Archivo sin firma: memoria histórica y simulación en San Mateo de Cangrejos

Cultura

Por Marisel Flores Patton

Para Prensa Sin Censura

La exposición “Huellas, historias y vida en San Mateo de Cangrejos: poblado, ayuntamiento y barrio”, inaugurada este pasado 16 de abril de 2026, en el Archivo General de Puerto Rico del Instituto de Cultura Puertorriqueña, representa una valiosa iniciativa para acercar al público a la historia de una de las comunidades más significativas en la formación social y cultural del país.

La actividad de apertura contó con una nutrida asistencia, en la que la comunidad cangrejera se hizo presente con entusiasmo, evidenciando el poder de un pueblo que desea conocer su historia y transmitirla a futuras generaciones con orgullo. En ese sentido, la exposición logra despertar interés y abre caminos para que nuevos investigadores continúen profundizando en lo que fue y es San Mateo de Cangrejos.

La utilización de imágenes generadas por inteligencia artificial dentro de una exposición archivística requiere, por tanto, algo más que buena intención o experimentación. No puede responder a un uso circunstancial, improvisado o derivado de prácticas informales.

Sin embargo, junto a sus aciertos, la muestra plantea interrogantes importantes que merecen atención. Llama la atención, en primer lugar, la ausencia de un crédito claro de curaduría. En una exposición sustentada en documentos históricos y en la interpretación de procesos sociales complejos, la autoría curatorial no es un detalle menor; es un elemento fundamental de transparencia y responsabilidad institucional.

A esto se suma la inclusión de al menos dos imágenes generadas mediante inteligencia artificial, integradas en el discurso expositivo. Una de ellas se presenta como un “facsímil” que ilustra el uniforme de milicias de los siglos XVIII y XIX, indicando en su nota que fue elaborada con inteligencia artificial a partir de referencias documentales del Archivo General de Indias.

No obstante, más allá de esta explicación, la imagen adopta una apariencia visual que remite a una fotografía contemporánea, lo que puede inducir a confusión sobre su naturaleza como representación artificial y no como documento histórico.

Este señalamiento no implica desconocer el valor de las herramientas tecnológicas en procesos educativos o interpretativos. El problema radica en la falta de criterios claros y visibles que delimiten su uso.

En el ámbito archivístico, donde la autenticidad es una condición esencial, la distinción entre documento y recreación no puede quedar sujeta a interpretaciones implícitas o a notas explicativas insuficientes.

Durante la actividad de apertura, la directora interina del Archivo General de Puerto Rico, Marly Ferrer Montalvo, hizo una breve mención sobre el uso de estas imágenes. Sin embargo, la explicación ofrecida resultó limitada ante la importancia del tema, especialmente considerando el amplio público presente y el contexto institucional en el que se inscribe la exposición.

Queda, además, una interrogante abierta de cara al mes de duración de la muestra: ¿quién asumirá la responsabilidad de explicar a los visitantes, de manera clara y consistente, las razones, criterios y límites bajo los cuales se incorporó la inteligencia artificial en el discurso expositivo? Más aún, resulta indispensable conocer qué directrices y estrategias se implementarán como política pública e interna entre el personal archivístico para regular el uso de estas herramientas tecnológicas. La ausencia de un marco ético, riguroso y previamente definido no puede sustituirse con explicaciones improvisadas, ya que ello no solo debilita el carácter institucional del Archivo, sino que establece un precedente que podría normalizar prácticas contrarias a los principios de autenticidad, integridad y confiabilidad que rigen la función archivística.

Aquí resulta pertinente recordar la reflexión de Jacques Derrida en Mal de archivo el archivo no es un espacio neutral, sino una construcción que determina qué se conserva, cómo se organiza y en qué condiciones se presenta. En ese proceso, el archivo no solo produce memoria, sino también olvido. Por ello, cada decisión expositiva tiene implicaciones que trascienden lo inmediato y participan en la configuración del relato histórico.

La utilización de imágenes generadas por inteligencia artificial dentro de una exposición archivística requiere, por tanto, algo más que buena intención o experimentación. No puede responder a un uso circunstancial, improvisado o derivado de prácticas informales. Si estas herramientas han de integrarse en el futuro, es imprescindible establecer criterios claros, una rúbrica definida y un marco ético que regule su aplicación. El archivo no puede permitirse mezclar sin distinción lo que es documento con lo que es representación.

Más allá de esta preocupación, es justo reconocer el valor del contenido presentado. La exposición, apoyada en el trabajo del profesor Jaime Pérez y otros colaboradores, aporta al conocimiento histórico y despierta el interés por continuar investigando el pasado de San Mateo de Cangrejos. Iniciativas como esta siembran en terreno fértil en jóvenes que, al acercarse a su historia, encuentran motivos para afirmar su identidad y proyectarla hacia el futuro.

Precisamente por ese potencial, resulta indispensable que el rigor documental acompañe cada uno de estos esfuerzos. La memoria histórica no necesita ser adornada para ser significativa. Su fuerza reside en la autenticidad de sus fuentes y en la responsabilidad con que se presentan ante el país.

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