Crónica de un Puerto Rico sin puertorriqueños

Jaime Torres Torres

El atrevido personaje de la agencia KOI, Edwin Miranda se jactaba en 2017 en el vergonzoso chat de Telegram de un Puerto Rico sin puertorriqueños.

Cinco años después es casi una realidad personificada por neocolonialistas como el magnate de la moneda virtual Brock Pierce, que es literalmente dueño de la Calle del Cristo en el Viejo San Juan, del Hotel La W en Vieques, de estratégicos inmuebles en Puerta de Tierra y de una villa millonaria en Dorado Beach, entre otras propiedades.

El candidato senatorial por Vermont se codea con políticos como el gobernador Pedro Pierluisi y el alcalde de San Juan Miguel Romero y aunque le falta materia gris en el cerebro de sus bolsillos se escurren los millones.

Representa al poder financiero extranjero bendecido y privilegiado con las leyes 20-22 y hoy 60 que devoran a Puerto Rico y se apoderan del patrimonio de los puertorriqueños sobrepagando incluso en efectivo las propiedades que a duras penas pueden retener amén del alto costo de la vida.

Los boricuas no pueden ya con la carga de las facturas exhorbitantes de energía eléctrica y agua potable ni con los elevados precios del combustible, los alimentos y medicamentos.

Es el diseño perfecto: los jóvenes graduados de Universidad emigran a Estados Unidos porque no consiguen trabajo mientras la población que envejece empobrece y la niñez se ampara en la pobreza.

La corrupción gubernamental empeora el problema y con el yugo de la Junta Federal de Supervisión Fiscal se vende el patrimonio de playas y bosques acentuándose el proceso de desplazamiento o gentrificación que cada día más condena a los puertorriqueños a ser extranjeros en su propia tierra.

Clase media trabajadora sentenciada a la precariedad y destinada, si no lía sus bártulos y se diluye en los 50 estados del Norte, a sobrevivir como pueda en un getto urbano de carencias y enfermedades.

Ya no se ven a los boricuas disfrutar de sus playas. Ahora a penas las comparten con los nuevos inquilinos procedentes del Norte y a muchas no logran acceso por su exclusividad para los ricos.

Puerto Rico, el paraíso fiscal de los millonarios del bitcoin, es infierno para los trabajadores cuyo salario no alcanza para pagar las facturas de LUMA y para los ancianos que mañana decidirán si usan su poco dinero para comprar arroz, habichuelas, leche y pan o para comprar la pastillita para controlar la presión arterial o la glucosa en sangre.

Sobrevivir es el lema de no pocos, aunque la salud mental se deteriore y exacerbe en miedo, ansiedad, depresión, neurosis y otras patologías.

Brock Pierce junto a Miguel Romero, Caridad y su hermano, el Gobernador Pedro Pierluisi. (Foto/GFR) (Facebook)

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