La fantasía de la descolonización de Puerto Rico

Ramón Nenadich Deglan’s

Para Prensa sin censura-Opinión

La escritora Natalia Renta ha publicado un artículo en la revista digital Jacobinmag.com, reproducido en Prensa sin censura, en el que hace un análisis incorrecto de nuestra realidad colonial y del proyecto de ley sometido por las representantes por Nueva York Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez, y el senador por Nueva Jersey Roberto Menéndez.

En el primer párrafo de su artículo Renta dice lo siguiente:

“Durante más de 120 años, Estados Unidos ha colonizado a Puerto Rico. Pero un nuevo proyecto de ley copatrocinado por Alexandria Ocasio-Cortez finalmente les daría a los puertorriqueños la oportunidad de decidir su relación política con Estados Unidos y reconocer su derecho a la autodeterminación.”

Lo que no explica la escritora Renta es cómo se dio el proceso de colonización de Puerto Rico por los Estados Unidos ni la forma en que nuestro pueblo ha sido tratado por el gobierno racista de ese país. Desde este punto de vista es necesario recalcar que la invasión militar del Ejército estadounidense a nuestra tierra fue un acto ilegal y violatorio de nuestros derechos humanos fundamentales, algo que continúa ocurriendo al día de hoy.

No dice la escritora que, además, el Tratado de París de 1898, firmado por la Corona española mediante amenaza de continuar la guerra y quitarle las islas Canarias, entre otros territorios, redujo a los habitantes de Puerto Rico a una condición de esclavitud que dura hasta el presente.

El Artículo IX de ese tratado dice lo siguiente: “Los derechos civiles y la condición política de los habitantes naturales de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos se determinarán por el Congreso.”

En el caso de Dred Scott v. Sandford 60 US 393(1857), el Tribunal Supremo de los Estados Unidos tomó una determinación similar a la establecida en el artículo citado del referido tratado. En ese caso se decidió por ese tribunal que sólo el Congreso de ese país tenía el poder para establecer si los esclavos tenían derechos o no. El costo de esa decisión fue la Guerra Civil en la que murieron varios centenares de miles de estadounidenses y más de un millón de heridos.

Tampoco señala Renta que la sujeción de Puerto Rico a un régimen colonial por parte de Estados Unidos se basó en una política racista y discriminatoria por parte del Congreso de ese país, que dura hasta el día de hoy. Fue por este motivo que se creó la figura no contemplada por la Constitución estadounidense del “Territorio no Incorporado”, que se le aplicó a Puerto Rico en los llamados “Casos Insulares”.

De modo que cuando la señorita Renta dice que: “finalmente les daría a los puertorriqueños la oportunidad de decidir su relación política con Estados Unidos y reconocer su derecho a la autodeterminación”, no sabe de lo que está hablando.

Durante los más de 123 años que ha durado la dominación colonial ilegal de ese país sobre nuestra patria, el Congreso nunca ha promovido un proceso limpio y justo de libre-determinación para Puerto Rico.

¿Por qué debemos pensar que ahora lo hará? Porque la señorita Renta lo dice. Esta afirmación de esta escritora es además de irreal, irrespetuosa con nuestro pueblo. No se puede hacer ese tipo de afirmación desconociendo la historia de pillaje, ultraje, represión y terror a los que el gobierno yanqui ha sometido a la población boricua durante todos esos años, para ahora -así mágicamente- venir a decir que finalmente ese gobierno imperialista y violador de los derechos humanos y políticos de la Nación Boricua, por más de un siglo, va a respetar nuestro derecho a la libre-determinación.

Luego, en el segundo párrafo la escritora vuelve a cometer un segundo error, al decir que: “Si se aprueba, la legislación crearía un proceso para que los puertorriqueños finalmente determinen la naturaleza de su relación con Estados Unidos, que durante más de 120 años ha colonizado la isla.”

Esto es una afirmación totalmente falsa y que sólo conduce a engaño a la población boricua. Veamos por qué. Porque el colonialismo no es un fenómeno jurídico-político que pueda resolverse con un plebiscito, un referendo o una asamblea de estatus. El colonialismo es un sistema cuyo fundamento inicial es el dominio de la economía del país en cuestión y ese control sólo se logra a través de una invasión armada y una ocupación militar beligerante.

Esto fue lo que le ocurrió a nuestro país en el 1898 y todavía perdura hasta al presente. Por lo que decir que ese proyecto nos va a dar a nosotros “finalmente la oportunidad de decidir” nuestra relación con un imperio que controla y domina el 85% de nuestra economía, es pensar en pajaritos preñados.

Ninguna ley proveniente del Congreso de los Estados Unidos pondrá fin a más de 123 años del terrorismo de Estado que nuestra gente ha sufrido a manos del gobierno genocida de ese país. Además, el colonialismo es un régimen que genera problemas psico-emocionales en los pueblos que lo padecen y esos males no se resuelven ni con una ley celestial.

Puerto Rico es víctima de un sistema de explotación colonial que seguirá existiendo mientras nuestra economía principal esté en manos de las compañías transnacionales gringas. Y esta realidad no la resuelve una ley del Congreso. Por eso fue por lo que nos invadieron, para quedarse con nuestros recursos económicos y luego, imponernos sus leyes totalitarias, sus gobiernos represivos y criminales, su sistema educativo pro estadounidense, la obligatoriedad del servicio militar so pena de ir preso si alguien se negaba, la creación de una policía colonial formada por puertorriqueños bajo el mando del Buró Federal de Investigaciones (FBI), hecha para reprimir cualquier anhelo de libertad de quienes hemos aspirado a ella.

Lo que nuestro pueblo necesita no es ninguna ley del Congreso que nos diga qué hacer para resolver el problema colonial que el gobierno de los Estados Unidos ha creado aquí. Lo que necesitamos es que todas las agencias de ese país abandonen nuestro territorio lo antes posible y nos dejen a nosotros resolver nuestros problemas. Debemos decirle NO a cualquier intervención indebida de los Estados Unidos en nuestra soberanía nacional boricua.

Eso es lo que exige la Organización de las Naciones Unidas mediante la Resolución 1514(XV) de 1960. Esa ley no es otra cosa que otra trampa más para mantener a nuestro pueblo atado al régimen colonial por otro siglo más. Todo lo demás es pura fantasía.

Fantasía es pensar, como dice la citada ley, que existe la posibilidad de llevar a cabo una convención de estatus bajo el control total de nuestra vida por el gobierno estadounidense. No existe la más mínima posibilidad de que los puertorriqueños puedan “determinar su propio futuro” cuando todos los espacios de actividad jurídica, política y económica están controlados por ese andamiaje extranjero.

Ahora, hay que preguntarse: ¿Cómo es posible que pueda existir un verdadero proceso de libre-determinación bajo esas circunstancias? Sencillamente, no es posible. Por otro lado, la ley incluye a la estadidad como una opción descolonizadora. Nada más lejos de la verdad. La llamada estadidad, que no es otra cosa que la destrucción de nuestra cultura e identidad latinoamericana y caribeña, significaría la culminación del coloniaje. Y como si eso fuera poco, los asimilistas del patio no apoyan esa ley porque para ellos sería un paso en retroceso, ya que -según su parecer- ya han ganado varios plebiscitos y lo que le corresponde al Congreso es reconocer “la voluntad del pueblo expresada libremente en las urnas”. Desde luego, en una colonia no existe tal cosa como expresión libre en las urnas porque el sistema está diseñado por el imperio para perpetuarse en el poder.

Dice la ingenua escritora que: “Finalmente, el Congreso ratificaría la opción de estatus seleccionada, dependiendo completamente de la elección de los votantes puertorriqueños, y los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico comenzarían a implementar el nuevo arreglo.”

A estas alturas, lo que hay que analizar es si es posible que luego de más de 123 años de vivir bajo un régimen colonial represivo, que ha conducido a la mayoría de la población a creer que si los americanos se van de aquí nos morimos de hambre, a creer que después de Dios están los americanos, a pensar que sin ellos no es posible manejar nuestros propios asuntos porque nos han hecho creer que somos unos incapaces, sería posible que la mayoría del pueblo vote por la independencia. Claro que no. Esa ley está diseñada engañosamente para lograr que gane una sola opción: la llamada libre asociación soberana, que no es otra cosa que la neo-colonia en la que todo se mantendrá más o menos igual y los americanos se habrán zafado del carimbo colonial que tienen ahora mismo a nivel internacional.

Por eso, cuando la autora de este artículo dice que: “La Ley de Autodeterminación de Puerto Rico proporcionaría un proceso claro y transparente que pondría todas las opciones sobre la mesa y garantizaría a los residentes un voto justo”, sólo está jugando el juego del imperio, encarnado en esta ocasión, por quienes son los auspiciadores de este nefasto proyecto.

Finalmente, Natalia Renta señala lo siguiente: “Con un público puertorriqueño organizado y comprometido, un requisito para la aprobación del proyecto de ley y el éxito del proceso que describe, ha llegado el momento de acabar con el colonialismo estadounidense en Puerto Rico de una vez por todas.”

Esto no es nada más que una frase hueca carente de realidad. No existe en este momento tal cosa como “un público puertorriqueño organizado y comprometido”. Organizado y comprometido, ¿con qué? El Partido Popular Democrático es el mayor defensor del colonialismo en este país y su cúpula conservadora no avala nada que se parezca a la libre asociación. El Partido Nuevo Progresista, asimilista, de tendencia ultraconservadora y terrorista, no apoya ese proyecto. El Movimiento Victoria Ciudadana plantea que no es una colectividad que apoye ningún estatus. El Partido Independentista Puertorriqueño ha decidido apoyar ese proyecto para no quedarse fuera del barco, sin darse cuenta que está remando en contra de sus propios intereses.

El resto del pueblo, como lo demostró en las pasadas elecciones y el plebiscito, no tiene interés en procesos espúreos que nunca han conducido a nada positivo. Así que no hay tal cosa como que “ha llegado el momento de acabar con el colonialismo estadounidense de una vez y por todas”.

Solamente existe una forma de acabar con el colonialismo de una vez y por todas, y ésta es promoviendo un movimiento de resistencia civil pacífica de amplios sectores del pueblo por nuestra libertad y la salida del imperialismo yanqui de nuestra tierra. Todo lo demás es pura fantasía.

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