvar sus vidas, porque la violencia contra estas está arraigada en nuestro país.

Mientras imperen las actitudes machistas en muchos hombres que ven a la mujer como una posesión, como una cosa que les pertenece y hacen con ella lo que les da la gana, estos asesinatos no cesarán. La ley es importante, pero hay que propiciar otros cambios sociales.

Leyes más fuertes, aunque para muchos ayudan a evitarlos, no constituyen la varita mágica que neutralice los feminicidios porque los estudios demuestran que más años de prisión no necesariamente constituyen un disuasivo que detenga a los perpetradores. En estos está enraizado el desprecio a la mujer, a su vida y hasta un odio casi endémico hacia éstas, que no le permite pensar en las consecuencias de sus actos.

Son personas cuyo perfil, aunque nos horrorice, es uno donde impera la falta de controles, el egoísmo, la destemplanza y al que se une muchas veces el uso desmedido del alcohol y hasta las drogas. Nada excusa un crimen tan violento, pero solo pretendemos ofrecer un cuadro que describa como son la mayoría de los hombres que perpetran estos feminicidios.

Parar la ola de feminicidios no es cuestión solamente de leyes, hay que reeducar a nuestros hombres y esto debe hacerse inicialmente desde el hogar, los vecindarios y luego la escuela.

Esto es así porque los feminicidios no surgen de la nada, son producto de una sociedad enferma donde se ha ido perdiendo el respeto a la vida, el respeto al prójimo, a la igualdad y la equidad entre los seres humanos. Son producto también de una sociedad de hogares rotos, donde impera la violencia, el pobre control de impulsos, la pobreza, la desigualdad social, la drogadicción, y el alcoholismo, entre muchos problemas sociales.

La realidad es que vivimos en un país donde para muchos de nuestros niños la violencia se ha normalizado porque conviven en hogares y vecindarios donde ese es el pan de todos sus días. No se crean, sin embargo, que la violencia es solo producto de hogares donde impera la pobreza, porque esta se da también en hogares de clase media y, aunque algunos no lo crean, en las clases ricas y de las más altas esferas del país.

En esas altas clases sociales, donde muchos no la quieren ver o es escondida por mujeres que sufren violencia sicológica, la que no se observa a simple vista, pero que destruye emocionalmente. Muchas de esas mujeres no se quejan en aras de proteger su status o por el temor “al qué dirán”.

Hay estudios que demuestran que de esas mujeres que siguen viviendo en situaciones de relaciones violentas hay muchas más de las que pensamos, pero generalmente advienen a la luz pública los casos de mujeres procedentes de las clases más desaventajadas.

Los efectos de la violencia contra las mujeres terminen o no en feminicidios, son muchos y desbastadores. Esto es así porque en esas familias donde impera la violencia hay niños que se están criando dentro de un ambiente tóxico, donde la violencia verbal, emocional y física es parte de lo que ven todos los días, convirtiéndose en la conducta modelo que muchos repetirán. Esa violencia, que muchas veces también impera en los vecindarios donde conviven, se convierte en su punto de referencia, en lo que ven a diario y es lo que imitan y luego repiten.

Vencer ese ciclo de violencia que se inicia en el hogar o si no la hay en este, si existe en los vecindarios, se convierte en el ambiente en que se crían miles de nuestros niños y tal parece que muchas personas no se dan cuenta o sencillamente no les importa. Eso tenemos que reconocerlo.

Si queremos evitar más feminicidios tenemos que empezar por reconocer que vivimos en una sociedad violenta y eso tiene que cambiar. Para lograr ese cambio tenemos que invertir en lo que se conoce como prevención, y eso toma mucho tiempo y esfuerzo, ya que lograr una sociedad y una cultura de paz no se hace en un día. Tenemos que tener mejores escuelas, donde no solo se ofrezcan conocimientos acerca de las áreas básicas, sino también lo que significa el respeto a la vida humana, lo que es equidad e igualdad, el valor del trabajo, entre muchos otros.

Desde allí también y en otros espacios tenemos que fortalecer nuestras familias porque son las bases de nuestra sociedad, ayudándolas a salir de la pobreza, a recuperar su autoestima, a fortalecerlas para que puedan criar unos hijos física y emocionalmente saludables.

Para evitar feminicidios hay que trabajar como sociedad con nosotros mismos. No basta con mirar hacia los demás y señalarlos, vamos a analizarnos a nosotros mismos para ver cómo estamos contribuyendo para que nuestra sociedad sea una violenta, porque con más leyes no se va a resolver. La sociedad somos todos y el futuro también depende de todos. Unámonos para lograr una mejor sociedad.

Jorge Bátiz Colón.

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