Albizu: faro y Norte de la liberación de Puerto Rico

Nota del Editor: Discurso pronunciado por Antonio Camacho en la conmemoración del natalicio de Don Pedro Albizu Campos, el pasado 29 de junio de 2024.

Por Antonio Camacho

Sin lugar a duda , la figura de Pedro Albizu Campos ejerció una gran influencia en el desarrollo de mi carácter, particularmente en la realización de que hay valores humanos, como la libertad nacional, que trascienden la vida misma, y, mucho más importante aún,en la disposición al sacrificio por la defensa de esos valores. 

La figura de Albizu, de una manera u otra, ha moldeado mi forma de pensar y mi visión y ejecutorias en la lucha revolucionaria por la liberación de nuestra Nación Puertorriqueña.

Desde mi temprana infancia el nombre de Don Pedro Albizu Campos ha resonado en lo más profundo de mi conciencia.

En los años 1950 al 1955 tuve un vecino republicano que era el único en el vecindario que se daba el lujo de comprar diariamente el periódico El Mundo. Recuerdo, que cada vez  que publicaban alguna noticia sobre Albizu le pasaba el periódico a mi mamá y ella salía corriendo a compartirla con los otros vecinos. 

A mis 7 años, allá para 1952, Albizu visitó mi barrio, no sé  porqué motivo, pero aún recuerdo su imagen bajando aquellas largas y altas escaleras del cerro de Yauco y a la gente asombrada siguiendo cada uno de sus pasos. 

A finales de la década del 50, ya adolescente, llegaron a mi pueblo un grupo de personas, según supe venían de San Juan, se reunieron en la fonda del pueblo, y esparcieron sobre una mesa panfletos, libros y revistas.

Me quedé observándolos lleno de curiosidad. Y uno de ellos se acercó a mí, me dio la mano y me regaló un libro de su autoría, Patriotas Ilustres de Puerto Rico, por Ramón Medina Ramírez. Ese libro en gran medida marcó mi vida. Me acercó a nuestros libertadores: a Albizu, Ruiz Belvis, Antonio Valero de Bernabé y Betances.

Cuando murió Albizu el 21 de abril de 1965 yo cursaba mi ultimo año de escuela superior. No fui al entierro, pero recuerdo, como hoy, que me fui a caminar por el monte más arriba de mi casa. Para esos mismos días un líder del partido popular en el pueblo me había invitado a participar en un programa de radio de la juventud popular. “Tú puedes llegar bien lejos en nuestro partido”, me dijo.

Meditando en aquel momento mientras caminaba a través del monte, me hice las siguientes preguntas: ¿Quieres ser uno de esos políticos ingenuos que creen en la buena voluntad de un imperio que nunca como imperio puede honrar su palabra y menos aún respetar la voluntad de los pueblos bajo su dominio? 

¿Quieres ser un figurín político, un trepador, pescador de votos, voceador de falsas promesas como los que pululan en nuestro pueblo? O, ¿quieres pensar como un libertador, como pensó un hombre auténticamente libre como Albizu?

En ese momento decidí pensar como libertador. Porque un libertador puede caer en batalla como José Martí o asesinado por las fuerzas imperiales como Albizu Campos, Filiberto Ojeda o el Che Guevara; pero un libertador nunca es derrotado.

Los libertadores son el alma de sus pueblos y como ave fénix después de generaciones vuelven a reencarnar en la conciencia de su gente como reencarnó Sandino en Nicaragua; como reencarnó José Martí en Cuba; como reencarnó Bolívar en Venezuela; como reencarnó Túpac Amaru en Bolivia; como reencarnó Patricio Lumumba en el Congo. 

Desafortunadamente toma muchas generaciones para que fructifique en el alma de los pueblos la grandeza de sus mujeres y hombres heroicos. Pero un día Albizu reencarnará en la conciencia de nuestro pueblo, y ese día escucharemos por cada rincón de nuestra patria, “Yo soy Albizu, Yo soy Albizu”, y el imperio temblará. El día en que cada uno de ustedes se vea así mismo como un libertador, no como un ingenuo creyente en las bondades del imperio y en una supuesta democracia que en una colonia es solo una pantomima, un chiste de mal gusto; ese día nuestra dignidad como pueblo será recobrada y se iniciará el proceso irreversible de nuestra liberación nacional.

Albizu nos enseñó a hacer de la humildad una forma de vida; del valor, un hábito; del sacrificio, la reafirmación de la patria. Pero Albizu no es el maestro, no; Albizu es muchísimo más que un maestro; Albizu es la esencia del alma de nuestro pueblo; la encarnación de la dignidad humana.

La libertad de los pueblos no es gratuita, la libertad de los pueblos necesariamente se abona con sangre no con votos.

Albizu es el faro, es el Norte.

Como bien dijo Juan Antonio Corretjer: “Ningún luchador es derrotado. Solamente el que no lucha es derrotado”.

Don Pedro Albizu Campos.

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