Preocuparte u ocuparte: los estresores de la pandemia

Milagros S. Rivera Watterson 

Trabajadora Social 

Para Prensa sin censura

En nuestro país llevamos ya más de un año siendo afectados por los estragos físico-emocionales del Covid-19. Los mismos han representado un gran golpe porque hemos estado durante unos cuantos años enfrentándonos primero al huracán María, luego a los terremotos y a la secuela de desgracias que estos ocasionaron y siguen causando en nuestras vidas. A todo esto se ha unido desde el año pasado la pandemia del COVID-19, lo cual no solo ha causado la pérdida de más de 2,000 personas, sino que ha añadido múltiples elementos estresores, como lo son el toque de queda, el cierre de los negocios, la pérdida de empleos, el cese de la actividad escolar y la reciente reanudación parcial de la misma con las preocupaciones que para muchos esto ha representado. Así, las medidas seguidas para tratar de evitar la proliferación del virus han causado serias limitaciones en nuestras salidas, aislamiento social al no poder acercarnos a familiares y amigos, el no poder abrazarnos y el no poder disfrutar de actividades que nos entretengan o que propicien el contacto con los demás. A esta situación se ha unido la escasez inicial y lentitud en la disponibilidad de las vacunas, la imposibilidad de conseguir un turno para que sus padres se pusieran  la vacuna o para usted mismo, el trabajo en remoto desde el hogar, la solicitud de asistencia económica por desempleo que nunca llegaba, constituyen algunos ejemplos de lo que hemos estado enfrentando. 

Ante las situaciones descritas y, muchas otras muy difíciles, a menudo nuestra reacción ha sido el preocuparnos, pero cabe preguntarnos si eso resuelve el problema que nos preocupa. Las preocupaciones crean tensiones que se reflejan en lo que llamamos estrés. El estrés puede manifestarse con síntomas más o menos observables, tanto de carácter físico como emocionales. Así, cuando estamos bajo estrés podemos sentir desde dolores de cabeza, presión arterial alta, ansiedad, impaciencia, espasmos musculares, problemas estomacales, entre muchos otros. Ahora bien, tenemos que preguntarnos si sentirnos así resolverá el problema que nos preocupa. No lo hace, por eso mi tesis es que no hay que preocuparse sino ocuparse.

Preocuparse se define como “sentir desasosiego, inquietud o temor por algo que puede ser perjudicial o negativo y en lo que se piensa con insistencia” ( Diccionario VOX). Si así lo entendemos , cuando te preocupas te sientes inquieto por algo que aún no ha acontecido, qué piensas puede pasar, pero no ha pasado. Si esto es así, piensa que no resolvemos nada con preocuparnos, sino que lo que hay que hacer es ocuparnos. La preocupación sin acción nos lleva al estrés . El estrés puede ser manejado si aceptamos que está presente, si reconocemos sus síntomas y tomamos acción. A esa toma de acción es lo que llamo ocuparnos.

Ya anteriormente hemos mencionado algunas de las manifestaciones físicas y sicológicas del estrés, por lo tanto para iniciar nuestro combate en contra del estrés lo primero que tenemos que hacer es reconocer los síntomas, evitar que crezcan y se salgan de nuestro control.

Para lograrlo recomendamos:

-Aprender a manejar las situaciones desde cierta distancia emocional,  ya que a menudo en nuestras acciones impera lo que llamamos el yoismo. Tu vida no puede girar únicamente alrededor de ti y tu problema, por lo que debes tratar de visualizar el mismo desde afuera, desde otra perspectiva, como si le estuviese pasando a otra persona.

-Aprende a decir no. Esto quiere decir que no te involucres y asumas responsabilidades de más solo porque no te atreves a decir que no puedes hacer algo que te solicitan. No eres un súper héroe de ficción sino un ser real con limitaciones humanas de tiempo y espacio.

-Haz un buen uso de tu tiempo organizando y planificando tu día . Hoy, por los efectos de la pandemia, el establecer y seguir rutinas es más necesario que nunca.

-Aprende a relajarte. Para lograrlo puedes hacer ejercicios de respiración y aprender técnicas de meditación que hechas en forma diaria pueden ayudarte a vivir en forma más  relajada.

-No dejes que las situaciones diarias te saquen de quicio, respira profundo y date tiempo hasta que te sientas calmado.

-Mantente informado acerca de lo que está aconteciendo con el COVID-19, pero no hagas caso a rumores .

-Aumenta tu contacto con la naturaleza.

-Cultiva un pasatiempo.

-Mantén relaciones significativas y aprende a utilizar adecuadamente los medios alternos de comunicación para fortalecerlas.

La pandemia no ha finalizado y el hecho de que más personas se estén poniendo las vacunas puede llevarnos a comportarnos con una falsa seguridad. Se nos ha advertido que aún cuando nos vacunemos tenemos que continuar las medidas de seguridad como el uso de las mascarillas, el distanciamiento social y todas las demás que seguimos actualmente. Así te protegerás a ti mismo y a los demás. De esta forma seremos pro activos y estaremos no preocupados sino ocupados. Te invitamos a hacerlo.

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