La hipocresía de las Iglesias

Editorial

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

En el Domingo de Resurrección 2021 los hechos delatan a las iglesias como instituciones hipócritas que priorizan sus agendas e intereses sobre las necesidades del pueblo.

El Antiguo Testamento, en particular los textos del profeta Isaías, los Evangelios sinópticos y las epístolas de los apóstoles Juan, Santiago, Pablo y Pedro desenmascaran su hipocresía común y las confrontan con las denuncias mesiánicas de los “sepulcros blanqueados” y los fariseos que colocaban sobre los hombros del pueblo pesadas cargas que no estaban dispuestos a cargar.

Isaías, en el capítulo 58 de su libro, revela sobre el ayuno que agrada al Señor: “romper las cadenas de la injusticia; desatar los nudos de los yugos, dejar libres a los oprimidos, acabar con todo tipo de tiranía; compartir el pan con el hambriento; recibir en tu casa al pobre sin techo y vestir al que no tiene ropa”.

Exégesis bíblica de alcance social, que el propio Jesús reitera en Mateo 25 cuando habla de dar de comer al hambriento, de beber al sediento y visitar al que está preso.

En su carta Santiago señala que la fe sin obras está muerta y el mismo Cristo, en sus bienaventuranzas, opta por la justicia a los pobres.

Esos textos bíblicos, entre otros, son la base de la Doctrina Social de la Iglesia que desde sus inicios con el Papa León XIII lamentablemente hoy es letra muerta, como tantos documentos pontificios, encíclicas, exhortaciones apostólicas y cartas pastorales.

La Doctrina Social de la Iglesia, a su vez texto guía de la incomprendida Teología de la Liberación, ilumina desde el Evangelio instancias temporales intrínsecas al respeto a la dignidad de la persona.

Se sorprenderá al descubrir que habla de economía, capitalismo y cooperativismo, de medio ambiente y ecología, de cultura y medios de comunicación, de salud, educación y empleo y de la familia de manera integral, entre otros temas.

La Doctrina Social de la Iglesia; los textos del Concilio Vaticano II y los documentos del CELAM suscritos en Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida esbozan las líneas pastorales para adelantar la justicia del Reino de Amor de Jesús Resucitado, pero son letra muerta porque los obispos no las promueven y los curas la ignoran en sus sermones.

Este editorial enfoca particularmente en la dejadez de la Iglesia Católica o universal, la que estableció Jesús con Pedro como cabeza o primer pontífice.

Las protestantes tras Martín Lutero han transitado más por el sendero del fundamentalismo y la proyección de Dios como un ente supremo temible que condena con un pasaje de ida al infierno, que no es real como el propio Papa Juan Pablo II lo explicó, a los desobedientes, que en especial rehusan pagar el diezmo a los pastores.

En la Pascua de Resurrección 2021 las iglesias callan y el silencio las hace cómplices de la opresión de estado. Pudieran pronunciarse proféticamente sobre las leyes que empobrecen a nuestra gente; sobre la corrupción gubernamental; sobre la privatización del patrimonio; el robo a la familia en las facturas de agua y luz, sobre los daños al medioambiente; sobre los contenidos embrutecedores que divulgan los medios de comunicación; sobre las comunidades sitiadas por el narcotráfico y sobre la mezquindad del capital en medio de la pandemia.

A esta hora se distraen con la discusión de las terapias de conversión, pero poco le importa la proclamación de justicia social para el joven egresado de la universidad al que no se le garantiza empleo o al obrero explotado con un salario mínimo federal de $7.25.

Inmersas en liturgias retrógradas y doctrinas anacrónicas sólo mantienen atrapados a no pocos fieles incautos que las patrocinan con su presencia en los templos, pero más por miedo que por la convicción del Amor.

2 comentarios en “La hipocresía de las Iglesias

  1. Jaime, con qué valentía y sagacidad, te expresas. Te felicito.
    Libertad mediática total…
    Es tiempo de vivificar las enseñanzas que nos da Dios a través de su hijo, Jesús. Amarlo a Él, a nuestros hermanos,servir, adecentar lo expuesto en los medios de comunicación, que tanto poder tienen, igual que la esfera gubernamental y privada, en todas sus facetas.
    Vivir el Evangelio a plenitud y ser Cristos vivientes en la calle. Que se note, por nuestras ejecutorias. Jesús vive y debemos honrarle en espíritu y verdad. La Biblia no es un texto muerto, es nuestro manual, para seguir y servir a nuestro Padre Celestial. Que sea para Él la gloria eterna, Amén. Bravo…

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