La perspectiva de género y nuestra común hipocresía

Periodista Jaime Torres Torres NC PNL

Prensa sin censura-Editorial

Solo se puede hallar una explicación para entender cómo alrededor de 150 mil boricuas en días recientes marcharon hacia el Capitolio y la Fortaleza en contra de la perspectiva de la ideología de género: el fundamentalismo y la manipulación de sus líderes religiosos.

Esa misma gente [espero que me demuestren lo contrario] que lucha por la familia tradicional y que se opone a las relaciones homosexuales y lésbicas, y que literalmente [por su comportamiento] odia a los miembros de la comunidad LBGTTQ, NO se inmuta NI se da por aludida e interpelada cuando ante sus narices desmantelan al País, cuando el sistema no le garantiza empleo decente a sus hijos egresados de la Universidad, cuando les aumentan las facturas de luz y agua, cuando les privatizan las playas…

Para esas ‘hermanas y hermanos’ no hay otra causa de lucha legítima en el País. Son el signo de los tiempos más elocuente de la polarización de Puerto Rico: son el resultado del germen de la fragmentación que acarreó la incursión norteamericana en 1898, cuando las denominaciones protestantes Discípulos de Cristo, Presbiteriana, Metodista e Iglesia Evangélica Unida se dividieron la Isla en cuatro partes, respectivamente.

Es la gente que posiblemente diezma por miedo y garantiza el confort de Wanda Rolón y Otoniel Font. También los hay católicos ciegos, mudos y sordos que olvidan cuando el Papa Francisco dijo “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?” y que no cuestionan las posturas fundamentalistas de obispos como el de la Diócesis de Arecibo, la de mayor incidencia en la historia en casos de abusos sexuales de curas hacia niños y adolescentes. La misma diócesis cuyo obispo [Daniel Fernández Torres] fue un estrecho colaborador del delegado apostólico Josef Wesolowski, involucrado en un escándalo de pederastia y pornografía en la República Dominicana y que misteriosamente murió en el Vaticano mientras esperaba por el juicio del tribunal pontificio de la Santa Sede.

Fundamentalismo evidente en los eufemismos y las posturas anacrónicas de César Vázquez, René Pereira Jr. y otros. Fundamentalismo fanático palpable en la censura del Movimiento Defensores de la Fe de Puerto Rico a la teóloga Agustina Luvis Núñez por favorecer la educación en perspectiva de género y por supuesto evidente por demás en la retroalimentación retrógrada de la senadora católica Joane Rodríguez Veve al personaje ‘Magda’ del comediante Freddo Vega.

Perspectiva de género sin ideología [esto último lo suman los fundamentalistas] es fácil de comprender: equidad entre la mujer y el hombre; educación en contra del machismo y el patriarcado y una reflexión sincera sobre la identidad sexual propia y de cada quien, que podamos respetar para vivir en armonía.

Pienso que, espiritual y antropológicamente, el ser humano es mujer u hombre. Lo demás son aprendizajes, modelos, convencionalismos, opciones y construcciones o deconstrucciones socioculturales promovidas y financiadas por lobbies laicistas y otros dueños del juego, como las mega corporaciones multimillonarias Apple, Amazon, Google, Facebook y más.

Conozco de homosexuales que un día reconocieron que en el fondo no eran felices y se encontraron al optar por la heterosexualidad. Conozco otros que viven felices y con estabilidad familiar y conozco no pocos que periódicamente cambian de pareja. También conozco los que están con ellas y con ellos. Y las o los que en la relación homosexual o lésbica asumen roles masculinos y femeninos.

Antes de agarrar peñones para lanzarlos a las lesbianas, los gays, bisexuales y trans pensemos primeros en los curas que conviven entre sí y en los pastores con queridas.

Antes de señalar la paja en el ojo ajeno, tengamos la honestidad de ver el tronco en el nuestro.

Antes de repetir como loros el texto de Pablo a los romanos en alusión a “las torpezas de varones con varones”, tengamos la madurez de reconocer nuestra común hipocresía.

Lo menos que necesita Puerto Rico es la lucha chiquita de los que favorecen o no la perspectiva de la ideología de género. Hay una causa mayúscula: la de un País en gentrificación condenado a su desarticulación. Bendito, es tan elemental como entender que heterosexual u homosexual, lesbiana o gay, con querida o querido, bisexual, trans o queer, soltero, casado o divorciado te condenan a ser extranjero en tu propia tierra.

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