‘Pandemia de conversión’: mensaje cuaresmal del hoy ex Obispo de Arecibo

Publicado por la Diócesis de Arecibo

“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio”. Mc 1, 15

¿Qué tal si para esta Cuaresma 2022 nos proponemos “contagiar” a otros, pero de un sincero arrepentimiento de nuestros pecados?

Todos somos portadores del “virus” del pecado pero tenemos la certeza absoluta de una “vacuna” segura y eficaz que es el amor de Dios que cuando es “inoculado” en nuestra alma produce una reacción de gracia que fortalece nuestra “inmunidad” espiritual ante el pecado y nos da la salud del alma.

Provoquemos una “pandemia de conversión” en la que en vez de quedarnos encerrados en nuestro egoísmo, salgamos a anunciar con nuevo fervor a Aquel que “me amó y se entregó por mí”: Cristo que nos redimió con su Muerte y Resurrección. El Único Salvador del mundo.

Provoquemos una “pandemia de conversión” que nos lleve a nuestros templos, “hospitales” de misericordia”, y con sincera contrición vayamos a “lavar” nuestros pecados hasta hacer “colapsar” nuestros confesionarios, “habitaciones” de la reconciliación.

Provoquemos una “pandemia de conversión” en la que nos auto impongamos no entrar a lugares conglomerados de situaciones pecaminosas que puedan manchar nuestra alma.

Provoquemos una “pandemia de conversión” en la que nos quitemos las máscaras con las que tantas veces pretendemos ocultar la verdadera realidad de nuestras vidas.

Provoquemos una “pandemia de amor” en la que en vez de “distanciarnos” del pobre, del indigente, del que sufre, nos acerquemos a ellos como “buenos samaritanos”.

Provoquemos una “pandemia de conversión” en la que “higienicemos” nuestra alma con los “sanitizadores” de la oración, la limosna y el ayuno.

Provoquemos una “pandemia de conversión” en la que llevemos el “ID” de la Cruz de nuestro Señor colgada en nuestro cuello, en la que nos gloriamos.

Después de todo, recordemos lo que nos enseña el Señor: “no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna” (Mt 10,28).

Estamos seguros que después de una pandemia así viviremos una auténtica novedad: la del hombre nuevo, renovado en Cristo. “Mira que hago nuevas todas las cosas” (Apoc 21, 5).

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