Historia de una sobreviviente de cáncer

Lcda. Yolanda Rodríguez

Para Prensa sin censura

Una vez alguien dijo: “Que la vida es lo que sucede cuando hemos planeado otra cosa”.

Durante el 2018 me encontraba llena de vida y disfrutando de la misma. En ese tiempo me había mudado junto a mi madre a Coamo, pues mi abuela quien contaba con 99 años de edad había sufrido una fuerte caída que ocupaba nuestro tiempo y la de mi familia materna.

Una noche mientras me disponían a dormir, noté un bulto bastante grande en mi seno derecho. No le presté mucha atención pues tres años atrás quien fuera mi ginecóloga, me había dicho que no me preocupara, pues era un bulto en mi seno lleno de agua y que a menos que creciera no había problema. La doctora no me realizó en aquel momento ninguna biopsia.

Así las cosas, continué mi vida. Para ese mismo mes, tenía pautado a un viaje a California para asistir a la boda de mi sobrino y pospuse mi chequeo del seno.

Al regresar a Puerto Rico y a insistencias de mi hermana, recurrí a una amiga ginecóloga de mi infancia y ella me ordenó los correspondientes exámenes.

A los pocos días, mi amiga ginecóloga me llamó indicándome que del lugar donde me hicieron las pruebas; la llamaron porque los resultados indicaban que la masa era sospechosa. En ese mismo instante, deduje que algo no andaba bien y que probablemente, daría positivo a cáncer.

Me realicé las biopsia y al estar en la consulta con la cirujana, èsta me indicó que la biopsia reflejó que había dado positivo. Lo tomé con calma, pero al ver la cara de mi madre que se había desencajado, al escuchar lo que la cirujana decía, no me dio tiempo para ponerme a llorar ni a lamentarme. Respiré profundo y en ese mismo instante, le dije a la cirujana que quería ver a una oncóloga. Y así fue. Sin cita previa, llegué hasta el Centro de Cáncer para la Mujer de la Dra. Ana Dimarco. Ella me explicó mi cuadro clínico y cuál sería el tratamiento. En aquellos momentos no pensé en mí, sino, en la responsabilidad que tenía de que mi familia no se viniera abajo.

No tuve tiempo de pensar en la muerte, sólo en comenzar mi tratamiento lo más pronto posible.

Se me advirtió que con las quimioterapias se me caería todo el cabello. En ese aspecto, estuve en negación. Afortunadamente ese hecho pasó estando yo en una hospitalización por complicaciones del propio cáncer. Mientras se me caía el cabello, yo guardaba los mechones en una gaveta de mi habitación del hospital. Hasta que una doctora internista me vio y me dijo: ‘ pero que estás haciendo’. Te haces daño”. Tomé conciencia y acto seguido, llamé a mi madre para que me trajera una afeitadora. Ese proceso lo tomé casi como una diversión pues mi madre siempre quiso ser peluquera y empezó a darme varios estilos en el cabello.

Hicimos una sesión de fotos con mi nuevo look. Era la única forma de sobrellevar ese momento.

Mientras estuve internada en el Hospital, me conecté a YouTube y me hice experta en el uso de pañoletas. Mi intención era que la gente se fijara en mi cabeza cubierta por pañoletas y no en mi cara.

Es ese proceso tuve muchas complicaciones, agua en los pulmones. Neumonía y agua alrededor del corazón. Esa última complicación, me hizo pensar en la muerte por primera vez. Afortunadamente luego de otra hospitalización, pudieron desaparecer el agua en mi órgano.

Las salas de emergencías de los hospitales se convirtieron en casi mi hogar. La peor parte se la llevó mi madre que a su edad tenía que cargar conmigo. Tuve mis encontronazos con algunos médicos poco empáticos conmigo que cuando yo llegaba para que me dieran los medicamentos para el dolor; uno de ellos se atrevió decirme: ‘Si había venido a curarme’, si, como una adicta. Se podrán imaginar lo que provocó en mi que pedí hablar en ese momento con el Director Médico de ese Hospital.

También tuve gratas experiencias con médicos con una gran empatía conmigo y que me trataron con mucha sensibilidad y responsabilidad.

Lloré mucho en mi proceso, pero jamás le recriminé a Dios por lo que me sucedía. En vez de decir porqué, decía para qué?

En ese proceso aprendí que tenía tantas cosas materiales que ante el cáncer no tenían valor alguno.

¿Lo que me mantuvo viva? las oraciones de mi gente y el amor infinito. Además, de cómo lo abordé. Me entregué a Dios y a la medicina.

Y que decirles de la mastectomía radical. Es duro despertar y darte cuenta que no cuentas con una parte de tu cuerpo. Es un proceso lento de aceptación que finalmente aceptas como tuyo. Tuve mi reconstrucción, pero la aceptación es paso a paso.

Si yo pude salir adelante, muchas y muchos lo pueden hacer también.

No sé si hoy soy una mejor persona, pues sigo siendo la misma. Lo que cambiaron fueron mis circunstancias y mi manera de ver la vida. Siempre digo que después de un cáncer nada te parece grande y le pierdes el miedo a decir las cosas y llamarlas por su nombre.

Se puede vivir con cáncer. No debe ser un tabú ese tema. Hay que hablarlo y compartirlo pues es parte de la sanación espiritual y física.

Hoy llevo tres años en remisión y sigo tomando mis medicamentos de prevención.

Nada ocurre por casualidad. Dejé temporeramente mi carrera pública de abogada, pero he tenido la oportunidad de explorar otras destrezas que Dios me ha regalado. La vida útil de cada ser humano, termina si lo permitimos.

Y finalmente, de ahí la importancia de la concienciación y de la prevención a tiempo del Cáncer de Seno.

¡Dios los bendiga!

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