Iglesia
P. Pedro Rafael Ortiz S.
Corresponsal en Puerto Rico y el Caribe
“Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra borinqueña, heredad de nuestros padres y casa de nuestros hijos. Perdónanos por las veces que la hemos herido”.
El ahora arzobispo emérito de San Juan-Puerto Rico, Roberto Octavio González Nieves, concluyó su carta pastoral de despedida ( “SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS”. ..ANTE LA CRISIS DEL AGUA, LA ENERGÍA Y EL CLIMA), luego de 27 años en el cargo con un poema al estilo de San Francisco de Asís, ajustado a la realidad de Puerto Rico, en el que, no solamente resume su pensamiento, sino que nos dice mucho de su sentimiento, de lo que podemos llamar su «patriotismo» social.
Monseñor Roberto no usa el término “patriotismo social” en el texto. Lo uso yo para resumir el tipo de amor patriótico del querido obispo y maestro de la doctrina social de la Iglesia. Lo hago consciente, sin embargo, de que ese añadido mío es demasiado pobre para describir un documento de reflexión teológica profunda, evaluación de las virtudes y heridas trágicas que ha sufrido y sufre la tierra borinqueña y de la agenda que propone para el desarrollo pastoral de nuestro pueblo. Con citas importantes de las enseñanzas de los papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV, del pensamiento y predicación de San Francisco, y la reflexión sobre el relato evangélico sobre Jesús y la samaritana, su carta pastoral bien podría servir de herramienta para la educación en los colegios católicos, de reflexión y agenda de trabajo en los grupos pastorales de nuestras parroquias y hasta de base para la reflexión de grupos académicos, científicos y profesionales.
En la carta se explican, con bastante detalle, situaciones como la falta de agua y energía eléctrica, cómo esas carencias afectan primordialmente a los pobres. También se refiere al problema del medio ambiente y los desastres naturales, incrementados por la falta de cuidado y desarrollo económico que tome en cuenta que lo que para los que tienen mucho es un inconveniente, para los pobres es una tragedia.
Monseñor Roberto no oculta que es un patriota, que Puerto Rico es una colonia y que el pueblo puertorriqueño debe ser el protagonista de su historia, pero hace algo más. Su visión de la lucha por la patria y la justicia no es para dictar soluciones político partidistas ni para promover la confrontación. Por el contrario, lo que busca es que entendamos que la transformación debe comenzar por reconocer nuestra identidad nacional, por la esperanza del alma, y su camino es la identificación y solidaridad con el vecino, el hermano, la comunidad, el pueblo que sufre, en el que podemos ver al propio Cristo.
Si alguno piensa que el cura que escribe esta nota está conmovido, acierta. Pero que quede claro, no es que deliro. Les invito a que lean la carta. Me parece que encontrará en ella un escrito de sencillez pedagógica, profundidad teológica y útil para la acción de los creyentes. Más aún, y esta es la parte más extraordinaria, que sirve mucho para la meditación colectiva e individual sobre el compromiso social cristiano. Me gustaría que esta carta pastoral sea un punto importante en la historia de la teología en Puerto Rico y que se enseñe por muchas generaciones.
De la Orden de los Frailes Menores, también conocida popularmente como Franciscanos, Monseñor Roberto ha recibido la gracia especial de que su trabajo como arzobispo termine precisamente ahora, en que se conmemoran los 800 años del fallecimiento del fundador de esta fraternidad religiosa, San Francisco de Asís.
Ahora se hace cargo de la arquidiócesis, monseñor Eusebio Ramos Morales, quien llega a San Juan luego de su trabajo extraordinario y amoroso en las diócesis de Fajardo y Caguas.
Ahora, también, está por verse lo que tocará hacer a monseñor Roberto.
Como sólo soy un cura más, de camino y carretera, me atrevo a proponer que le roguemos a monseñor Roberto que nos ayude para que se pueda fundar un trabajo misionero de doctrina social de la Iglesia. Podría ser un centro donde se use su carta pastoral como uno de los textos, en el que participaran curas y laicos de Puerto Rico y otras islas vecinas del Caribe. La idea es una pequeña misión, una casita pequeña, donde los estudiantes aprendamos en la práctica los métodos que enseña la carta pastoral, donde practiquemos sembrando semillas de esperanza.


