Geopolítica
Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez
Analista político
He sido crítico de Lula. No voy a fingir lo contrario. En mis artículos he señalado sus silencios, sus tibiezas, sus omisiones. Pero una cosa es la crítica legítima y otra muy distinta ignorar lo que está en juego el 25 de octubre. No se trata solo de Brasil. Se trata del último dique de contención de la izquierda latinoamericana. Y lo digo como cubano, como revolucionario, como alguien que sabe lo que significa perder el poder institucional frente a un imperio que no descansa.
El 3 de enero: lo que Lula dijo y lo que no hizo
Cuando las fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas y lo trasladaron a Nueva York, Lula sí condenó el ataque. En un mensaje publicado en sus redes sociales, calificó los bombardeos y la captura como una «gravísima afrenta a la soberanía de Venezuela» y un «precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional». «Sobrepasan una línea inaceptable», dijo textualmente. Brasil, añadió, «condena estas acciones y sigue a disposición para promover la vía del diálogo y la cooperación».
Pero no fue más allá. No movilizó a los BRICS. No convocó una cumbre de emergencia. No expulsó al embajador estadounidense. No envió ayuda militar ni humanitaria a Caracas. Su condena fue firme, pero se quedó en el plano retórico. Y eso, para quien escribe, es insuficiente.
El petróleo que Petrobras no envió a Cuba
También es verdad que Petrobras no envió petróleo a Cuba. En febrero de 2026, la Federación Única de los Petroleros (FUP) y decenas de organizaciones sociales brasileñas entregaron una carta abierta a Lula y a la presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, exigiendo el envío urgente de crudo y derivados. «El consumo cubano de petróleo en un año equivale apenas a seis días de producción de Petrobras», argumentaban. «No podemos aceptar que el bloqueo imperialista utilice la energía como arma de guerra».
Lula no respondió. Petrobras no envió nada. Cuba siguió a oscuras.
La victoria mantiene el dique
El diario español El Destape lo resumió con crudeza: «Una victoria de Lula mantendría a Brasil, que concentra cerca de la mitad del PIB y de la población de Sudamérica, como el gran reducto de la izquierda en la región, junto a México». Si Lula cae, México se queda solo. Y con la derecha avanzando en Argentina, Chile, Colombia, Perú, Bolivia y Honduras, el aislamiento progresista sería total.
El diario mexicano Razón lo advirtió sin ambages: «Todavía puede ganar, pero incluso una victoria lo dejaría frente a una derecha fortalecida. El mapa político de América Latina cambió rápidamente. Uruguay, Guatemala y México están entre los gobiernos de izquierda que quedan».
Lo que se salva con una victoria de Lula
Con la presidencia, Lula conserva tres instrumentos de poder que no dependen del Congreso. Primero, el veto presidencial, que puede frenar leyes regresivas aprobadas por la mayoría bolsonarista. Segundo, el nombramiento de ministros del Tribunal Supremo Federal cuando se produzcan vacantes, lo que permitiría mantener el equilibrio en la Corte que condenó a Jair Bolsonaro por intento de golpe. Tercero, la jefatura del Estado, que le da una tribuna privilegiada para denunciar los retrocesos y movilizar a la sociedad.
El Financial Times lo explicó con claridad: «El sistema presidencial brasileño otorga al jefe del Ejecutivo un poder de veto significativo y la capacidad de nombrar ministros de la Corte Suprema, lo que convierte la presidencia en un baluarte crucial para la defensa del Estado de derecho incluso frente a un Congreso hostil».
La amenaza real: el impeachment al Tribunal Supremo
La amenaza no es teórica. Flávio Bolsonaro ha declarado públicamente que su idea de modificar la Constitución y «redemocratizar el país» pasa por reformar el Tribunal Supremo y poner fin a la reelección. Según O Globo, al menos 49 senadores —una mayoría de la Cámara Alta— defienden públicamente el impeachment de ministros del STF. Para destituir a un ministro se necesitan 54 votos, dos tercios de los 81 senadores. Con 49 asegurados, solo faltan cinco votos, que pueden salir fácilmente del Centrão y de los moderados.
El principal objetivo es Alexandre de Moraes, el ministro que condenó a Jair Bolsonaro. Pero la ofensiva también apunta a Flávio Dino, exministro de Lula. La BBC documentó que la crisis del STF «ha secuestrado la elección brasileña de 2026» y que «la división de la Corte se ha vuelto pública, profundizando conflictos y desbordando hacia la elección».
Si Lula pierde, ese dique se rompe. Y con él, las garantías constitucionales que han frenado el autoritarismo.
El precedente que no podemos ignorar
El politólogo Pedro Serrano lo advirtió sin rodeos: «Tendríamos dos de los Poderes de la República capturados por fuerzas golpistas». El analista Jorge Folena fue más lejos: «En el Senado tendrán 49 de los 81 votos y podrán, por ejemplo, revocar toda la Constitución si quieren. Incluso con cláusulas pétreas, la política es capaz de manipular esas garantías».
Lo que yo sostengo
Lula ha cometido errores. No apoyó a Venezuela con la contundencia que la solidaridad exigía. No envió petróleo a Cuba cuando Petrobras podía hacerlo. Fue más moderado de lo que la hora reclamaba. Todo eso es verdad.
Pero la derrota de Lula no es la derrota del PT. Es la derrota de la izquierda latinoamericana entera. Es la consolidación del eje ultraderechista que ya gobierna en Argentina, Chile, Colombia, Perú, Bolivia y Honduras. Es la captura del Tribunal Supremo brasileño por parte de los mismos que intentaron un golpe de Estado. Es el fin de la última muralla que protege la Constitución de 1988.
Como cubano, como revolucionario, como defensor de la Cuba socialista que nuestro presidente Díaz-Canel conduce con firmeza, sé lo que significa perder el poder institucional. Sé lo que significa que el imperio avance sin contrapesos. Por eso, aunque Lula no sea el líder que quisiéramos, aunque haya fallado en la solidaridad con nuestra Venezuela y con nuestra Cuba, su victoria es imprescindible.
No porque Lula sea perfecto. Sino porque la alternativa es el fascismo sin careta.
(Con información de Xinhua, Cubadebate, Telesur, Pressreader/El Heraldo de Chihuahua, Revista Fórum, Razón, BBC News Brasil, El Destape, Financial Times y O Globo)
Patria o Muerte. Venceremos.

