La Verdad… ¿Qué es la Verdad?

JAIME TORRES TORRES

Prensa Sin Censura

El Cristo le dice a Pilato que su misión es ser testigo de la Verdad.

El poderoso político romano le pregunta: ¿qué es la Verdad?

Jesús no le respondió con palabras, sino con el testimonio de su condena a la crucifixión con toda la gama de vejámenes, abusos, atropellos e humillaciones a su dignidad.

Pilato entonces supo que la Verdad es el Amor hasta el extremo.

Oportuna por demás es la presente reflexión para comprender que Puerto Rico presume demasiado de su religiosidad cristiana, pero vive divorciado de la Verdad y sus frutos: la justicia, la paz, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana, entre otros.

Reflexiones sobre la Verdad

Para Benedicto XVI, autor de la reveladora encíclica “Caritas in veritate», la Verdad es simple y llanamente Jesús, personificación perfecta del Amor.

Para Sócrates, la Verdad “se identifica con el bien moral, esto significa que quien conozca la Verdad no podrá menos que practicar el bien”.

“La verdad práctica”, según Aristóteles, “se da en el hombre gracias a que surge dentro del alma una opinión verdadera y simultáneamente una acción recta”.

Platón, por su parte, plantea que “al conocimiento verdadero sólo se llega por medio de la razón y del entendimiento”.

Otro intelectual de nuestro tiempo, el cardenal Jorge Medina Estevez, publicó: “La Verdad es un atributo esencial del ser y la metafísica aristotélico- tomista la califica de ‘concepto trascendental’, es decir, como una cualidad que se identifica con el ser”.

El actual Papa Francisco subraya que «la Verdad es la revelación maravillosa de Dios, de su rostro de Padre, y de su amor sin límites”.

Por lo tanto, «¿Qué es la Verdad?» Según Francisco, «la Verdad encuentra su realización plena en la persona misma de Jesús, en su modo de vivir y de morir, fruto de su relación con el Padre».

Jesús dijo, según lo documenta el apóstol Juan: “Conoceréis la verdad y la Verdad los hará libres” (Juan 8, 31).

También dijo: “Soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6).

Y el propio Juan, en su primera epístola (4, 18) afirma: “En el Amor no hay temor”.

La Verdad-Amor o el Amor-Verdad es la ley de Dios inscrita en la entraña de cada persona. Sea que, por un modelaje incorrecto o una educación disfuncional, la persona promedio no sea consecuente con el Bien, en su interior reconoce y clama la Verdad.

Pero, tristemente, demasiados disque creyentes viven al margen de la Verdad que atestiguamos desde el Amor que todo lo soporta, comprende y entrega (1 Corintios 13).

En esta era posmoderna se trivializa y relativiza la Verdad. Antropológica, espiritual y sicológicamente, aunque no juzgamos, la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, el transgénero y todo lo demás contradicen el diseño primigenio de la especie humana; en sus géneros Femenino y Masculino, visibles incluso en la fauna y la flora.

Se relativiza la sexualidad: aunque seas niña, si te sientes niño, vístete como un varón. También se promueven el placer sexual libre e indiscriminado y el hedonismo como expresiones de libertad humana, cuando son prácticas que deshumanizan y erosionan el ser.

El relativismo, evidente en parte del discurso de la perspectiva de la ideología de género, es el más terrible enemigo de la Verdad. Se enfoca en el ego y sus caprichos: primero, segundo y tercero YO y mis deleites sensuales.

La Verdad yace amordazada en los templos tanto católicos como protestantes, incluso de otras religiones, filosofías y credos.

Salvo algunas excepciones, en los altares no se predica de la barbarie genocida en Palestina, la cuna del Cristo, del abuso de LUMA contra el Pueblo, de la corrupción política, las injusticias, explotación, esclavitudes, opresión y la mentira del sistema político actual.

Pocas veces escuchamos en un sermón que los privilegios de los políticos y sus familias, gracias al rol y al poder gubernamental, le pertenecen al Pueblo que los eligió para que le sirvan y no para servirse.

Si en el Amor no hay temor, ¿cuál es el miedo? Si al conocer la Verdad seremos libres, ¿por qué somos presos del qué dirán?

¿Por qué amordazo al profeta que clama en nosotros que desenmascaremos las mentiras del relativismo?

¿Por qué no acabamos de comprender qué es la Verdad?

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