El legado de Irvin García, eslabón perdido de nuestra música popular

JAIME TORRES TORRES

Era feliz junto a sus estudiantes.

De sus andanzas como maestro, siempre atesoró las compartidas con los jovencitos de la Escuela Puente Blanco en Cataño.

Las imágenes que aún se observan en su muro en Facebook así atestiguan la dicha de Irvin García, uno de los eslabones perdidos de la música popular puertorriqueña moderna y contemporánea que, a juicio de este periodista cultural, no recibió el reconocimiento merecido.

En el Haciendo Punto original cada integrante aportó su arte con autenticidad. Se puede hablar mucho de Croatto, Silverio y Jossy, también de Nano, pero de Irvin se debe reconocer su dominio de la rítmica afroantilla y afroboricua, los rudimentos de la percusión; desde el barril de bomba al pandero de plena, toda la percusión menor, incluida la de Brasil y el fundamento del tambor rumbero-africano.

No es posible concebir la obra maestra que entraña “Yahuba” para el repertorio de Haciendo Punto en Otro Son sin la ingeniosa aportación de Irvin. Esta bomba sicá, hoy en que conmemoramos a don Arturo Schomburg y su aporte en defensa y documentación de la gesta de la herencia de los afrodescendientes boricuas al mundo, es menester recordarla en el contexto de que hace casi 50 años Irvin denunció como pocos el prejuicio hacia el mulataje de nuestra música.

Yo no sé qué está pasando

Con nuestra música

Que viene en nuestra sangre

Desde que se oyó del mar

Se oye bajito allá en Loíza

Tan bonito en la alegre esclavizá

Pero acá en la ciudad

De eso no se quiere ni hablar

Óyeme y que dicen que

Eso es de negritos na’más

Imagínense que prejuicio

Músico racial.

Ay bomba lleva a tu pueblo

La conciencia en su vibrar

Bambolea con tu ritmo

La gente de la ciudad.

El deceso de Irvin me conmueve por su poca trascendencia popular, reconociendo claro está que parte de la prensa corporativa, digital e impresa, publicó la noticia de su muerte.

Pero quedó ahí. Se nos fue en la antesala de las Fiestas de la Calle San Sebastián, perdiéndose la oportunidad de documentar su gesta con más dedicación en honor de este hijo de Santurce, que nunca hizo mutis del pentagrama, la clave y la mandinga, tampoco de la poesía y las faenas didácticas que siempre orientaron su paso por la escena, alcanzando otros niveles desde que completó su Maestría en Educación Musical en la Universidad Interamericana.

La contribución de Irvin García, discípulo anónimo de Rafael Cepeda y Cortijo, trasciende el taller con Haciendo Punto, a cuyos reencuentros siempre dijo presente por ser miembro fundador. De hecho, sostuvo la mística de la agrupación en este tiempo y dudo mucho que sin él Jossy le imparta continuidad.

Su aporte al nacimiento de Atabal es sólido. La producción “Del Caribe al Brasil”, editada en formato de elepé en 1986, expone el trabajo de Irvin como percusionista e intérprete en obras como “Cristina Yambele”, “Coplas del viento”, “Comparsada”, “Me la llevo” y “Calipso del Callao”.

Cuando hablamos de Irvin, el Plenero, prefiero recordar la sabrosa denuncia de “Santa Cló no está”, que estampó en el cd “Navidad en Otro Son”.

En la Santa Biblia

En la Santa Biblia

Yo busqué y busqué

El nombre de Santa Cló

Y no lo encontré.

Y si de escribir sobre la plena se trata, Irvin también fue un cronista consumado, como lo consignó al dedicar a este género su columna ‘Oye, Cómo va’ que publicó durante muchos años en el semanario Claridad.

El 20 de enero de 2011 escribió:

“La década permitió la creación de un espacio de convivencia de distintas generaciones de pleneros en abierta conspiración hacia un segundo centenario. Los maestros mantendrán encendidos los faros como guías para la forma de cantar y tocar la plena sin que se pierda su conexión con los movimientos con que responden los cuerpos”.

Irvin, como Tite Curet y de cuando en vez Humberto Ramírez y Gilberto Santa Rosa, es de los protagonistas de la música popular que incursionaron en los medios como cronistas, aportando columnas y contenidos de enorme relevancia cultural.

Para terminar de esbozar el perfil de Irvin García, aparte de su aparición en plena explosión del movimiento de la Nueva Canción boricua que se nutre de la sabia de los cantautores y poetas latinoamericanos y españoles, hay que prestarle atención a la propuesta MusiCaribe y a un proyecto muy especial: el disco “Punto y aparte” de 1995.

Si un cantante revela mucho de su carácter, sensibilidad e ideología a través de la música que graba, la secuencia de “Punto y aparte” es un libro abierto que descubre, en su esencia, al obrero del arte musical que fue Irvin García.

“Pitirre campeador” de Corretjer, “Toca madera” de Serrat, “Besos con sal” de Sabina, “Desde aquel día” de Carlos Varela y “Seis borincano” de su amigo Ramón Muñiz (qepd) son canciones selectas de un repertorio poético que trasciende el tiempo porque fue concebido con el Amor y la Libertad como musas urgentes.

Así recordaremos, al menos en Prensa sin censura, a Irvin García: el eslabón perdido de la música popular puertorriqueña hallado en estas líneas.

¡Descanse en paz!

Irvin, con sus estudiantes de la Escuela Puente Blanco en Cataño. Foto/Facebook

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