Geopolítica
Segundo de varios artículos.
Por Felipe de J. Pérez Cruz
Para Prensa Sin Censura
La Revolución Cubana devolvió la deuda histórica con la humanidad, con los movimientos y los patriotas internacionalistas, que se unieron a nuestras centenarias luchas por la liberación nacional, la soberanía y la paz.
Desde el propio 1959, en nuestras tierras americanas reeditamos una nueva gesta bolivariana en apoyo a los movimientos guerrilleros anti oligárquicos y antimperialistas.
A pedido de gobiernos amigos, nuestras tropas de voluntarios acudieron a pelear por la independencia y la soberanía de otros pueblos. La primera misión internacionalista en composición de una unidad de combate de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fue en la Argelia de 1963, recién librada del colonialismo francés. La segunda misión se realizó en Siria en 1973, frente al expansionismo del Estado de Israel.
En octubre de 1966, en plena guerra de liberación contra los yanquis (1965-1975), visitaron Vietnam el presidente Osvaldo Dorticós Torrado y el ministro del Minfar, comandante Raúl Castro. En septiembre de 1973, Fidel visitó la zona de guerra en el sur. Fueron nuestros dirigentes a expresar la amistad y solidaridad del pueblo cubano, a aprender del heroísmo y la inteligencia vietnamita, y también a coordinar los apoyos que necesitaban.
Ingenieros y especialistas militares cubanos se incorporaron en la construcción de la Ruta Ho Chi Minh, el enjambre de túneles y vías que fue decisivo en la sorprendente movilidad de las fuerzas armadas del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur.
Nuestros internacionalistas crearon la maravilla de puentes “invisibles” a la exploración y ataque de la aviación yanqui, que garantizaron el paso de las fuerzas y medios para la gran ofensiva final contra Saigón.
Y regresamos al África subsahariana de nuestros ancestros, liderados por el Comandante Ernesto Che Guevara. Desde Kigoma (en la costa oriental del Lago Tanganica) el 24 de abril de 1965 llegó el Che en lanchas a tierras congolesas de la hoy República Democrática del Congo.
Raúl ha narrado: “Más de cincuenta acciones combativas se cuenta en la hoja de servicios de la Columna del Che quien bajo el seudónimo de Tatu, se desenvolvió en aquellos nuevos escenarios de lucha con la maestría y agudeza táctica y estratégica que hicieron de él un verdadero artífice de la guerra de guerrillas”.
La primera, reserva de la Columna del Che, fue el Batallón Patricio Lumumba de internacionalistas cubanos, situados en la hoy República del Congo, donde la ayuda militar había sido solicitada por el gobierno del país y por la dirección del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) que allí tenía su cuartel general.
En Brazzaville se concretó la idea del Che de crear una escuela de combatientes africanos.
Allí se forjaron los jefes y los primeros grupos de guerrilleros y guerrilleras que junto con asesores cubanos decidirían la lucha anticolonialista y la independencia en Guinea Bissau )1973) y Angola (1975).
En defensa de la independencia de Angola se inició la Operación Carlota. Con el país invadido por poderosas columnas del Ejército Sudafricano, un millar de combatientes del MPLA, y 60 asesores cubanos, con la dirección del Comandante Raúl Díaz-Argüelles García, frustraron el plan yanqui-sudafricano de llegar a Luanda desde el sur antes del 11 de noviembre de 1975, día previsto para la declaratoria de independencia y la asunción oficial del poder por los revolucionarios liderados por António Agostinho Neto Kilamba.
La noticia del sacrificio heroico de cubanos y angolanos frente a los invasores sudafricanos, y la solicitud del MPLA, decide el inicio de la Operación Carlota el 5 de noviembre de 1975.
Carlota, la esclava heroína martirizada un cinco de noviembre en Triunvirato, Matanzas, en 1843, evocaría las raíces y la dimensión histórica de la “Operación Carlota”.
Cuatro meses bastaron para expulsar a los invasores del norte y del sur. El 27 de marzo de 1976 la última unidad sudafricana abandonó Angola. Las fuerzas cubanas iniciaron su retirada paulatina de la RPA, para dejar la defensa del país en manos de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA), pero a solicitud del gobierno angolano, las nuevas amenazas a la independencia del país, hicieron necesaria la presencia de las tropas de voluntarios cubanos.
Angola se convertiría en un bastión de la libertad en el Cono Austral: 20 mil guerrilleros de Namibia, Zimbabwe y África del Sur se entrenaron allí, con la colaboración de las FAPLA, las FAR y las fuerzas armadas de la URSS.
En abril de 1980 los patriotas de Zimbabue lograron derrotar al régimen racista de minoría blanca, aliado de Sudáfrica y decidieron la definitiva independencia del país.
Mientras se desarrollaba la Operación Carlota, dimos respuesta positiva en julio de 1977 a la solicitud de las autoridades etíopes, cuyo territorio había sido agredido por fuerzas proimperialistas del régimen de Somalia.
En un impresionante acto de solidaridad internacional, Cuba envió 15 000 soldados voluntarios a combatir junto a las fuerzas etíopes. La Operación Internacionalista de apoyo a Etiopía recibirá el nombre de Baraguá, como digno homenaje al glorioso hecho de intransigencia revolucionaria que protagonizó el General Antonio Maceo, negado a hacer un pacto con la corona española sin independencia ni abolición de la esclavitud.
En siete semanas etíopes y cubanos liberaron el territorio ocupado de Ogaden, que alcanzó más de 320 000 kilómetros cuadrados y decenas de localidades. Los agresores fueron obligados a retirarse.
En la segunda mitad de 1987 se produjo la última gran invasión contra Angola. Sudáfrica y Estados Unidos, con el apoyo de las fuerzas contrarrevolucionarias de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), lanzaron una peligrosa ofensiva y lograron cercar a una importante agrupación de tropas de las FAPLA y de asesores soviéticos en la región de Cuito Cuanavale. Ante la gravedad de la situación militar, el presidente José Eduardo dos Santos solicitó el auxilio de las tropas cubanas.
Como en 1975, la dirección de la Revolución decidió satisfacer la ayuda solicitada. La decisión adoptada, bien meditada, firme y audaz, se planteó rescatar a las fuerzas a punto de ser exterminadas, y obligar al régimen del apartheid a retirarse de nuevo de Angola. La dirección de la Revolución Cubana se propuso propinarles a los sudafricanos una derrota tan contundente, como para lograr una paz definitiva en la frontera angolana, acelerar la independencia de Namibia, y acercar la victoria del pueblo sudafricano y del Congreso Nacional Africano (ANC) sobre el régimen racista.
Entre diciembre de 1987 y marzo de 1988 se desarrolló el cruento enfrentamiento de Cuito Cuanavale, que como batalla es considerada una de las más trascendentales en la historia militar, después de los combates de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
El triunfo en esa batalla el 23 de marzo de 1988, fue el punto de inflexión para la liberación del continente.
Con orgullo patriótico podemos volver afirmar para el siglo XX, la gloria combativa del siglo XIX. Y es que también hoy, en las academias militares más serias del mundo, se estudian con asombro las campañas militares del internacionalismo cubano en Angola -y también en Etiopía-.
Se estudia la batalla por Luanda en noviembre de 1975, la campaña en el Ogaden en 1977, y definitivamente la batalla de Cuito Cuanavale. Operaciones dirigidas directamente por el Comandante en Jefe Fidel, desde la sala de operaciones del Minfar, con la activa participación del General de Ejército Raúl Castro. Y en el teatro de operaciones, Fidel y Raúl contaron con un destacamento de brillantes generales, con el ejercicio de mando que nos legaron los mambises y sus émulos del Ejército Rebelde, donde el jefe dirige y a la vez combate como un soldado más.
Garantizamos la independencia, la soberanía, la paz y el desarrollo de Angola. Acabamos con el mito de fuerza y terror de los mercenarios blancos en el Cono Sur Africano, y derrotamos al poderoso ejército de la Sudáfrica racista -poseedor incluso del arma atómica- y a las fuerzas fantoches que les colaboraban. Los sudafricanos se vieron obligados a aceptar la Resolución 435 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada una década antes, en 1978, para un alto el fuego y la realización de elecciones supervisadas por la Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) en el África Sudoccidental controlada por Sudáfrica, lo que finalmente condujo a la independencia de Namibia.
Dimos un golpe mortal al apartheid, y aportamos a la democratización de la nueva Sudáfrica.
Más de trescientos ochenta mil cubanos y cubanas cumplieron misión militar voluntaria en África. Sumados militares y civiles – víctimas en decenas de ocasiones de actos terroristas- medio millón de compatriotas brindaron su solidaridad a los hermanos pueblos del Continente madre de la humanidad. Esta última cifra, fue la cuenta documentada y testificada, de Jorge Risquet Valdés, uno de los héroes de esa gran epopeya fidelista.
“Desde el 24 de abril de 1965 -me afirmó Risquet en una de sus preciosas charlas-, en que el Che y sus trece compañeros de la vanguardia de la Columna Uno cruzaron el Lago Tanganica y pisaron el suelo de la Patria de Lumumba, hasta el día en que concluyó la “Operación Carlota”, había transcurrido un cuarto de siglo, más un año, más un mes, más un día. En esos 26 años no hubo un solo día en que los combatientes cubanos dejaran de empuñar el fusil en África”.
En esta misión murieron no menos de 2655 cubanos.
El Autor es historiador y profesor universitario en La Habana, Cuba.

