¡Bajemos a Jesús de la cruz!

Semana Santa 2026

Por Roberto Torres Collazo

Para Prensa Sin Censura

Durante la Semana Santa 2026 observamos y/o participamos en procesiones y dramatizaciones de la tortura y asesinato de Jesús en la Cruz.

Las y los líderes cristianos y medios de comunicación comercial le llaman tiempo de reflexión, rara vez llaman a la acción, a la práctica del evangelio. En consecuencia, la tendencia entre la gente es solamente a reflexionar y no comprometernos a bajar a Jesús de la Cruz. 

A la luz de la fe y la historia hay que recordar a las y los crucificados de las naciones indígenas por los conquistadores europeos en las Américas; los ocho millones de los masacrados en el Congo por parte del régimen belga a comienzos del siglo pasado; y los seis millones de judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, negros, cristianos víctimas del genocidio fascista. 

Dios nos llama a la acción, a bajar a Jesús de la Cruz en el siglo XXI. A comprometernos más con actos concretos repudiando las cruces del coloniaje, del capitalismo neoliberal tecnológico, la mercantilización de la Madre Tierra, la plaga del neofascismo.

Los heridos y muertos por las guerras actuales. El ecocidio de las corporaciones-multinacionales contra la naturaleza. El holocausto de más de setenta mil personas palestinas y palestinos a manos del gobierno israelí, las víctimas del patriarcado, la homofobia, la xenofobia, la corrupción gubernamental, son algunos de los principales crucificados que nos deben hacer reflexionar para bajar a Jesús de la Cruz. 

Dios nos llama a la acción, a bajar a Jesús de la Cruz en el siglo XXI. A comprometernos más con actos concretos repudiando las cruces del coloniaje, del capitalismo neoliberal tecnológico, la mercantilización de la Madre Tierra, la plaga del neofascismo. A condenar el racismo, a oponernos a los que hacen sufrir y ponernos del lado de las y los que sufren.

Dios también nos llama contemplar al crucificado en los empobrecidos como enseña el Maestro en Mateo 25, 31-45: “Todo lo que le hiciste a estos a mi me lo hiciste”.

Nos convoca a superar la indiferencia ante los padecimientos y dolores de los demás; no limitarnos predicar, enseñar o asistir a la iglesia. 

No puede haber divorcio entre fe y vida. 

Las críticas, denuncias y acciones inspiradas en Jesús nos pueden llevar a conflictos como incomprensiones, falsas acusaciones, descalificaciones, marginación, ataques o persecuciones, en algunos lugares hasta la muerte.

También Jesús tuvo serios conflictos con los representantes del poder religioso, político y económico, (ver Mateo 12,24. 6,24. Marcos 2,23-27. 10,42-45. Lucas 4,16-30. 7,33-35. San Juan 8,59) mientras al pueblo lo trató con compasión.

Conflictos que lo llevaron a la pena capital: la Cruz. Nunca nos dijo que en nuestra misión todo nos saldría bien y no tendríamos problemas. No ofreció falsas esperanzas, era muy realista.  

La Resurrección de Cristo nos trae el gozo y la esperanza de que otra sociedad y otra iglesia son posibles. 

Con nuestras acciones eficaces movidas por la fe hacemos presente y preparamos el material para la plenitud del Reino de Dios que inaugura Jesús, reino de compasión, igualdad, solidaridad, libertad… Pese a los grandes males que sufre hoy la humanidad su reinado tendrá su manifestación gloriosa en el futuro de la historia, donde Cristo triunfará definitivamente sobre todos los males, dolores y sufrimientos, incluso la muerte (Apocalipsis 21,3-4).

Y oí una voz que clamaba desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres; Él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado’”. 

Será la realización plena de la nueva humanidad, pero antes: ¡Bajemos a Jesús de la cruz!

Biblia Versión Latinoamericana (1972), Ecuador

Foto/Freepik

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