Denuncia sobre el efecto de la crisis del agua en la cultura

Cultura

Por Tamara Marrero-Casablanca
Para Prensa Sin Censura

La crisis del agua nos obliga a preguntarnos: ¿qué cultura puede florecer plenamente cuando su pueblo tiene que luchar diariamente por conseguir lo más básico para vivir?

La crisis del agua en Puerto Rico no es solamente un problema de infraestructura o de servicio público. Es también una crisis cultural, porque el agua forma parte de nuestra manera de vivir, de reunirnos, de cocinar, de crear y de relacionarnos con nuestra tierra.

El impacto cultural de la crisis del agua

  1. Altera la vida comunitaria
    La cultura puertorriqueña se vive en comunidad: en la plaza, en las fiestas, en las actividades culturales, en la música y en la convivencia. Cuando no hay agua, centros culturales, escuelas, restaurantes y espacios de encuentro tienen que limitar o cancelar sus actividades. En 2026, organizaciones culturales y eventos en el área metropolitana se han visto afectados directamente por la falta de agua y las dificultades para mantener condiciones básicas de higiene.
  2. Afecta nuestras tradiciones culinarias
    La cocina es memoria e identidad. Preparar arroz, habichuelas, sopas, café, frituras y muchos otros alimentos tradicionales depende del acceso al agua. Cuando las familias tienen que almacenar cada gota, comprar agua o limitar su uso, la cocina cotidiana —que también es una forma de transmisión cultural entre generaciones— se transforma.
  3. Limita la creación artística y cultural
    El agua es necesaria para talleres de pintura, cerámica, danza, actividades educativas y para mantener abiertos los espacios culturales. La crisis demuestra que la cultura también depende de condiciones materiales básicas. No podemos hablar de desarrollo cultural mientras artistas, estudiantes y comunidades carecen de servicios esenciales.
  4. Transforma nuestra relación con la naturaleza
    Para el pueblo puertorriqueño, el agua está profundamente conectada con nuestra identidad: los ríos, las montañas, la lluvia, el mar y hasta el canto del coquí forman parte de nuestra memoria colectiva. La sequía y la escasez alteran incluso los sonidos y paisajes que reconocemos como hogar. El coquí, símbolo cultural de Puerto Rico, responde a las condiciones de humedad y sequedad de la Isla.
  5. Genera nuevas formas de organización y resistencia
    Ante la ausencia o inestabilidad del servicio, las comunidades se organizan, comparten información, ayudan a personas mayores y vulnerables y reclaman soluciones. La lucha por el agua se convierte así en una expresión de cultura comunitaria y de resistencia. Las protestas y movilizaciones recientes reflejan una creciente exigencia ciudadana de dignidad y acceso a un recurso esencial.

Una crisis que toca la identidad

Puerto Rico atraviesa una crisis de agua agravada por problemas de infraestructura y una severa sequía. En agosto de 2026, se han implementado medidas de racionamiento y miles de personas han enfrentado interrupciones prolongadas del servicio.

Pero cuando un pueblo no tiene agua, no solamente se interrumpe una tubería: se interrumpe la vida.

Se dificulta cocinar, reunirse, crear arte, abrir espacios culturales y mantener las costumbres cotidianas. Por eso, defender el agua es también defender la cultura puertorriqueña. Es defender nuestro derecho a vivir dignamente y a preservar las comunidades donde nacen nuestra música, nuestra cocina, nuestra memoria y nuestra identidad.

Así que pregunto nuevamente: ¿qué cultura puede florecer plenamente cuando su pueblo tiene que luchar diariamente por conseguir lo más básico para vivir?

(La autora es Directora Ejecutiva del Fondo Puertorriqueño de Arte y Cultura)

Charco La Barrigona, Río Mameyes. Foto/Prensa Sin Censura

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