Escalofriantes casos de maltrato infantil

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

La amiguita de 10 años cubría su faldita con la sombrilla y le pedía que introdujera su dedo índice en sus partes íntimas.

En otra escalofriante historia, el padrastro se acostaba con la niña de 8 años y colocaba las manos de la menor en su miembro.

Otro caso espeluznante es el de seis hermanitos y primos menores de edad que “jugaban a mamá y papá” cuando los tutores los dejaban solos.

Y otra terrible historia de la vida real es la del padre que violó a su hija preadolescente y luego la prostituyó en un remoto barrio de la Cordillera Central.

Los cuatro casos tienen tres elementos en común: fueron atendidos y referidos por trabajadoras y trabajadores sociales comprometidos; la Policía ha respondido con lentitud y laxitud y son signos de la disfuncionalidad de no pocas familias en Puerto Rico.

“Los problemas de incesto son más viejos que el frío”, reaccionó de inmediato la Dra. Milagros Rivera Watterson, ex presidenta en dos ocasiones del Colegio de Trabajadores Sociales de Puerto Rico.

“Se sabe por la prensa, porque no me consta, que la unidad que brega con los casos de abuso sexual en la Policía tiene muchísimos casos atrasados. Un trabajador social que lleve un caso a la Policía y no se hace nada debe insistir con el Departamento de la Familia. El abuso sexual tiene unas connotaciones tan serias, porque se destruya la vida de ese menor, que es de intervención rápida”, abundó Rivera Watterson.

En el primer caso, la nena de 5 años le contó a su mamá lo que le hacía su amiguita en la escuela. Resultado: un director despedido y una maestra de kínder suspendida.

En el segundo, la nena se quejó a su mamá y esta radicó querella por actos lascivos y al hombre lo arrestaron.

En el de los niños que se iniciaban en actividades sexuales se acusó a los tutores de negligentes y los nenes fueron removidos del hogar.

Y en el caso de violación y prostitución de una menor, el agresor apareció sin vida en un matorral.

Estos hechos son una ínfima parte de lo insospechado que acontece tras las puertas de una casa. Desde maltratos, golpizas, violaciones y abusos sexuales hasta crímenes que destruyen la dignidad humana.

“A veces se dan hasta casos en las escuelas. En una escuela mi marido vio dos adolescentes teniendo relaciones sexuales en una escalera y cuando se lo dijo al trabajador social este le respondió que eso era común y normal en el plantel. No tenemos idea de las atrocidades que ocurren en los escenarios familiares de Puerto Rico, aunque el incesto y el abuso sexual son más viejosque el frío. Vecinos, padres, tíos, abuelos y hermanos mayores abusan de niñas y niños. Eso no se justifica, pero tampoco se atiende”.

Estos casos llegaron al conocimiento de Prensa sin censura porque los trabajadores sociales los revelaron en momentos en que se generaliza que su desempeño es mediocre.

La realidad es que hacen lo que está a su alcance. Donde se falla es en niveles superiores, a nivel administrativo tanto en el Departamento de la Familia como en la Policía, el Departamento de Justicia y, por consiguiente, la Administración de Tribunales.

“El trabajador social a veces refiere 10 y 11 veces y no se hace nada. Se debe desburocratizar a las agencias que deben atender los referidos de maltrato y abusos que reportan y hacen los trabajadores sociales. Son injustos con la trabajadora y el trabajador social. Urgen de mejor salario, recursos y condiciones de trabajo. El trabajador social está solo”.

Respecto a la criminalización del trabajador social, Rivera Watterson aclaró que es injusto generalizar que el maltrato y sufrimiento de los niños es resultado de las deficiencias e inacción de dichos profesionales.

“La realidad es que los trabajadores sociales atienden un promedio de 40 casos mensuales sin ayuda donde ellos tienen que entrevistar no solo al niño afectado, sino a todos los miembros de la familia, a otros parientes y vecinos para poder recopilar la información necesaria y preparar un informe para el tribunal. Eso toma horas de trabajo. A veces terminas una intervención a las 3 o 4 Am porque también llevaste al menor al hospital”, explicó.

Los menores de los cuatro casos de la vida real documentados en este reportaje terminaron en el hospital y en oficinas de consejeros y sicólogos.

“En ese proceso no tiene ayuda como años atrás, porque no hay asistentes, no hay secretarias y ellos mismos tienen que preparar los informes en computadora; no hay choferes para las remociones y usan sus carros. Además, hay casos complicados. Por ejemplo cuando es abuso sexual bregan unas unidades especializadas y si estas no hacen los estudios el trabajador social no lo puede probar”.

El protocolo al remover a un menor de su hogar es igualmente complicado, además de traumático y doloroso.

“A veces el trabajador social tiene que remover al menor por protección, pero para tener donde ubicarlo debe estudiar una familia inmediata que lo pueda recibir en su casa y eso toma tiempo. Cuando determina que esa familia inmediata no es el recurso tiene que llevarlo a un hogar de crianza y no siempre tienen disponibles. En muchas ocasiones ese menor lo tienen en la oficina esperando. Le compran almuerzo de su dinero y lo atienden hasta que resuelve. Es un trabajo estresante y agobiante”, concluyó Milagros Rivera Watterson, profesional del trabajo social con más de 40 años de experiencia.

Si sabe de un caso de abuso de menores llame al 787-343-2020.

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