Puerto Rico en tiempos de LUMA: una isla empobrecida por la apatía del Pueblo

Periodista Fátima Seda Barletta

Para Prensa sin censura-Opinión

Mientras mi residencia en la zona turística de San Juan entra en su tercer día sin servicio de electricidad, el señor gobernador Pedro Pierluisi disfruta su día no sé cuánto de vacaciones, y su secretaria de la gobernación expresa cándidamente que no tiene idea de dónde el gobernador se encuentra.

Nosotros, los desesperados hijos de Eva -como dice una oración católica- gimiendo y llorando buscamos remedio a situaciones que antes se resolvían en horas. Ahora, con un hombre que buscó treparse a la gobernación como fuera, hasta llevando a cabo un simulacro de juramento que el Tribunal Supremo apagó en tiempo récord, todo va de peor a desastroso.

Los tiempos de mal a peor hace rato que pasaron. Mi residencia en la zona turística es, en efecto, una pequeña hospedería. Por tanto, debiera tener prioridad en la lista de reparaciones de LUMA, dado que se quiere dar la impresión -no que alguien se la crea- de que somos un destino turístico de primer orden.

Ayer, mi nuevo vecino, un dueño de restaurante con tres velocidades: turbo, ultra turbo y de la luz, trató en vano de que nos restauraran el servicio eléctrico. Incluso se montó en su automóvil e interceptó una brigada que resolvía un problema -tras cinco días- en una calle cercana, y les explicó el problema. “Vamos en cinco”, le prometieron.

Lo que no aclararon fue si era en cinco minutos, cinco días o cinco meses. Conste que hay dos querellas sometidas, no era improvisación. Mientras el señor gobernador deambula por España, por Las Vegas o por donde dicen que lo han visto, como el espíritu de Carlos Gardel, su corporación favorita, LUMA, a la que apoya como novio ciego, por la que aboga como si le hubieran sobado la mano, causa más daños económicos que un huracán.

Mi otra vecina, estadounidense que corre sus negocios por las redes, desesperadamente buscaba como llevar a cabo una reunión cibernética en la oscuridad.

En los cuarenta años que opero el hotelito, nunca vivimos tantos apagones, tantos bajones de luz, tanta ineficiencia, aplaudida por el gobierno como aplauden las focas. ¿Quién le tira pescados a la foca gubernamental, al gobernador, a quien sea, para que no ceses de apadrinar un embeleco que no sirve? Hágase esa pregunta.


La brigada nunca llegó. LUMA no trabaja de noche, tampoco trabaja los fines de semana, por lo que hoy viernes supongo que, con suerte como la que se necesita para ganarme la Lotto -una en un trillón- quizás me llegue la electricidad la semana que viene. Eso, si trabajan, porque el señor gobernador concedió un rosario de días de fiesta, que LUMA sin duda cumplirá.

Mientras tanto, le digo adiós a la compra, le digo adiós al refrigerador, le digo adiós con mi terror de economía de retirada al borde de los setenta años… pero el gobierno pasea. No es justo.
Pienso, sin embargo, que tenía que pasar.

Durante un siglo nos hemos acostumbrado a que nos duerman con el biberón del mantengo, con las limosnas que nos tiran. Somos un experimento social de control político -olvídense de cual partido lo supervisa- para que nos amancemos y creamos que solo somos buenos para vivir en la pobreza, al son de la apatía, engordando con niveles estratosféricos de colesterol y diabetes.

Miramos con sorpresa que un puertorriqueño triunfe, como antes lo hacíamos con un afro-descendiente o una mujer- cuando debiera ser la regla: se trabaja y se triunfa. Somos pobres en un país que no funciona porque lo hemos escogido así. No levantamos la cabeza, no ponemos el país en orden, no tenemos electricidad por anangotados.


No es cuestión de tirarnos a la revolución, eso no sirve. Es cuestión de volver a la Fortaleza -que debiéramos rebautizar la Debilidad- como lo hicimos en 2019, pero para exigir que salgan porquerías como LUMA y funcionarios como los que la apoyan, quienes sean.

Ustedes me dirán: “Vete y busca una compra de emergencia en el Depto. de la Familia”. No es cuestión de compras de emergencia ni de mendigar. Es cuestión de resolver, de acabar con la corrupción que nos trepó a Julia Keleher, con la impunidad para los corruptos, con el país que no funciona.


La peste en mi casa es insoportable. Las moscas se han adueñado de todo. LUMA se va de vacaciones hoy viernes y yo solo puedo agradecer a Dios que mi madre ya es polvo, para que la pesadilla de mantenerla en una cama de posición con un colchón de aire que no funcionaría, no es posible.


Quienquiera que tenga panas o contactos con LUMA, díganle que en la calle Tapia de Santurce han logrado crear un frente para combatirlos. Que no es cuestión de hacernos un favor, es que cobran por un servicio que no dan, porque nosotros los indios lo permitimos, pero no lo haremos siempre. Dejemos de enganarnos. No somos un destino turístico de primera, no señores. Somos una Isla empobrecida por la apatía del pueblo, somos una isla que parcha la falta de luz -los que pueden- con más de 15,000 contratos de placas solares. Somos una economía que se hunde por falta de electricidad que usted y yo permitimos. Hasta las megatiendas se están yendo, un malísimo sintoma.

No tenemos luz ni en nuestros cerebros. Hasta que tenga electricidad, esto es lo último que voy a poder escribir. ¿Y el alcalde de San Juan, Miguel Romero “el invisible”? Que se levante hoy y truene contra los que dejan sin electricidad su zona turística todos los días, que despierte, que se acuerde que es alcalde. Que resuelva el problema de la electricidad o que nos pague, como en otras ciudades de sus Estados Unidos, la instalación de las placas solares, hoy.

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