Anticlimática e inoportuna función de ‘Las Troyanas’ en el Festival Casals

Reseña

JAIME TORRES TORRES

PRENSA SIN CENSURA

No parecía el Festival Casals, un evento de más de seis décadas de tradición en la historia de la música académica en Puerto Rico.

Parecía más bien una representación digna de un festival de teatro, tal vez en la sala René Marqués o la misma de Festivales del Centro de Bellas Artes de Santurce.

Pero no, anoche y nuevamente hoy la tragedia “Las Troyanas” de Eurípides ocupa la Sala Pablo Casals, en una función anti climática, inoportuna y distante de la razón e identidad del evento de música clásica más prestigioso de Puerto Rico.

Atemperar y adaptar la tragedia de Las Troyanas al presente fue un reto asumido por el veterano director Vicente Castro con puntos a favor y en contra.

En el programa Castro explica: “Hoy mas que nunca, Las Troyanas se hace demasiado pertinente. Las mujeres y los niños de Ucrania, Gaza, del Líbano, Siria e Irán, de tantos países autócratas, demandan nuestra denuncia a la guerra. Si en el pasado las mujeres fueron oprimidas, hoy lo continúan siendo. Son perseguidas, mutiladas, asesinadas y los niños son explotados a todos los niveles”.

Así, la versión que Castro presenta de “Las Troyanas” tiene a favor su enfoque al presente, aunque esporádicamente con ambivalencias, del mal social de la guerra.

En tiempos de ofensivas del ejército estadounidense en Venezuela, Irán y posiblemente en Cuba, “Las Troyanas” supone una reflexión de actualidad de la fragilidad de la vida.

Tiene a favor la presencia de un grupo de actores personificando soldados con camuflaje representativos del intimidante cadete gringo y ‘red neck’, comandados por el histrión Willie Denton versus la frágil indefensión del bebito cubierto con la Monoestrellada sentenciado a muerte. Subterfugio y entrelínea perfectos para comunicar la hora cero a que se acerca Puerto Rico.

Asimismo el coro de mujeres troyanas, ataviadas de negro, es fundamental en el dramatismo de la pieza.

A favor, en general tiene la representación teatral que gravita en torno al primerísimo actor Jorge Luis Ramos en el desafiante papel de la reina “Hécuba”, hilo conductor de una narración teatral que a veces parece incoherente y errática.

A favor, la presentación tiene el Coro de Niños de Caguas dirigido por Meredith Alequín, que al inicio de la función canta que todo es bueno, excepto la guerra.

La soprano Natalia Santaliz lució grande y la banda integrada por Rucco Gandía, Yiyo González, Orlando Mercado, Sachiel Rosario y Gloricel Padua libró su encargo con honores.

De igual manera Ana Isabelle, en representación de “Casandra”, brilla con autenticidad por su talento vocal. 

La música transita por el rock y el rap; incluso por la bomba. La poesía enriquece la función así como algunos elementos audiovisuales, aunque la escenografía es pobre, quizá por la falta de presupuesto y los recortes de la Junta de Control Fiscal a la Corporación de las Artes Musicales.

En contra, sin embargo, reiteramos que no es una función a la altura de la trayectoria e historia del Festival Casals.

Tampoco la ocasional ambigüedad del texto y el sincretismo que fallidamente se pretende establecer entre el culto a las deidades griegas, yorubas y cristianas.

De igual forma, aunque su actuación resultó conmovedoramente dramática, no le encontramos sentido cuando la talentosísima Jacqueline Duprey, despreciada y maltratada por “Menelao” [el primerísimo Braulio Castillo, a quien no habíamos escuchado cantar] se quita la blusa y exhibe sus tetas.

Varios espectadores abandonaron la sala mientras se desarrollaba la función. Y una joven mujer en la fila Q, donde nos sentamos, comentó que a veces no sabía si presenciaba la adaptación de “Las Troyanas” o la reposición de “Los Soles Truncos” o “La Casa de Bernarda Alba”.

Después de la función de “Las Troyanas”, que regresa esta noche a la Sala Pablo Casals, atesoramos experiencias del festival, incluso en la Sala de Festivales, como la zarzuela cómica “La Gallina Ciega”, la presentación de Tenet y el “Requiem” de Mozart interpretado por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y magistralmente dirigido por Maximiano Valdés, entre otros memorables acontecimientos culturales.

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