El  Nuevo Día ya no era un gran períodico…

Periodismo-Opinión

Prensa Sin Censura 

La última edición impresa de El Nuevo Día será de colección.

La circularán el próximo domingo 27 de septiembre y será colofón de uno de los proyectos más apasionantes e influyentes de la historia del periodismo en Puerto Rico.

La vida y obra del diario es harto conocida y ha sido documentada, en particular, en el voluminoso y gigantesco libro de lujo con carpeta dura, camisa y solapa del historiador Guillermo A. Baralt.

Prefiero enfocar en mi historia personal con El Nuevo Día. Comenzó en 1973 cuando era un chamaquito de 13 años y me convertí en su primer porteador en la nueva urbanización Alturas de Río Grande.

Madrugadas inolvidables en que echábamos la treintena de periódicos en la canasta de la bici 20 y los repartíamos antes de las 6am, finalizando la jornada con las manos curtidas de tinta. 

Recuerdo que de cada periódico vendido el mister me pagaba .2 centavos que a la semana totalizaban alrededor de $7 que eran buenos para comprar un disco.

Entonces El Nuevo Día, trasladado de Ponce a San Juan, competía con el debilitado El Imparcial y el poderoso El Mundo, que dominaba el mercado con su formato estándar, pero cuya decadencia comenzó después de la huelga decretada por su sindicato.

El Nuevo Día, a pesar de su fama azul, pronto despuntó bajo la dirección de Carlos Castañeda como el diario más influyente y respetado de Puerto Rico.

Fue, más que una escuela, una Universidad. Graduado de Periodismo de la UPR, por mi bagaje cultural en 1986 fui reclutado como redactor de Por Dentro por la periodista Gloria Leal, mentora en investigaciones épicas sobre la payola, la salsa y la piratería de discos en Puerto Rico.

Depuré mi estilo bajo la tutela de  Iris Landrón. Incursioné como cronista de interés humano, pero con la flexibilidad de cubrir de todo: desde deportes, negocios y emergencias como el huracán Hugo.

A Castañeda lo sustituyó el editor de deportes Chu García y par de años después los hijos de Antonio Luis Ferré, María Luisa y Luis Alberto.

Así comenzó la debacle del diario, incluso bajo la administración de Adolfo Comas Bacardí.

De una empresa paternalista pasó a un negocio en el que el capital era más importante que la integridad de la noticia y el respeto a sus recursos humanos.

Llegaron los directores chilenos. Mauricio Gallardo tuvo la osadía de dedicar una portada a Eric Trump y la superficialidad se impuso sobre la profundidad.

Como delegado de la United Steelworkers Of America, fui uno de los empleados que piqueteó frente a los portones cuando desmantelaron circulación y distribución, dejando en la calle a cientos de trabajadores.

La United Steelworkers Of America, Local 6135, fue a juicio nuestro un sindicato patronal. En sus narices durante los pasados 25 años el Grupo Ferré Rangel despidió centenares de trabajadores.

En el camino perdieron millones con El Nuevo Día Orlando y el lanzamiento de Primera Hora.

Irrumpió la era digital y aunque hubo seminarios sobre la función de una edición digital versus la impresa del día siguiente, sin suficiente personal era imposible publicar ediciones con personalidad e identidad propias. Yo llegué a entregar dos versiones de una cobertura: una para la edición on line y otra para la de papel. El impreso terminó siendo un refrito de endi.com.

De nada resultaron los talleres sobre convergencia mediática así como la urgencia de un detente para reflexionar sobre los retos del Periodismo 3.0, en que las audiencias son fuentes indispensables. Ni hablar de la tendencia actual al periodismo de soluciones.

Renuncié en diciembre de 2009 para reestructurar el semanario de la Iglesia Católica. La decisión de mi salida la tomé la tarde en que mi editora rechazó una exclusiva con Willie Colón sobre su nuevo álbum por la cobertura del ‘baby shower’ de Nashaly.

Lo más importante era el negocio. Así El Nuevo Día dejó de ser un gran períodico para convertirse en un medio farandulero más, pero con fuerza política ante la opinión pública porque sus encuestas parecían decidir elecciones.

Bastante resistieron porque hace rato que el pastel de presupuestos y medios se divide en demasiadas partes.

Prensa Sin Censura opera al margen del capital, pero los dos millones de cibernautas que mensualmente siguen y comparten nuestros contenidos y los millones que patrocinan otros medios independientes no lo hacen con los de GFR Media.

Dudo que sin recursos humanos sobrevivan hasta el proceso electoral de 2028, aunque IA podría ser muy útil. 

En fin, predeciblemente, cae El Nuevo Día, posiblemente el taller periodístico más poderoso e influyente de los pasados 50 años en la colonia portorricensis…

Jaime Torres Torres 

Don Antonio Luis Ferré. Foto/Facebook

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