Sobre la ‘Siembra de Nubes’ en Puerto Rico

Geoingeniería

Por Dr. Héctor J. Jiménez

Director Oficina de Climatología de Puerto Rico

Recinto de Mayagüez

La llamada siembra de nubes («cloud seeding», en inglés) es un área legítima de investigación científica. Existen estudios realizados en diferentes partes del mundo que indican que, bajo ciertas condiciones atmosféricas, la siembra de nubes puede aumentar la cantidad de lluvia. Por lo tanto, no se puede decir categóricamente que la siembra de nubes «no funciona»

Para nosotros la pregunta más importante debe ser: ¿cuán confiablemente puede la siembra de nubes aumentar la lluvia bajo las condiciones atmosféricas que tenemos en Puerto Rico?

Sobre esa pregunta específica para Puerto Rico, la evidencia científica es mucho menos concluyente.

La siembra de nubes no crea las nubes ni crea el vapor de agua que contiene la atmósfera. Lo que puede hacer es modificar los procesos que producen lluvia dentro de nubes que ya tienen las condiciones adecuadas. Su efectividad depende de factores como la temperatura de las nubes, la cantidad de agua que contienen, su tamaño y duración, y la manera en que el aire se mueve dentro de ellas.

La evidencia científica más sólida que existe actualmente corresponde a ciertos tipos de nubes frías asociadas con sistemas de montaña, condiciones que son bastante diferentes de las nubes cálidas y las tormentas que producen una buena parte de la lluvia en Puerto Rico. También se han realizado experimentos con nubes cálidas en regiones tropicales que han producido resultados positivos. Sin embargo, los resultados han sido mucho menos consistentes, y no tenemos suficiente evidencia para afirmar que la siembra de nubes producirá un aumento determinado y confiable de la lluvia en Puerto Rico.

Se puede explicar esta situación utilizando una analogía con la medicina. Hay medicamentos que han pasado por estudios clínicos rigurosos y para los cuales sabemos, dentro de ciertos márgenes de incertidumbre, cuándo funcionan, cuánto beneficio producen y en qué tipo de pacientes. Por otro lado, existen productos para los cuales hay una explicación científica razonable y algunos estudios prometedores, pero cuya efectividad todavía no ha sido demostrada de manera suficientemente sólida para un uso específico.

Creo que la situación de la siembra de nubes en Puerto Rico se parece mucho más a este segundo caso. Existe evidencia científica de que el proceso puede aumentar la precipitación bajo determinadas condiciones. Lo que todavía no se ha demostrado es que pueda producir de manera confiable suficiente lluvia en Puerto Rico como para considerarlo una solución efectiva para enfrentar una sequía.

Esta distinción es particularmente importante cuando estamos utilizando fondos públicos.

No estoy diciendo que Puerto Rico nunca deba experimentar con la siembra de nubes. Al contrario, si se va a realizar, considero que debemos aprovechar la oportunidad para hacerlo de una manera que nos permita aprender científicamente de la experiencia.

De acuerdo a los datos de lluvia y escorrentía de los pluviómetros e hidrómetros operados por el USGS se encontró que los esfuerzos realizados resultaron en eventos de lluvia no significativos, y en aquellos casos en los cuales se pudo relacionar con las inyecciones, los resultados fueron mínimos.

Debemos establecer de antemano bajo qué condiciones se van a sembrar las nubes, comparar los resultados con situaciones similares en las que no se haya realizado la siembra, medir la lluvia de manera independiente y establecer desde el principio cómo vamos a determinar si el programa tuvo éxito. Es decir, el proceso debe comenzar estableciendo una metodología científica rigurosa que nos permita evaluar objetivamente sus resultados.

Al finalizar, deberíamos poder contestar una pregunta muy sencilla: ¿cuánta agua adicional produjo realmente el programa, si produjo alguna, y qué tan seguros estamos de que esa agua adicional fue resultado de la siembra de nubes y no simplemente de la variabilidad natural en los procesos de lluvia?

Hasta que tengamos esa evidencia para Puerto Rico, considero apropiado describir la siembra de nubes como una tecnología experimental con potencial, pero no como una solución comprobada o confiable para las sequías en Puerto Rico.

Lo que sucedió en 2015

Durante el 2015, el caudal de los ríos que alimentan los embalses de La Plata y Loíza, los cuales suplen a la Zona Metropolitana de San Juan (ZMSJ) con unos 170 Mgd, era muy bajo. Por tal razón, fue necesario el establecimiento de un programa de racionamiento de agua en la zona metropolitana, que afectó a cerca de 1.2 millones de residentes de la ZMSJ.

En un intento de inducir la lluvia en estas cuencas, la AAA contrató la compañía SOAR, para aumentar el flujo de los tributarios que alimentan los embalses de La Plata, Loíza y Cidra a un costo de $66,500 mensuales por 3 meses, según se reseñó en la prensa.

De acuerdo a lo que indicó personal de la AAA, el monto total para este proyecto fue de $362,717.54. Para esto se realizaron inyecciones a las nubes con alto potencial de formación con cloruro de calcio y yoduro de plata. El informe presentado por la AAA declara que las cantidades de cloruro de calcio fue de 2.5 gramos por unidad. Por cada bengala que contenía yoduro de Plata se disparó aproximadamente 2.5 gramos por milla cuadrada, lo que equivale a 0.96 microgramos por metro cuadrado (Quiñones, 2016).

La empresa SOAR realizó un total de 40 vuelos, donde se arrojaron un total de 230 bengalas entre el periodo del 15 de julio al 25 de octubre de 2015.

Se realizaron análisis gráficos y semi- cuantitativos para determinar la efectividad de inducir la lluvia con las inyecciones realizadas. Se tomó en cuenta la hora, fecha y ubicación del avión de SOAR al momento del disparo de cada bengala. De acuerdo a los datos de lluvia y escorrentía de los pluviómetros e hidrómetros operados por el USGS se encontró que los esfuerzos realizados resultaron en eventos de lluvia no significativos, y en aquellos casos en los cuales se pudo relacionar con las inyecciones, los resultados fueron mínimos.

Foto/Magnific

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