Un Museo para abrazar la Patria

Don Heriberto Marín Torres y su sobrino Ernesto ‘Cobí’ Dávila Marín, en el Museo de los Mártires en Coabey, Jayuya.

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

La antigua maquinilla con que Miñi Seijo Bruno escribió el libro “La Insurrección Nacionalista en Puerto Rico”; murales y fotos históricas de Don Pedro Albizu Campos, Lolita Lebrón, Filiberto Ojeda Ríos, Oscar López Rivera, Blanca Canales, Juan Mari Bras, Antonia Martínez y los mártires del Cerro Maravilla, Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví, son parte de la colección del Museo de los Mártires, localizado en el kilometro 10.1 de la PR-144  en el barrio Coabey  de Jayuya.

No faltan memorabilia, objetos, reliquias, documentos ni recortes de prensa que documentan parte de la gesta de las y los patriotas de Borinquen que con celo atesora el señor Ernesto ‘Cobí’ Dávila Marín, custodio de la colección que los interesados pueden descubrir mediante una visita a la galería que, con una espectacular vista a los Tres Picachos, está abierta al público, libre de costo, los siete días de la semana.

Irónicamente, el Museo de los Mártires está en una propiedad que le perteneció a Benigno Soto, escolta de Pedro Albizu Campos durante su arresto en 1950.

La recopilación, rastreo y compra de las obras de la colección del espacio cultural e histórico se remonta a 1994, cuando Cobí regresa de Chicago, Illinois, donde residió durante 36 años.

Cobí es oriundo de Coabey en Jayuya y es sobrino de don Heriberto Marín Torres, uno de los tres sobrevivientes de la Insurrección Nacionalista del 30 de octubre de 1950.

Con entusiasmo y compromiso patrios, Cobí es anfitrión junto a su hijo Luis Dávila, joven artista plástico profesional cuyos murales engalanan parte de las instalaciones de Jayuya y cuyas obras son parte de la colección del Museo de los Mártires.

“A la gente aquí los recibimos con un apretón de manos y los despedimos con un abrazo porque esa es la forma en que hago Patria, demostrándole al puertorriqueño que el que cree en el nacionalismo no es un criminal. Aquí hay gente buena y decente que están haciendo Patria”, explica Cobí Dávila Marín.

“Aquí puede llegar cualquiera a la hora que sea. Entran al estacionamiento, tocan bocina y los atendemos”, añade Cobí, de 80 años y quien se siente en paz porque su hijo Luis, un pintor autodidacta, reitera el compromiso de continuar al timón del aposento en que se respira y siente la nobleza de la Patria el día en que, por alguna razón, no pueda continuar al frente del museo.

Durante la visita al espacio cultural conocimos varios jóvenes que pernoctan en el patio exterior en casetas de campaña y patrocinan los libros “Coabey, el Valle Heroico” y “Eran Ellos”, obras en que don Heriberto Marín Torres narras sus vivencias en la Revolución de 1950, sus experiencias con Albizu Campos y sus vicisitudes en las cárceles La Princesa y Oso Blanco.

El Museo de los Mártires, que a veces se alquila para actividades sociales como bodas y quinceañeros, incluso para actividades políticas como una coordinada hace varios años por el comité del fracasado ex gobernador Ricardo Rosselló, es un espejo de la resistencia de la Patria; una puerta a su espíritu de lucha y una ventana a su perseverancia, simbolizadas por la gesta trascendental de tantas heroínas y héroes inmortalizados por su Amor a la Nación.

Eso lo reconoce muy bien el joven Luis Dávila, de solo 23 años, que con lápiz de carbón, pintura acrílica o aerosol en manos dibuja y pinta sus menudos anhelos libertarios.

“Mi visión y mentalidad es más realista. Sé lo que es la verdad. Reconozco los problemas del gobierno. Yo la Patria la llevo en mi corazón. Hay veces que para conocer tu historia en un museo tienes que pagar. Nosotros lo ofrecemos gratuito. ¿Por qué las personas tienen que pagar para aprender su propia historia? Aquí cuando se les habla de que hubo una guerra se extrañan porque desconocían que eso sucedió en Jayuya. La mayoría de los puertorriqueños no saben mucho de la historia de la Revolución. Piensan que se trata de un capricho de los pipiolos, pero ignoran lo que Puerto Rico tuvo que luchar y enfrentar. En la escuela prefieren hablarle a los niños de Cristóbal Colón, pero no te cuentan en las escuelas sobre Jayuya ni de la Masacre de Ponce”, comenta Luis.

Inexplicablemente, el Museo de los Mártires está proscrito por la administración municipal de Jayuya, que por más de 20 años dirige el alcalde popular Jorge L. González Otero, que primero prefiere –como documenta el récord- derrochar miles de dólares en un globo aerostático que le desinfla el viento antes de respaldar una obra sin fines de lucro como la que Cobí y su hijo Luis custodian en Jayuya.

El Museo de los Mártires es una extensión de sus existencias. Más que un estilo de vida, es motor de sus corazones y eco de sus conciencias. A pesar del boicot sutil de la administración municipal, que no lo promueve entre los destinos a visitar por los boricuas y el turismo en general, abre sus puertas diariamente.

Animan el alma de Cobí espiritualidades de patriotas ancestrales o que incluso conoció, como la memoria de, cuando con solo 10 años, recibía la bendición de don Pedro Albizu Campos al visitar la escuela, hoy Nemesio R. Canales, para saludar a los niños y repartirles mampostiales y otros dulces típicos.

Los recuerdos del exterminio por radiación de Albizu; el heroísmo de Blanca Canales; la persecución a muerte de Carlos Irizarry y Griselio Torresola; el asesinato de Filiberto y los años de encierro purgados por Lolita Lebrón, Oscar López Rivera, Rafael Cancel Miranda y su tío Heriberto Marín Torres lo sostienen en la cruzada de honrar la Patria desde las salas del Museo de los Mártires en Jayuya.

“Después de vivir 36 años en Chicago, al regresar aquí comprendí que hemos sido muy injustos con nuestros héroes y mártires. No se les da el reconocimiento que merecen. Entregar la vida por la Patria es lo máximo que se puede hacer. Por eso estamos aquí”, concluyó Cobí.

(Para coordinar su visita al Museo de los Mártires en Jayuya, con mascarillas y observando el distanciamiento físico, llame a Cobí al 787-236-1932.)

Cobí y su hijo Luis, custodios del Museo de los Mártires en Jayuya. (Foto/Jtt)

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