EDITORIAL
Rhina M. Jiménez MS
Para Prensa sin censura
Siete son los cuatrienios que lleva el pueblo de Cayey con el alcalde incumbente, Rolando Ortiz Velázquez.
Sin embargo, los últimos tres han dado mucho de qué hablar, principalmente por la poca participación ciudadana en la toma de decisiones que afectan a los constituyentes del municipio.
Como todo asunto de índole político en la Isla, la percepción es más importante que la obra, porque así es que se atraen votos. Los ciudadanos perciben que se está “haciendo obra” cuando ven construcciones, carreteras embreadas o fiestas de pueblo.
Si un alcalde lleva pocos años al mando, el pueblo está mas pendiente de sus obras ya que de éstas depende su próxima elección. Pero, cuando un alcalde lleva casi 30 años de incumbente, es muy difícil definir los periodos de tiempo en que se supone haya cumplido con sus promesas de campaña.
De igual forma, el alcalde que lleva muchos años al poder, puede desarrollar la creencia de que es el jefe absoluto del pueblo. Esto lo puede llevar a tomar decisiones totalitarias, unilaterales y de legalidad cuestionable. Manipulando al pueblo con una perspectiva prejuiciada por sus decisiones, puede hacerles creer que cumple con sus promesas por el bienestar de todos.
El alcalde de Cayey ha perdido credibilidad y ya se está viendo afectada la percepción que el pueblo tiene sobre sus obras. Tomemos como ejemplo uno de sus modelos de “desarrollo urbano”: las rotondas.
Desde el 2010 el alcalde de Cayey ha recurrido a la práctica de expropiar terrenos para construir rotondas o ensanchar carriles con la excusa de implementar un sistema de transporte colectivo y aliviar el tránsito en la “ciudad”.
En entrevista publicada por El Nuevo Día en mayo del 2010, el alcalde Rolando Ortiz explicó el plan propuesto para justificar la expropiación del restaurante de comida rápida McDonalds: “Queremos que la ciudad tenga una nueva cara. Por ello se planifica erigir en ese lugar una torre de 200 pies, que tendrá un mirador y un centro de exposiciones itinerantes. Detrás de la torre se ubicarán varios establecimientos de comida, un estacionamiento y un centro de bicicletas que conectará con el sector San Cristóbal, donde se encuentra el teatro y el parque de béisbol. Mas adelante, se planifica establecer en el tramo final de la ruta de bicicletas un jardín botánico.”
El alcalde sostuvo que en ese momento “ya se cuentan con los planos para estas obras”.
Al día de hoy, casi 14 años luego de esa entrevista, no existe ninguna de las obras propuestas, las cuales probablemente justificaron la expropiación del restaurante. En su lugar hay un lote vacío y la intersección aledaña se sustituyó por una rotonda. Valga la pena mencionar que de todas las rotondas que se han construido o se planifican construir, es la única que cumple su propósito.
Sin embargo, no podemos ignorar el hecho de que el alcalde ha hecho expropiaciones y continúa haciéndolas, justificándolas con promesas incumplidas. Eso deja mucho que decir, cuando existe una ley que establece la importancia de demostrar el beneficio que adquiere la comunidad al expropiarse bienes privados.
Otro ejemplo, muy lamentable, fueron las expropiaciones de las familias residentes en la Avenida Fernández García en el 2014. La justificación en ese momento fue establecer un sistema de transporte colectivo. Al día de hoy, solo se construyeron dos carriles adicionales de aproximadamente 200 metros de largo que conectan a una rotonda ubicada en la carretera #1. El resto de los lotes donde se encontraban las propiedades ya demolidas, se encuentran vacíos.
Diez años luego de desplazar a casi 50 familias de sus viviendas, aún no hay un sistema de transporte colectivo. Solo hay un tablón gigante con la promesa de construir un “parque urbano”.
Los lotes vacíos que antes eran viviendas seguras para muchas familias, representan claramente la política pública de desplazamiento y gentrificación que caracteriza al alcalde de Cayey.
Basta con dar una vuelta por el pueblo para ver lo disonante de la obra del alcalde en los pasados 3 cuatrienios. Una plaza muy bonita, con aceras absurdamente anchas que impiden el tránsito en las calles que la rodean. El que quiera darle la vuelta a la plaza un fin de semana, tendrá que estacionarse y darla a pie, ya que las calles alrededor las mantienen cerradas al tránsito en las horas de mayor flujo de visitantes. Eso creó un problema de estacionamiento que el alcalde dice resolver, demoliendo estructuras compradas o construidas por el municipio con el dinero de los contribuyentes.
Estas estructuras albergaban oficinas municipales que se mudaron al edificio “Plaza Empresarial Municipal” el cual quedó vacante hace par de años. Cuando dichas estructuras colindan con propiedades privadas, el alcalde las ha expropiado y demolido con la justificación de crear estacionamientos adicionales. Sin embargo, existe un estacionamiento municipal multipisos a la entrada del pueblo que está abandonado y su uso es parcial.
Los más afectados por las expropiaciones y el desplazamiento han sido personas de la tercera edad, oficinas médicas y otros negocios necesarios para la comunidad en general.
Sin embargo, han proliferado los bares y restaurantes, algunos de ellos ya quebrados, debido a la percepción errónea de que el casco urbano cayeyano es vibrante y atractivo para el turismo interno.
Si hay algo que distingue a Cayey es el área de Guavate. Sin embargo, el alcalde no ha aprovechado su alto valor turístico, al concentrarse exclusivamente en el casco urbano. Otros ejemplos de las decisiones disonantes del alcalde han sido:
-La construcción de un nuevo complejo deportivo de voleibol cuando hay un Coliseo Municipal abandonado.
-Las propuestas de más rotondas y un parque para mascotas en áreas residenciales y comerciales del casco urbano que requieren expropiaciones de más viviendas y negocios.
-Una cancha bajo techo en medio del casco urbano, justo donde ubicaba la oficina de asuntos para la vejez.
-La remodelación del terminal para los trolleys que pocas veces se ven por el pueblo y que suponen ser el sistema de transporte colectivo.
-El cierre del Hogar de Ancianos Municipal, alegadamente para hacerle trabajos de remodelación.
Mientras tanto, los residentes de Cayey tienen que luchar para conservar sus viviendas seguras, ir a corte para evitar la otorgación de permisos de construcción en terrenos agrícolas protegidos, transitar en carreteras municipales llenas de cráteres, pasar semanas sin servicio de agua por las construcciones innecesarias en el casco urbano, adivinar todas las mañanas cuáles calles estarán cerradas al tránsito, tratar de disfrutar de los nuevos parques de futbol sin estacionamiento, aceptar la alta criminalidad, ver los locales de los centros comerciales vacíos y aguantar las inundaciones cuando el río La Plata sale de su cauce por causa de una carpa gigante.
Pero, siempre existe la esperanza de que el pueblo despierte y cambie su perspectiva. Porque así las cosas, cualquiera de nosotros puede recibir una carta de expropiación, perder nuestra propiedad por inundaciones o nuestro patrimonio por cemento.
Cayey no es una ciudad, mucho menos es “verde” como quieren que sea nuestra percepción. Si fuese así, sembraríamos árboles en el casco urbano y transformaríamos las estructuras municipales abandonadas en viviendas de bajo costo. Conservaríamos las cafeterías, oficinas médicas, farmacias, ferreterías, tiendas de conveniencia y los colmados en el casco urbano. Solo a pasos de las nuevas viviendas, para no depender de transporte público ni privado. Utilizaríamos el dinero asignado a las rotondas y los trolleys para suplir la energía eléctrica del casco urbano con energía solar. Se reduciría el flujo vehicular y las emisiones de gases.
Ese es el tipo de Cayey verde que queremos todos.
No queremos un cacique que lleve 28 años en un trono. Necesitamos un alcalde que reconozca las necesidades y el mandato del pueblo. Queda de los otros candidatos a la alcaldía, presentar medidas convincentes. Sin recurrir a promesas que dependan del sufrimiento del pueblo, la pérdida de nuestro patrimonio, ni el mal uso de nuestros recursos.
Galería (Fotos de Rhina M. Jiménez)











Los Campos perdidos En Barrio Quebada Arriba Sector Gorito mas de 25 Años no Embrean ese Barrio es Fantasma y El Alcade Tiene propiedades por Alli no Nada mas es El Pueblo los Campos Tambien Valen Hay Vive Gente Humilde y Personas Mayores y El Municipio Espropiando Edificios para dejarlos Perder que Lamentable
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