Cultura
Publicado por All About Art
A través de nueva historia, hay creaciones artísticas que trascienden la intención de sus autores porque terminan convirtiéndose en depósitos de la memoria de un pueblo.
En Puerto Rico, Preciosa, de Rafael Hernández, y la escultura Borinquen, de Rafael López del Campo, pertenecen a esta categoría.
Una canta a la patria; la otra le da forma. Ambas nacieron de una misma necesidad: afirmar lo que somos y preservar aquello que no debe desaparecer de nuestra memoria.
Cuando Hernández compuso Preciosa en 1937, la bandera puertorriqueña llevaba décadas como símbolo nacional, aunque todavía no contaba con reconocimiento oficial. Creada por Antonio Vélez Alvarado en 1892, había sobrevivido a prohibiciones y a los intentos de impedir que ocupara el lugar que ya tenía en la conciencia del país. Los esfuerzos legislativos de 1916, 1922, 1927 y 1932 para oficializarla encontraron la oposición de los gobernadores nombrados por Estados Unidos.
El contexto era uno de profundas imposiciones culturales y políticas. La enseñanza del inglés, la eliminación del feriado de Reyes, la prohibición de costumbres tradicionales y el creciente conflicto laboral formaban parte de una realidad que generaba malestar. Los Juegos Centroamericanos de 1930 dejaron una imagen particularmente reveladora: Puerto Rico podía competir como delegación propia, pero debía desfilar bajo la bandera estadounidense.
Es imposible separar completamente esa realidad del sentimiento que atraviesa Preciosa. Hernández convirtió en música la conciencia de una patria que podía ser políticamente sometida sin dejar de existir en el corazón de su gente.
Décadas después, en 1964, Rafael López del Campo concibió Borinquen, una representación escultórica de nuestro legado indígena ancestral y de la memoria profunda de nuestra isla. La obra fue comisionada para ocupar el centro del zaguán de entrada del Museo de Arte de Puerto Rico, como parte del concepto original del proyecto.
Sin embargo, su emplazamiento provocó una controversia que 25 años después, aún perdura. La obra no ocupa el lugar para el cual fue concebida, y diversas voces importantes de nuestra cultura han reclamado su restitución.
El paralelismo entre estas dos expresiones artísticas resulta inevitable. La bandera de Vélez Alvarado, la canción de Hernández y la escultura de López del Campo pertenecen a momentos diferentes, pero participan de una misma voluntad creadora: preservar una idea de Puerto Rico, cuando las circunstancias podían hacerla vulnerable al olvido.
Preciosa convirtió la patria en sonido. Borinquen la convirtió en presencia. Una nos invita a escuchar nuestra memoria; la otra, a encontrarnos en ella. Por eso nuestros símbolos nacionales no deben contemplarse como piezas inmóviles del pasado. Permanecen vivos en la memoria cuando conocemos su historia, defendemos su significado y los transmitimos a futuras generaciones.
Una nación también se conserva de esa manera: creando, recordando y negándose a olvidar. Porque mientras un pueblo mantenga vivos sus símbolos, mantiene viva la memoria de quién es.
Aquí les publico la letra de esta obra maestra de nuestra música popular, para que puedan hacer una breve reflexión de donde estamos como pueblo y que queremos o estamos dispuestos a hacer, para defender nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra cultura…
Accede al enlace para que disfrutes de una de las versiones contemporáneas más celebradas del tema, en la voz de Marc Anthony:
PRECIOSA (1937)
Rafael Hernández
¡Es como si Rafael Hernández y López del Campo se hablaran uno al otro desde sus obras! Que lo disfruten…
Yo sé lo que son los encantos
de mi Borinquen hermosa
por eso la quiero yo tanto
por siempre la llamaré preciosa
Isla del caribe
Isla del caribe
Borinquen
Preciosa te llaman las olas
del mar que te bañan
Preciosa por ser un encanto
por ser un edén
y tienes la noble hidalguía
de la madre España
y el fiero cantío
del indio bravío
lo tienes también
Preciosa te llaman lo bardos
que cantan tu historia
no importa el tirano te trate con negra maldad
preciosa serás sin banderas
sin laurios ni glorias
preciosa, preciosa te llaman los hijos de la libertad
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