Lcda. Zulma Olavarría del Carso
Para Prensa sin censura
No pocos se preguntan: “oye… ¿quién está infectando a quién?
Recordarán que al principio de esta llamada pandemia el gobierno le compró las pruebas a un contratista. A uno que construye proyectos, pero ¿qué sabía ese de pruebas? Nada. ¿Y de medicina? Tampoco y mucho menos de cómo se maneja una pandemia. Pero le pagaron miles y luego resultó que las pruebas no servían y así comenzó esta «tragi-comedia», como le llamaron los políticos en aquellas muy sonadas vistas de la legislatura para investigar la compra-venta de pruebas por $38 millones que en nada quedó y para nada sirvieron.
Evidentemente quedó demostrado con esta acción como han manejado esta pandemia desde el principio sin ningún tipo de compromiso claro y definido por la salud del pueblo y sí por los intereses económicos de unos pocos.
Luego comenzó la repartición de las pruebas de antígeno a diestra y siniestra que hasta los tamarinos adiestrados las hacían por cuanta esquina había y claro, entre col y col, una muestra de PCR por aquello de que no se diga más.
Las pruebas son una de las herramientas para diagnosticar la enfermedad de Covid-19, pero ¿qué otros criterios utilizan para manejar, controlar, identificar focos de infección, medir niveles de contagio y evitar la propagación del virus?
Todos estos indicadores son igualmente importantes para lograr controlar y manejar de la manera más apropiada esta situación que tanto ha afectado la salud mundialmente.
Acto seguido de las pruebas llegan las bien o mal llamadas vacunas y es entonces que comienza otro peregrinaje o vía crucis que no sé cuál nombre le va mejor. Eso dependerá de la situación particular de cada cual pero así es.
Vuelve a bajar y subir el telón y aparecen órdenes ejecutivas por un lado y administrativas por el otro y con ellas las restriccciones y violaciones de derechos para unos y libertades para otros.
Es en este escenario que los vacunados podrán entrar a salas de conciertos, cines, restaurantes, actividades multitudinarias en espacios cerrados, lugares de diversión, facilidades de salud, iglesias, etcétera.
Mientras que a los no vacunados no se les permitirá entrar a ninguno de esos mencionados lugares y otros más. Claramente queda demostrado que a los no vacunados se les ha limitado y privado el acceso a todo lugar, tan es así que hasta algunas iglesias les han privado de poder reunirse en libertad ya que se unieron a tales restricciones y le requieren a sus feligreses vacunación para entrar como si esto fuera la taquilla para ganar el reino de los cielos.
Vamos a detenernos un instante y analicemos bien esto: si el no vacunado no puede entrar en ninguno de los lugares enumerados y otros más que hallamos pasado por alto y solo es bien recibido en su casa o en su lugar de trabajo presentando una prueba negativa contra el covid, ¿qué peligro representa esa persona no vacunada? Ese resultado negativo del no vacunado significa cero infección, cero contagio y cero foco de infectar a otros. Entonces, ¿cómo es posible que sea el no vacunado el único responsable de transmisión del virus?
Esa persona no vacunada con un resultado negativo no es posible que sea la amenaza o riesgo inminente que contribuya a la propagación del virus.
Por otro lado, son demasiados los vacunados -por no decir que todos- que creen y piensan que con la inoculación ya adquirieron la licencia y contraseña para viajar, festejar, celebrar, brincar y saltar, celebrar actividades multitudinarias en espacios cerrados sin ningún tipo de distanciamiento físico y a veces hasta sin mascarillas.
¿Eso no implica un riesgo de contagio o acaso a los vacunados no les puede dar Covid? Claro que les puede dar y también pueden contagiar a otros aun con su vacu-id…
La única exigencia para los vacunados es presentar su tarjeta de vacu-id y ya alcanzaron la entrada y acceso a cualquier lugar y parte del mundo como si a ellos no les diera Covid.
Pues, ¿saben qué? Se contagian igual; lo transmiten igual y tristemente se mueren por igual. Miren el lamentable deceso de Colin Powell, con todas las vacunas y murió de Covid. Se les debería exigir una prueba negativa como la exigen al no vacunado ya que no están exentos de contraer el virus y de infectar a otros y más en aquellos lugares y espacios cerrados donde se agrupan miles de personas, tan es así que esto ha sido reconocido y señalado por las agencias federales y la Organización Mundial de la Salud.
Muy tristemente tenemos que señalar que aún para recibir servicios de salud al no vacunado se le exige y requiere una prueba con un resultado negativo contra el Covid. Entonces, ¿quién se está cuidando de no contraer la infección? ¿Quién vive con tantas restricciones y limitaciones? ¿Quién verdaderamente se está protegiendo y cumpliendo con las debidas medidas de prevención y precaución? Sí, es el no vacunado quien se está protegiendo, cuidando, limitando, restringiéndose y cumpliendo con lo que las órdenes establecen.
Utilicemos nuestro criterio justo; el más alto sentido común e imparcialidad y hagamos juicio para determinar el veredicto de quién está infectando a quién.
(La autora usa un seudónimo para proteger su identidad y evitar reprimendas y persecución.)

