El hombre, ¿cáncer del planeta?

Nota del Editor: los crímenes ambientales en el barrio Islote de Arecibo se remontan a los años 60, como lo documenta un artículo del Dr. Enrique Laguerre publicado en la columna de opinión Hojas Libres en el diario El Mundo el martes 16 de febrero de 1965. El artículo fue hallado por Osvaldo de Jesús y tras la transcripción se comparte con los lectores de Prensa sin censura.)

Por Dr. Enrique Laguerre

Publicado por El Mundo

Supóngase Ud., habitante de los llanos de Arecibo, Barceloneta y Manatí, que, para espanto suyo y de sus vecinos, viera que el mar invade toda la zona y echa a perder sus siembras y mata la vida y lo arrasa todo. En ese litoral, el mar apenas tiene el freno de los arrecifes y bate con furia sobre las costas. En días de bravatas retumba con fiereza. En unos sitios lo detienen las formaciones madrepóricas y ceralíferas; en otros, “los muros de leve arena”…

¿Qué conceptos de belleza natural, de seguridad vital, de porvenir colectivo, tiene Obras Públicas? Puerto Rico estuvo, en gran parte hasta hace poco (en años geológicos), bajo el mar. El Gobierno ha iniciado la difícil empresa de rescatar las tierras salinas en Lajas; en esta misma zona de Arecibo, Barceloneta, Manatí, es decir en el Caño Tiburones. ¿No lo sabe Obras Públicas? ¿Cuántos siglos se tomó la Naturaleza en levantar dunas protectoras, en los alrededores de la Cueva de los Indios, solo para que la más desventurada ignorancia la destruya en unos meses y ponga en peligro toda una zona agrícola de Puerto Rico?

Aquí, precisamente, se ha “erigido” una “industria” en grande de extracción de arena. Aquí rugen la pala mecánica, los bulldozers, los camiones en desfile interminable. Ya están cayendo las palmas, los almendros, los pinos, los hicacos, los uveros… Y desaparecen las dunas. Suponte, puertorriqueño, que al mar se le abra una entrada hacia la rica llanura de Arecibo, Barceloneta, Manatí. (Más allá de una suposición, es ya casi una realidad).

¿No está gastando el propio Gobierno millones de dólares en la desalinación de Tiburones? ¿Persistimos en montar un espectáculo sensacional sobre la cuerda tensa del presente? ¿Para dar saltos mortales al porvenir?

Se cantan loas a la millonaria industria constructora de Puerto Rico. ¡Bien que la industria contribuya a facilitar hogar seguro a cada una de las familias de Puerto Rico! El concreto, en ese sentido, es una bendición; pero de eso a sembrar concreto a lo loco, a costa de los recursos naturales esenciales a la vida misma, a costa de la seguridad física del País, hay un gran trecho. Es realmente desventurado que no se hagan las edificaciones sujetas a la más sensata planificación; que se destruyan playas, árboles, agricultura, pájaros, fuentes de los ríos, para sembrar concreto; que se multipliquen las “formaletas”, sin proyección en el futuro; que unos cuantos hombres de la construcción sean un cáncer en este lugar del planeta, destruyendo, impune e irresponsablemente, los escasos tesoros de nuestra economía y de nuestra belleza natural.

¿Para quién se construirán las casas si se hace de Puerto Rico un país inhabitable? No se debe pensar solo en los beneficios inmediatos de la construcción, con haragana abstracción del peligro a que exponemos los recursos naturales esenciales del País. Precisa que acostumbremos nuestros actos a que se proyecten a una consciente intención de permanencia futura. La naturaleza nos está dando avisos ominosos.

El litoral que va de Arecibo a Barceloneta es uno de los más bellos del país. El mar es profundamente azul –por su hondura–; en los alrededores de la Cueva de los Indios hasta la cercanía de la pequeña rada de Barceloneta hay dunas de blanca arena. Sofrenan la furia del mar con la ayuda de los palmares, los pinos, los almendros, los hicacos, las uvas playeras. Hay belleza exuberante en todo el litoral. La Cueva de los Indios tiene un valor histórico. Pero, sobre todo, las dunas son el freno del mar. Desde ese lugar se inicia la llanura de Arecibo, Barceloneta, Manatí, una de las más ricas de la Isla.

El trabajo de Malén Rojas Daporta (EL MUNDO, 5 de febrero de 1965) nos pone al tanto de la trágica extracción de arena en Medianía, Loíza. Desde la madrugada hasta la noche trabajan la pala mecánica y los “bulldozers” y no para la ronda de los camiones.

Mientras tanto, amenaza el mar. Obras Públicas (EL MUNDO, 6 de febrero) dice que llevará el caso a la corte. Pero se advierte, en sus “explicaciones”, que anda irremediablemente extraviada. ¿Ha leído el Sr. Lizardi la opinión del Lcdo. Pedro Perea Roselló? ¿Tiene el Sr. Lizardi conciencia de las proyecciones históricas de su indiferencia? El MUNDO (8 de febrero) editorializa, y habla del “crimen contra las bellezas naturales” del país.” Pero no es sólo eso; el crimen mayor es que se compromete nuestra seguridad colectiva.

En EL MUNDO del 11 de febrero un vecino de Medianía, el Sr. Juan Suárez, echa toda la culpa a Obras Públicas. Son gravísimas las acusaciones que el Sr. Suárez hace. Eso aparte de que, ¿tiene el Sr. Suárez conciencia de su responsabilidad de puertorriqueño? En ese mismo número del periódico aparece la información de que los vecinos de la Costa Azul de Luquillo abandonan sus hogares ante las amenazas del mar…

Ok. ¿Cáncer del planeta el hombre? No es una frase del poeta o del novelista, no. Es expresión de un eminente científico inglés, Sir Julian Huxley. En su extenso artículo (Playboy, enero de 1965) se refiere específicamente al posible destino de la población puertorriqueña. Ya comentaré, para los lectores de Hojas Libres, el sensacional trabajo científico de Sir Julian Huxley.

Foto/Prensa sin censura

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