Publicado por ACIPrensa
Nacimiento: Nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Estados Unidos.
Educación: Cursó estudios en el Seminario Menor de los Padres Agustinos y se graduó en Ciencias Matemáticas y Filosofía en la Universidad de Villanova. Posteriormente obtuvo una maestría en Divinidad con énfasis en Misión Intercultural en la Unión Teológica Católica de Chicago. Completó estudios de Derecho Canónico en Roma, en la Universidad Angelicum, donde obtuvo el doctorado con mención magna cum laudeen 1987.
Sacerdocio: Ingresó al noviciado agustino en 1977, profesando votos solemnes en 1981. Fue ordenado sacerdote en Roma el 19 de junio de 1982. Su labor pastoral lo llevó a Perú, donde desarrolló una profunda misión evangelizadora y educativa en las Diócesis de Chulucanas y Trujillo. En 2001 fue elegido prior general de la Orden de San Agustín, cargo que desempeñó durante doce años.
Episcopado: El Papa Francisco lo nombró Administrador Apostólico de Chiclayo el 3 de noviembre de 2014 y Obispo Titular de la misma diócesis en 2015. También fue Administrador Apostólico del Callao.
El 30 de enero de 2023, el Papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Fue elevado a la dignidad de arzobispo ad personam.
Cardenalato: Fue creado cardenal por el Papa Francisco en el consistorio del 30 de septiembre de 2023.
Publica Pilar Coca
Robert Prevost Martínez no nació en el Perú. No hablaba como un peruano. No conocía sus calles, ni sus costumbres, ni su historia. Pero cuando llegó, algo en su interior le dijo que esta tierra le cambiaría la vida.
Robert Prevost vino desde Chicago, joven, sencillo y con el corazón lleno de fe. No traía lujos ni pretensiones. Solo una maleta, una Biblia… y muchas ganas de servir.
Fue en Chiclayo, en el norte del Perú, donde empezó a escribir su verdadera historia. Allí lo esperaban barrios humildes, rostros cansados, iglesias sencillas y una fe que resistía la pobreza y el olvido. Y allí decidió quedarse.
Aprendió el idioma con amor. Caminó por calles polvorientas, celebró misas bajo techos de calamina, y compartió el pan con quienes no siempre tenían comida, pero sí una sonrisa. No fue un misionero distante ni un sacerdote extranjero. Fue, simplemente, el padre Robert.
Chiclayo no lo miró como forastero. Lo abrazó como a un hijo. Y él respondió con entrega total.
Con el tiempo, fue nombrado obispo, y luego arzobispo. Pero su alma seguía siendo la de un servidor. Humilde. Cercano. Firme en su fe, pero siempre dispuesto a escuchar antes de hablar.
Hasta que, años después, el Papa Francisco lo llamó desde Roma. Le confió una misión inmensa: ayudar a elegir a los obispos que guiarán a la Iglesia del mundo. Y Robert, fiel a su vocación de servicio, dijo una vez más: sí.
Hoy es cardenal. Camina por los pasillos del Vaticano. Pero su corazón sigue en Chiclayo. En las misas al aire libre. En los niños que le decían “padre”. En las cocinas donde compartió sopa y esperanza. Y cuando le preguntan de dónde es, responde sin dudar:
—Soy peruano. Porque uno no es de donde nace… sino de donde entrega el alma.
La historia de Robert Prevost es un testimonio silencioso de que no se necesita haber nacido en una tierra para pertenecerle. Él no conquistó un país. Se dejó conquistar por su gente. No vino a imponer, vino a escuchar. Y eso fue lo que lo convirtió en uno de nosotros.
Porque la verdadera grandeza no está en los cargos que uno alcanza, sino en el amor que deja al pasar.
Y Robert dejó algo más profundo que palabras: dejó huellas.
Hoy, el Perú y America latina lo reconoce como suyo. Porque quien ama de verdad una tierra… termina sembrándose en ella para siempre. (Autora Pilar Coca)


Nuestra iglesia, sigue por bien camino. Ese que impregnó, con su bondad, amor a los pobres y necesitados, aceptación de todo ser humano a la iglesia, con lo que expuso Papa León XIV, en su discurso. Dio gracias a Papa Francisco, por su legado y eso de por sí, es hermoso y encomiable, pero lo que más disfruté, fue cuando salió del protocolo en su discurso y empezó a hablar en español. Le quedó genial, mencionando a su amado pueblo de Chiclaya en Perú, dónde brindó su apostolado por muchos años.
Que su madre haya sido española, que tenga nacionalidad peruana y hablé un español perfecto, es prácticamente latino, dando continuidad a nuestro querido Papa Francisco, que en paz descansa.
Me emocioné ver a tantos católicos felices, con sus banderas ( hasta de Puerto Rico), con júbilo, porque somos la iglesia universal y vamos pa’lante, en el nombre de Dios. Amén🙏❤️🙏.
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