Reseña
JAIME TORRES TORRES
PRENSA SIN CENSURA
Durante el conversatorio que precedió el estreno mundial de la obra Requiem Isleño, el reconocido compositor puertorriqueño, de fama internacional, Roberto Sierra le dijo al director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, Maximiano Valdés, que se inspiró en la famosa pintura “El Velorio” de Francisco Oller.
Es el velatorio de un niño en el que hay ron, baile, comida, perros, y hasta donde una pareja se apestilla. Irónicamente, de todo menos un ambiente espiritual que raya casi en un caos.

Pues eso precisamente fue el saldo del Requiem Isleño de Sierra, que resulta más la intención de sumar a su prestigioso currículo un réquiem, que dista considerablemente de la riqueza expresiva, la solemnidad, el lirismo y la belleza lúgubre de los de Verdi, Fauré, Brahms, Berlioz y el propio Mozart, cuya obra en una pasada edición del Festival Casals Maximiano Valdés dirigió con expresiva grandilocuencia luctuosa, con una “Lacrimosa” de muy grata recordación por su sentimiento y avasallador dramatismo que conmovió no pocos corazones, arrancó lágrimas y estremeció espiritualidades.
En el diálogo previo al estreno mundial y absoluto, el propio Valdés ofreció pistas de la ambigüedad y frialdad espiritual [la premisa es de este periodista cultural] del Requiem Isleño de Sierra.
“No me fue fácil entrar en la pieza. Me tomó tiempo. Tuve que tocar el piano y entrar en un mundo de armonías, un mundo de la sutilidad de la pieza que es muy especial. Pero más que nada: todos los directores de orquesta tenemos presente lo que significa dirigir el réquiem de Verdi, de Brahms, que son todas obras que inspiran, que traen a la memoria el miedo y favor de Dios. Este es un réquiem que nace de todos nosotros; de los que estamos en el escenario. El cantante que pide perdón; el pedir perdón está en los cantantes y el coro constantemente [….]”
Sería subjetivo intentar descifrar la experiencia espiritual del compositor en conformidad con su creación, pero ante el caos de la culpabilidad inexplicablemente se percibe que al final no hay redención.
El réquiem isleño se estructura en seis movimientos [Descanso eterno, Día de ira, Súplica, Ofertorio, Lux aeterna y Libera me], evidentemente con sus lagunas litúrgicas que pudieran sugerir que Sierra y su esposa Virginia, autora del texto, no son muy religiosos que digamos.
Lo de isleño tal vez por la presencia del güiro y aires de agüinado, pero tampoco nada explícitos, resultando forzados para justificar el enfoque regional, que pudo alcanzar mayor amplitud digamos como Requiem Afroboricua con ritmos como la bomba y la plena.
Claro está, el maestro Valdés revalidó una vez más su veteranía y virtuosismo desde el podio al dirigir con singular dinamismo la Orquesta Sinfónica con la participación de la soprano Jessica Rivera, el barítono Ricardo José Rivera y la Coral Lírica de Puerto Rico, timoneada por Jo-Anne Herrero.
Musical y artísticamente hablando, la clausura del Festival Casals 2026, en comparación con la desatinada representación en su programa de la tragedia Las Troyanas, fue oasis en medio del desierto cultural y existencial del Puerto Rico de hoy, que supone, como diría una amiga, el culto ‘patriotero’, los ruidos, superficialidades, banalidades y la generalizada oda a la ‘joda’.
Entre tanta mediocridad, la Orquesta Sinfónica es bálsamo, tesoro y regalo de excelencia a Puerto Rico.
Así lo atestiguamos durante la función que incluyó un merecido reconocimiento al profesor Luis Bermúdez Rodríguez, asistente de la trompeta principal que se retira tras 31 años con la Orquesta Sinfónica, que a primera hora anoche arrulló a la audiencia con la Sinfonía Num. 104 en Re Mayor de Joseph Haydn.
Necesariamente el público que asiste al Casals no es muy ducho en el conocimiento de la cultura sinfónica, desatinando con inoportunos aplausos entre movimientos que le restan estética al desempeño de la máxima institución musical de Puerto Rico.
Como en el presente escenario mediático no hay crítica de música popular y menos de clásica, Prensa Sin Censura reafirma su compromiso con la cobertura del Festival Casals y otros eventos de la Corporación de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.




