Discos-Reseña
JAIME TORRES TORRES
PRENSA SIN CENSURA
El disco “Narco Salsa”, del cantautor panameño Robert Blades, es uno de los lanzamientos más audaces y atrevidos en la historia del género porque se inspira, como resorte de denuncia social, en uno de los flagelos que más vidas reclama: el trasiego de drogas y la adicción.
Este es su primer álbum en 25 años, tras “Encore”, que le mereció el primer Grammy de su carrera.
Con arreglos del colombiano Carlos Galvez basados en los conceptos de Blades, “Narco Salsa” enfoca la crudeza del narcotráfico, los criminales cerebros de sus logísticas y la subcultura de la estela de enfermedad, prisión y muerte que deja a su paso, ubicando entre soneos y comentarios algunos países de Sudamérica como la base de operaciones de los pejes gordos, continuamente acechados por los federales.
De un sonido análogo y callejero, que el artista describe como “dirty”, “Narco Salsa” debe complacer a los simpatizantes más exigentes de la salsa pesada con swing, mediante la combinación predominante de trombones y trompeta, que deleita al bailador.
Como Roberto señaló recientemente, es evidente la influencia de Willie Colón y la herencia de sus solos y moñas de trombones, abordados por Jimmy Bosch, Teddy Mulet, Jhon Henry Morales y otros.
El cancionero, en su mayor parte, se nutre de nuevas versiones de éxitos de Héctor Lavoe, Héctor Tricoche con Tommy Olivencia, Ángel Canales y Chamaco Ramírez con La Primerísima.
“Juanito Alimaña”, de Tite Curet, es la historia del delincuente que se alinea con la policía corrupta que lo protege.
“El malo”, grabada con Raúl Gallimore en “Radio Bemba… Déjala sonar”, presenta el perfil del individuo que tuvo que elegir entre la pobreza y la riqueza ilícita; entre el hambre y la vida de narco con sus lujos y excesos.
“Perico Pin Pin”, de Raúl Marrero, es el perfil de un vendedor y usuario de cocaína. “El preso”, un son montuno grabado por Son de Tikisia de Costa Rica, es la historia del criminal de cuello blanco arrestado y condenado a cárcel.
“Calle Luna, Calle Sol” es otra añoranza de Willie Colón y Héctor Lavoe que aborda la peligrosidad de las esquinas y aceras de los barrios populares.
“Perico Macoña” es el relato del personaje que abusa de la mariguana y se arrebata, fastidiando a sus amistades.
“Trucutú” expone con humor el asunto de la disfunción eréctil, patología no pocas veces resultado del abuso de las drogas y el licor.
“Soñando despierto”, con sus compases de danza puertorriqueña pero con las trompetas de un mariachi tocando la melodía del solo original, es otra obra del binomio Colón-Lavoe cuya letra sugiere los efectos o el arrebato con los estupefacientes.
“Capitán Nemo”, con aires de cumbia y una moña de trombones disonantes al estilo de Willie Colón, relata las peripecias de un poderoso narco que distribuye sus kilos desde un submarino.
Y “Agua”, que ya la había grabado, cuenta la experiencia de unos narcotraficantes sorprendidos por los agentes. La fusión de salsa y reguetón en su arreglo imparte variedad al concepto.
Si bien Robert Blades honra parte de los soneos originales de Lavoe, Tricoche, Canales y Chamaco, también cuenta nuevas historias con sus inspiraciones.
En tiempos de presuntos narco terroristas interceptados y exterminados sin contemplación, “Narco Salsa” es la audaz crónica de una triste realidad.
Si bien Impacto Crea, Niche, Rubén Blades y Domingo Quiñones, entre otros, abordaron el tema del narcotráfico y sus estragos, nunca se le dedicó un disco en su totalidad.
Ante el escenario de la epidemia de fentanilo que asfixia a Estados Unidos, de igual forma “Narco Salsa” es un lanzamiento oportuno que pone el cascabel al gato del bajo mundo, donde abundan los tigres “con sonrisas de angelitos que luego matan”.
Ojalá la poca radio decente que queda lo difunda como merece y asimismo que los analistas de la Academia Latina de la Grabación lo consideren porque méritos le sobran.

