Fe-Opinión
Nota del Editor: Primera de cuatro entregas.
Por Enrique Rivera Zambrana
Para Prensa Sin Censura
El despertar de la Mesa Abierta
Estas líneas se escriben desde el rugido de un Caribe que se niega a ser asfixiado. Este ensayo no es un ejercicio para bibliotecas empolvadas; es un manifiesto de urgencia. Nos situamos en la herencia de la Teología de la Liberación, pero no como quien guarda un fósil del pasado. Porque algunos dicen que esta teología ha muerto, pero se equivocan. Lo que realmente muere es el dogmatismo petrificado. La Teología de la Liberación sigue viva precisamente porque tiene la capacidad de no ser dogmática; es una teología saludable que respira, se renueva y se diversifica según los gritos de cada época.
Más allá de la herencia de la liberación, este ensayo se ensancha en su método con tres fuentes adicionales que mantienen nuestra fe en constante renovación:
1. Un Dios que evoluciona (Teología del Proceso): Un Dios que no es un espectador lejano, sino que camina y sufre con nosotros.
2. Un Dios que renuncia a la fuerza (Teología Débil): Que prefiere el poder transformador del amor a la imposición de la fuerza bruta.
3. Una fe que transforma la calle (Santidad Social): Siguiendo la tradición wesleyana, entendemos que no existe una fe privada que sea auténtica si no es capaz de sanar la miseria pública.
La frase, “La salvación es individual,” es una mentira que ignora las bases fundamentales del concepto de Iglesia o comunidad de fe.
La otra parte del método: Una mirada integral a las Escrituras
Para rescatar el mensaje liberador de la Biblia, no basta con la buena intención; hace falta rigor. Por eso, utilizamos los métodos histórico-críticos de la exégesis, apoyándonos en la sociología y la antropología.
No leemos los textos en el vacío, sino que analizamos sus contextos políticos para desnudar la Biblia de los ropajes imperiales que le han sido impuesto por siglos.
Sin embargo, hay que hacer una crítica amable pero firme: muchas teologías derivadas de la teología de la liberación, en este caso: “poscoloniales” o “decoloniales” actuales se han vuelto demasiado técnicas y distantes. Se quedan atrapadas en el aire acondicionado de las universidades o en los foros del Colegio de Abogados, en el caso de Puerto Rico, usando un lenguaje tan complejo que terminan imitando las mismas jerarquías académicas que dicen combatir.
Una teología que no se ensucia los pies en el barrio —allí donde el imperialismo duele de verdad— termina siendo una pieza de museo. Nuestra propuesta exige cercanía con los pueblos que hoy cargan con el peso del coloniaje.
El nuevo rostro del bloqueo: El narcotráfico
Hoy, la vieja Doctrina Monroe ha cambiado de máscara para seguir controlando al Caribe y América Latina. La nueva excusa para la agresión y la intervención militar es el narcotráfico. Se utiliza como un argumento o excusa “moral” para justificar el asedio y la presión sobre nuestras naciones. Frente a esta realidad, proponemos la Kenosis: un Dios que se vacía de poder para llenarse de pueblo (Fil. 2,6-11).
Es la fe que se hace resistencia en la vida diaria, la que no se rinde ante el bloqueo y la que trabaja por una Mesa Abierta donde la dignidad no sea un privilegio de pocos, sino el pan de todos.
Enrique Rivera Zambrana es un educador, pastor y capellán jubilado natural de Coamo, Puerto Rico. Posee estudios en filosofía, pedagogía, historia y literatura, además de una Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico. Tras años de labor docente en escuelas públicas y privadas, sirvió como pastor en la Iglesia Metodista de Puerto Rico y en la capellanía hospitalaria. Actualmente reside en Arroyo junto a su esposa, Angelina Cosme.

