Violencia machista es un problema de todos, todas y todes

Milagros S. Rivera Watterson

Ex Presidenta Colegio de Profesionales del Trabajo Social

Para Prensa sin censura

En los pasados tres días el pueblo puertorriqueño ha sido impactado por situaciones, ambas muy crudas, relacionadas con la desaparición de dos mujeres jóvenes que finalmente fueron encontradas asesinadas y representan las víctimas más recientes de la violencia de género.

Nos referimos a las jóvenes Keishla Rodríguez Ortíz y Andrea Cristina Ruiz Costas, la primera encontrada el 1 de mayo en la orilla de la Laguna San José , y la segunda días antes en un paraje solitario del barrio Guavate en Cayey.

La cobertura mediática, principalmente acerca de Keishla, fue tan extensa el sábado que hubo momentos que las principales estaciones de televisión tenían a casi todos sus reporteros cubriendo que se había encontrado un cadáver de una mujer rubia. Llama la atención como desde la mañana las estaciones que habían estado cubriendo las manifestaciones del 1 de mayo de pronto dejaron de transmitir el evento y enfilaron todo su interés en lo que estaba aconteciendo alrededor de la aparición del cadáver. Así, se perdió perspectiva y un asunto que también era importante como la manifestación de un pueblo acerca del contrato de LUMA, el asunto de las pensiones, el regreso a la escuelas para nuestros niños y la atención al problema de transportación de Vieques y Culebra, literalmente dejó de existir. Toda la cobertura mediática se volcó en Keishla.

Puerto Rico es un país que sabemos tiene grandes problemas sociales y entre ellos se destaca la violencia de género. Por ello el Gobernador Pierluisi decretó un estado de emergencia, pero trabajar con este problema hay que hacerlo con seriedad, demostrando respeto hacia la intimidad y los sentimientos de todas las personas involucradas. Exagerar en la atención de un caso, estar en el hogar de los afectados por horas para mí constituyó en una invasión a la privacidad de esta familia, no creo que haya contribuido a solucionar el problema sino que lo exacerba .

Así no se resuelve, sino que estamos contribuyendo a que la salud mental del país cada día sea más afectada. Me pregunto cuantos niños y adolescentes estuvieron el sábado sometidos en sus propios hogares a seguir esta noticia. En lugar de eso deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en que esos niños y adolescentes tuviesen la oportunidad de que se les explicara que es la violencia de género, porqué no debería existir, cuál es la importancia de que exista una perspectiva de género aplicada a nuestra relación familiar y promovida en nuestras escuelas.

Muchas personas dicen que enseñarle a los hijos varones el respeto a la mujer, a su vida, a tratarla como una persona digna y con equidad es responsabilidad de cada familia, pero la realidad es que tenemos miles de hogares donde no existen esos valores y donde impera la violencia.

Las personas no pueden promover valores que no tienen. Ante esta situación no podemos cerrar nuestros ojos y oídos y hay que reconocer que la escuela tiene que asumir ese rol educativo. Hacerlo es imperativo y eso se conoce como prevención .

El mal de la violencia de género hay que combatirlo desde todos los ángulos posibles e imaginables. No solamente es asunto de los padres, de los abuelos encargados de la crianza, sino también debe ser promovido en los lugares de empleo y en los medios de comunicación.

Hemos observado cómo no existen campañas masivas educativas acerca del tema que promuevan cambios de actitudes y creencias, tanto de mujeres como de hombres, que constituyen un terreno fértil para el crecimiento de la violencia de género. Tenemos que educar, para que las personas no asuman actitudes prepotentes y enjuiciaras como las que hace una mujer en los medios virtuales cuando critica a Keishla diciendo 0“no se debió meter con un hombre casado”. Ese persona que así se expresa no piensa en que ningún hombre debe sentirse con el derecho de quitarle la vida a una mujer bajo ninguna circunstancia.

Nadie quiere que muera una mujer más, pero para lograr esta meta tenemos que aunar esfuerzos, desde hacer una autoconciencia de nuestras propias actitudes, de cómo criamos a nuestros hijos, de cuánto fomentamos los valores de respeto a la vida, a la dignidad de todos los seres humanos, a entender que ningún ser humano es propiedad de otro y que el amor no se obliga. Para lograr esto hay que fomentar una sociedad donde imperen la equidad y la igualdad.

Sobre todo hay que reconocer que parar la violencia machista no se logra únicamente con promover una Orden Ejecutiva donde se indique que es asunto de una emergencia nacional , sino que hay que aunar esfuerzos de todos : gobierno, empresas privadas, organizaciones del tercer sector y de cada persona que vive en este país . La acción se demuestra andando.

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