Reseña–Música
JAIME TORRES TORRES
PRENSA SIN CENSURA
En el pentagrama la nota Do tiene un significado: dolor y lo encarna Raphael.
Este cronista cultural era un niño de 6 años cuando en 1966 Raphael lanzó el elepé de la película “Cuando tú no estás”.
Han transcurrido poco más de seis décadas desde su salto a la fama como pionero de un movimiento en la balada romántica que forjó junto a otros intérpretes españoles como Julio Iglesias, Camilo Sesto y las Rocío [Dúrcal y Jurado]. Todos fallecidos, excepto Iglesias, aunque alejado [no retirado] de los escenarios.
Anoche Raphael regresó a Puerto Rico tras el concierto que hace dos años canceló por una emergencia de salud.
Se pensó que su brillante carrera llegaba a su fin, pero no: la tarde del Día de las Madres cantó en el Coca Cola Music Hall del Distrito de Convenciones con un lleno total. El concierto, que incluyó alrededor de una treintena de éxitos, se prolongó por más de dos horas, sin descanso.
Apoteósico es un adjetivo que se queda corto para reseñar el histórico regreso de Raphael Martos a Puerto Rico.
Fue inevitable recordar la función a finales de los 80 en Bellas Artes que, tras un par de canciones, tuvo que suspender por sentirse indispuesto. Varios meses después regresó inmenso con un concierto de casi cuatro horas de duración sin intermedio.
Ese es Raphael Martos, el icónico baladista que ayer exhibió orgulloso la llave de la Ciudad Capital que le entregó el alcalde Miguel Romero. De lo poquísimo que habló contó eso porque el resto lo dijo cantando sin pausas.
A los 83 años, cumplidos en días recientes, es un lujo -obligado en demasía- presenciar a una leyenda de su trayectoria.
En mi carrera periodística de 45 años documentando, reseñando y criticando el acontecer musical nacional no he conocido otro intérprete del dramatismo y los dotes histriónicos de Raphael, cuyo fraseo te desnuda con crudeza las historias de sus éxitos como crónicas y vivencias del amor y desamor.
Raphael se encarna en sus canciones; las gime, sufre y muere; las consuela y revive. Por eso la nota Do en su pentagrama significa dolor y él lo personifica hasta lo insospechado.
Sepan que en 2026 parte de su repertorio es renovado con arreglos que en algunos casos incorporan elementos del pop rock y en otros, con acompañamiento acústico, se acercan al tango y a la canción de arte.
Impecablemente dirigido por el pianista Juan Pietranera y acompañado por talentosos jóvenes músicos que no habían nacido cuando grabó “Digan lo que digan”, Raphael se anotó una de sus presentaciones más aclamadas en Puerto Rico.




El recinto se desbordó de ‘baby boomers’ y adultos mayores, en su mayor parte madres, que lo aplaudieron fuertemente y tararearon las letras de sus éxitos.
El repertorio incluyó La noche, Yo sigo siendo aquel, Cierro mis ojos, Digan lo que digan, Mi gran noche, Amo, Si no estuvieras tú, Tema de amor, Los hombres lloran también, Somos, Padam, Padam, La Vie en Rose, Hyme a L’amour, Malena, Estuve enamorado, Amor mío, Cuando tú no estás, Que nadie sepa mi sufrir, Llorona, Estar enamorado, Amame, En carne viva, Se nos rompió el amor, Que sabe nadie, Yo soy aquel, Escándalo y Como yo te amo.

El sonido fue perfecto y eso es importante porque la acústica del Coca Cola Music Hall no es la mejor. La voz de Raphael se escuchó con balance y claridad; las coristas también y los músicos en correcto equilibrio.
El legendario baladista refresca su cancionero con nuevos arreglos y combinaciones como un quinteto acústico o solo con su guitarrista.
Un concierto como el de Raphael no podía pasar inadvertido por Prensa Sin Censura. Agradecemos la acreditación de Germania Tovar para el evento producido por César Sainz.
Apoteósico es un adjetivo que se queda corto para reseñar el histórico regreso de Raphael Martos a Puerto Rico.

