Sobreviviente de la terapia de conversión para cambiar su homosexualidad

Nota del Editor: La exégesis bíblica del tema de los eunucos lo ayudó mucho. Tiene 31 años. Es el segundo de cuatro hermanos. Fue sometido a terapias de conversión para neutralizar su homosexualidad. En el camino hubo traumas y depresión, que casi detonan en el suicidio. Hoy es un profesional del Trabajo Social que, mediante las terapias afirmativas, pudo armonizar sus sentimientos, reconociendo que puede vivir a plenitud como gay sin el yugo fundamentalista de las iglesias.

 

Alejandro Santiago

Noticias/Prensa sin censura

En Puerto Rico existen las terapias de conversión. Un maltrato que se lleva a cabo desde el silencio de lo que implica ir a una intervención en un proceso en el que uno no va a encontrar específicamente lo que está buscando.

En mi caso, estuve desde el 2008 al 2013 precisamente cuando estaba comenzando la universidad. Sentía cierta incongruencia dado a que me estaba uniendo al servicio religioso en ese momento. Son dos mundos distintos que comienzan a chocar. 

El proceso de terapia de conversión y terapia reparativa, indistintamente del escenario que sea muchas personas, se pensaría que se da de manera voluntaria.
Bueno. Diríamos que sí. Si yo estoy en la iglesia y me están diciendo que ser homosexual es pecado y que para alcanzar la salvación tengo que someterme a los procesos que Dios tiene conmigo y se cumpla su propósito pues ya ahí no hay tal voluntariado.

Ya hay otras presiones que te llevan a someterte a estos procesos si entiendes que quieres llevar una vida de consagración con Dios dentro del contexto religioso. 

En los escenarios profesionales con terapeutas, consejeros o profesionales de la conducta, las presiones son la imposición social, incluso la mirada que la sociedad tiene sobre la homosexualidad.

El proceso pudiese parecer ser voluntario, pero no lo es porque siempre el argumento que utilizan las personas que favorecen esto es: “Ah, pero sí usted es adulto, ¿por qué dejo de ir?”

Es un ciclo en el que de repente no se sabe cómo salir, como le sucede a las víctimas de abuso sexual. En mi caso, la mayor parte de la experiencia se sometió entre iglesias diferentes. En algunas estaban dispuestas a pagar el capital necesario en espacios en que se trabaja la sexualidad de los creyentes.

Esto ocurre a las percepciones de líderes religiosos de lo que entienden que es la homosexualidad. Un menor no sabe lo que es homosexualidad. No se le puede acercar un pastor, un diácono o cualquier otra persona de acuerdo a la fe que estén practicando y hacerle un acercamiento a los padres: “Mire, yo creo que su hijo es zarandeado por el demonio de la homosexualidad o su hijo no se comporta como debe ser”.

Ese simple comentario del líder religioso es suficiente para que los padres sientan la presión social de decir: “yo no quiero que mi hijo sea gay”.

Posiblemente el papá, y no justifico que los padres sometan a sus hijos a eso, lo qué hace es agradar lo que las iglesias le solicitan o evitar que su hijo pase por los procesos que implica ser LBGTT en una sociedad que odia a los homosexuales.

Las terapias de conversión se aplican, según el interés de las iglesias y de quienes las lideran. Dicen que existen terapias de conversión para la homosexualidad y sin embargo condenan a los que somos diferentes, como lo hacen legisladoras como María Milagros Charboniel y Nayda Venegas Brown.

En mi caso, las recomendaciones se centraban en hacer ayunos y largas horas de oración. Ayunos intermitentes o de larga duración; de seis, siete y catorce horas. Es un tiempo que se recomienda en las congregaciones religiosas. Comenzaba a las 5 o 6 de la mañana y concluía a la medianoche. Podías estar aislado en espacios donde pudieses alcanzar mayor concentración y podían convocar a la iglesia en una rueda o en un ayuno particular poniendo como intención la salvación o liberación de ésta persona en particular, en este caso yo. Recibí sico-educación, pero muy mal practicada desde un altar.

Uno de los eventos más traumatizantes en mi vida ocurrió cuando comencé a visitar la iglesia y al mes el pastor, en una plaza pública de un residencial público en el área metropolitana, que se llamaba ser creyente y predicador del evangelio de Jesucristo, me nombra, me llama y me señala y me dice que el demonio de la homosexualidad está sobre mí y comienza un proceso de sacar demonios, de exorcismo, cosa que nunca ocurrió. Lo que sentía era más vergüenza que otra cosa. Y todo eso se convirtió en un espectáculo. Eso ocurre tanto en público como afuera.

También recuerdo cuando en una de las iglesias a las que asistía, en 2013, el pastor se sentó conmigo y me dijo: “Mira, Alejandro, hay que trabajar tu sexualidad”. Fue un tema que nunca trabajé con él. Nunca le dije que tal o cual cosa me molestara. Fue simplemente su percepción, desde su masculinidad tóxica, impuesta por la construcción social. Estaban  dispuestos a invertir dinero en una escuela, El Sembrador en Las Lomas, que existe en Puerto Rico para trabajar las identidades sexuales de las personas y dirigidas por profesionales de la conducta que se basan en la sicología cristiana, concepto que existe pero que necesariamente no está aprobado por las organizaciones que trabajan y hacen recomendaciones sobre la salud mental.

En 2019 colaboramos uniendo esfuerzos para eliminar las terapias, pero sabemos que por movidas políticas, en aquel momento entre Ricardo Rosselló y María Milagros Charboniel, no se pudo dar porque pedían libertad religiosa versus terapias de conversión. Como no se pude llegar a un balance, se vetaron los proyectos. Contacté a personas con ministerios dedicados a esto. El problema es la que la Ley 184 puede prohibir las terapias, pero lo que tenemos que preguntar es si tipificarlas como maltrato implica que el Departamento de la Familia tenga los recursos necesarios para poderle dar protección a la vida de esta persona.

Igualmente nos tendríamos que preguntar, porque ya existen los cánones éticos que validan este tipo de práctica, si se invalida la dignidad de la persona. ¿Cómo le metemos mano al asunto, cuando es desde la iglesia, que tiene una base que defiende y asegura su libertad religiosa, como un derecho constitucional? Ahí es que está el verdadero problema. Mientras los padres digan que van de manera voluntaria y someten a sus hijos a la terapia de reparación será un problema que va a seguir existiendo.

Pienso que los profesionales y servidores públicos necesitan educación sobre el tema para que cuando conozcan de estos casos no callen. Porque sí ocurren dentro de las iglesias y la gente no habla; o el menor o la persona que es sometida, esta persona va a llegar a los 18 años, si es que llega porque muchas se quitan la vida porque no todas desafortunadamente salen de este proceso. Es un tema alarmante, complejo y que se debe mirar desde muchas vertientes, buscando solución para ello.

Cuando uno siente placer o satisfacción de servir al Ser Supremo, lo defina cada cual como lo quiera definir, eso nunca desaparece porque uno alcanza conexión a lo que es el temor de Dios. En mi caso, practico mi espiritualidad de otra manera, no precisamente en una iglesia y bajo el liderato de otra persona porque todavía necesito confiar o buscar personas que me den la oportunidad de continuar ese propósito de vida o el plan que tiene Dios en mi vida.

El temor de Dios no interviene con mi relación como persona LBGTT. Estuve seis años en este proceso y con toda honestidad digo: nunca experimenté el más mínimo cambio. Era una persona que hablaba lenguas, que diezmaba y enviaba mensajes por parte del Espíritu Santo. Era una persona que estaba muy concentrada en primeramente agradar a Dios y en hacer su servicio más allá de agradar a la humanidad. Mi formación dentro de la iglesia era pastoral. Yo era la mano derecha del pastor.

Llega un momento en que uno siente que está mal, aunque nunca consideré que fuera un pecado. Leía sobre el tema para saber si, en efecto, era un demonio o no lo era. El discurso es que lo es, lo es, lo es y de momento uno se lo cree. Sentí temor porque estaba muy vulnerable y no me gustaba relacionarme con las demás personas porque temía que me dijeran lo mismo que el pastor. Algunos hermanos en la iglesia ya comentaban que se notaba que yo era gay y otras personas cuestionaban la clase de cristiano que era y mi relación con Dios. Por eso me inhibía y mi vida social se deterioraba. Los pensamientos de ideas suicidas llegan como una alternativa para cambiar esa realidad y no lo es. Nunca la idea suicida debe ser alternativa en la vida de alguien.

Cuando uno estudia lo que es la homosexualidad, practica lo que son las terapias afirmativas, que nacen como respuesta en contra de las terapias de conversión, que sí tienen el aval de la ciencia, uno se libera. Con las terapias afirmativas uno comprende que puede ser humano, homosexual y amar a Dios sin ningún problema.

Nunca hubo cambios en mis pensamientos, comportamiento y sentimientos. Si el cambio para la iglesia era que yo no estuviera mirando a un hombre, el cambio que vi era que admiraba a los que servían a Dios.

Siempre recuerdo que uno de mis sueños era llegar a la universidad y alcanzar un grado académico. Soy producto de la educación pública del País. Tuve crisis, como estar casi a punto de que me expulsaran de la Universidad de Puerto Rico en Carolina, de la cual soy egresado.

Cuando vi las crisis, en depresión, levanté bandera para salir del abismo de mi ansiedad, que afectaba mi alimentación y mi sueño. Pensaba que Dios podía hacer el cambio. Desafortunadamente para la iglesia y afortunadamente para mí, ese cambio no se dio porque no me veo dejando de ser una persona homosexual porque en efecto no se puede. Pero los traumas existen y se manifiestan.

Cada quien debe elegir dónde congregarse y practicar su fe. Se debe poner en práctica en un espacio donde pueda sentir la libertad y felicidad de lo que implica servir a Dios. Dios no tiene que castigarlo. Dios no tiene que ponerlo en vergüenza. Dios no tiene que dilucidarlo para que usted se sienta cerca de Dios. Eso es mentira y no podemos dar como correctos los discursos de los líderes que se hacen visibles en los medios de comunicación del País.

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