JAIME TORRES TORRES
Periodista y Editor
PRENSA SIN CENSURA
Niños, muchos niños felices, incluso recién nacidos, recibieron regalos de los Reyes Magos en la octava de la Epifanía, celebrada en Cangrejos, en la casa de Teresa Fernández en la Calle Eduardo Conde, en Santurce.
No exageran los que afirman que las festividades se prolongan hasta el octavón de la bulla en la Calle San Sebastián. Y lo que sucedió en casa de Teresa es inequívoco referente.
Es una celebración estrictamente familiar y de amigos cercanos en la que el centro son los niños y los Reyes.
Bebida, picadera, comida y la música de DJ Jorge Pesado hasta la saciedad en un ambiente de camaradería y hermandad, lo que confirma que otro Puerto Rico aún es evidente.
“Les voy a pedir algo: usen las redes para que estén en contra del maltrato a los niños. Usamos las redes para enviar mensajes a todo el mundo. Usen esos contactos porque no se puede permitir en Puerto Rico el maltrato a los Inocentes; alguien que no se puede defender. Ustedes que son madres, abuelos y tíos, Puerto Rico es una isla hermosa y estamos fallando en lo más grande: los niños y los envejecientes. Usen las redes para sus contactos y díganles: ¡basta ya!”, dijo Teresa con la fuerza del espíritu que la sostiene, acompañada de su amada Familia, que integran Francis, Fátima, Yahaira, Jaime y otros simpáticos y agradables miembros.
Ningún niño se marchó con las manos vacías. Los tres jóvenes que representaron a Melchor, Gaspar y Baltazar repartieron los regalos y posaron para fotos, incluso con cuatro recién nacidos: Dante Valentín, Micaías Román López, Eladio Gabriel Dávila Jiménez y Joyce Benítez.
Tres viajeros
Del Oriente
Van buscando
Al Rey de Reyes.
Son tres sabios
De nobleza
Y a cobrar vienen
Una Promesa.
Y descienden
De lo alto
Y están pidiendo
Un aguinaldo.
Traen mirra
Traen oro
Traen incienso
Y otros tesoros.
Y se fijan
En la Estrella
Que les alumbra
La Noche Bella.
Una noble tarde, en la octava de Epifanía, de magia, fantasía y amor a raudales en la Promesa de Teresa, cuya colaboradora estrecha es la más grande y apasionada coleccionista de Reyes en Puerto Rico y el Caribe: la devota Rosín Ayala.
Se escucharon, intercalados, los aguinaldos de las Promesas de Jovino González y Julio César Sanabria.
La Promesa de Teresa, ocho días después de Reyes, se remonta al pueblo de Morovis, herencia de un ancestro africano adoptado por unos hacendados de este pueblo, Don Federico Cabrera ‘Manengo bá’, cuyo hijo Eusebio, patriarca de la familia y tatarabuelo de la anfitriona, celebraba la fiesta invirtiendo para esa época del pasado siglo la cantidad de $300, que hoy son un dineral.
En el relevo de generaciones su abuela Ramona Córdova siempre la celebró, hoy heredada por su sobrina Teresa y Jorge.
“Nuestro abuelo la hacía en Morovis siempre visitando diferentes casas. Morovis es el pueblo que se negó a morir. Toda la Isla, menos Morovis. En aquellos tiempos hubo una pandemia que afectó a todos los pueblos, menos a Morovis”, evocó Teresa, quien dedicó la Promesa a Guillermina Rodríguez, devota del misterio de la Epifanía fallecida en noviembre pasado.
Fue una Promesa, espiritual a veces, pero de mucha algarabía las más, que se prolongó hasta después del atardecer cangrejero.
Los niños irradiaban felicidad. Sus rostros dibujaron sonrisas y alegría. En su decimoctavo aniversario Teresa Fernández cumplió su Promesa.
En la Octavita de Reyes de 2025, aunque no esté, se asegurará que se celebre con el mismo compromiso de sus ancestros de Morovis, el pueblo de las tradiciones que ni se extinguen ni caducan porque palpitan, de generación en generación, en el alma de los Córdova y sus descendientes.
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La tradición se niega a morir en los brazos del colonialismo . Bendita la luz de Teresa , ejemplo de virtud y bondad. Benditos sean los niños .
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