Misael Pérez Prieto
Poeta, Ensayista y Crítico Literario
La poesía, en su dimensión más profunda, es un acto de confrontación con la temporalidad y la fragilidad humana.
Acorralado por el aguacero, obra de Ebrahim Narváez galardonada con el Primer Lugar en el 14to Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez del Municipio de Caguas, se erige como un testimonio lírico de la memoria individual y colectiva, un diálogo incesante entre el yo poético y las inclemencias del tiempo —literal y metafórico— que azotan la existencia. El poemario trasciende el simple ejercicio estético para devenir en cartografía emocional, donde cada verso es una brújula que oscila entre el pasado y el presente, entre la luz y la sombra, entre el anhelo y la pérdida.
Desde el título, Acorralado por el aguacero sugiere un estado de vulnerabilidad frente a fuerzas externas incontenibles. El aguacero no es solo una tormenta física; es el torrente de recuerdos, emociones y duelos que inundan la psique del sujeto lírico. En el poema “Lluvia de mayo”, se vislumbra esta poética de la reminiscencia:
“de pequeño / gustaba capturar / lloviznas al azar / de adulto / palpita la nostalgia” —una transfiguración del acto lúdico infantil en un espacio de introspección adulta.
La memoria, en este texto, no es un simple archivo estático, sino un ente dinámico que modela la identidad del hablante lírico. En “Velero”, el mar se convierte en un símbolo de lo inconmensurable y del viaje hacia lo inexplorado:
“furtivo velero / se mantiene a flote entre la carencia y el silente zigzagueo / del agua” —el velero es, al mismo tiempo, un refugio y un extravío, una metáfora del yo fragmentado que intenta encontrar su propio rumbo entre los vaivenes de la existencia. Aquí, la figura del agua como símbolo de lo inestable se perpetúa, consolidando un hilo conductor en la obra.
La carga simbólica de los elementos naturales —lluvia, mar, viento— es fundamental en la configuración estética del poemario. El hablante lírico, en su incansable búsqueda de sentido, recurre al paisaje como espejo del alma. En “Escena”, el poeta escribe:
“ayer observaba un pájaro elevar su vuelo deprisa / pareciera como si huyera del propio viento” —una imagen que encapsula la constante huida de uno mismo y la incapacidad de hallar refugio incluso en lo conocido.
Pero Acorralado por el aguacero no es únicamente un poemario sobre la memoria individual; es también una meditación sobre el colectivo y la herencia cultural. El poema “Vorágine” articula esta noción aludiendo al pasado como una carga ineludible:
“la vorágine es parte del pasado / el pasado es el aire suelto / esfumado / espeso” —una alusión a la incapacidad del ser humano de desligarse por completo de sus raíces y de los fantasmas históricos que lo acechan. Este enfoque conecta la obra con la tradición literaria puertorriqueña, donde la identidad insular se debate entre el olvido y la resistencia.
La poética del naufragio es otro eje vertebrador del libro. En “Coordenada”, el yo lírico admite su deriva existencial:
“la brújula intermite sonidos / en el fugaz juego de encontrarme” —una declaración de extravío y búsqueda simultánea que evidencia la tensión entre pertenencia y desarraigo. Aquí, el uso de la brújula como símbolo refuerza la metáfora del viaje interior y la necesidad de hallar un punto fijo en medio del caos.
La estética fragmentaria y la polisemia del lenguaje empleadas por el autor enriquecen el corpus poético, permitiendo múltiples lecturas y aproximaciones. Poemas como “Utopía” y “A viva voz” exploran la tensión entre lo real y lo imaginario, abriendo espacios para la reflexión filosófica sobre la utopía y la nostalgia:
“la utopía es la espuma que se exilia / por encima del oleaje / luego se evapora diluyéndose entre el agua” —una alegoría del ideal inalcanzable que, aun efímero, orienta la existencia humana.
Es innegable que Acorralado por el aguacero se alza como un referente contemporáneo en la poesía puertorriqueña, no solo por la maestría en la construcción de imágenes y metáforas, sino por la profundidad con la que aborda las interrogantes existenciales del ser humano: el paso del tiempo, la memoria, la identidad y el desarraigo.
Al recibir el Primer Lugar en el 14to Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez, esta obra consolida su valor artístico y su resonancia social, inscrita ya en el panorama literario como un testimonio de la poética insular y universal.
En conclusión, Acorralado por el aguacero no es un mero compendio de poemas; es un ejercicio de introspección colectiva, una odisea emocional que confronta al lector con sus propios naufragios y nostalgias. En tiempos donde la literatura busca nuevas voces que desafíen las convenciones formales y temáticas, esta obra emerge como un faro en medio de la tormenta, recordándonos que, al final, todos estamos —de algún modo— acorralados por nuestro propio aguacero.


Le faltó indicar quién otorga el premio y quién lo ganó… Nada.
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Añadido, gracias
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