La realidad de nuestros ancianos durante la pandemia

Mayra S. Ortiz Tapia, Gerontóloga Clínica

Para Prensa sin censura

Estar lejos de nuestros padres, hermanos, hijos u otras figuras significativas es algo que, en ocasiones, nos vemos obligados a hacer de manera forzada por factores como el trabajo o la emigración en busca de oportunidades.

Lo que nos ha tomado fuera de base provocando grandes agravios ha sido que en nuestros planes no imaginamos que al inicio de la tercera década del Siglo XXI una crisis y desastre humanitario cambiaría el curso de todas las vivencias y experiencias de la humanidad.

Se le añade otra epidemia no menos relevante: la de la tristeza, el desconsuelo y el estrés de tener lejos a muchas de las personas que amamos. Este es un dolor extraño y antinatural que cuesta comprender y que, en muchos casos, abre un fenómeno nuevo para el que no estábamos preparados. El impacto y efectos de la estabilidad emocional aún siguen sin poder evaluarse en términos de efectos y consecuencias desde la perspectiva de salud pública. Aún continuamos ante la urgencia de aplacar y contener los efectos de la pandemia clínicamente.

Hemos de lidiar mejor con esta situación actual de distanciamiento físico, en la cual aún teniendo cerca a padres, abuelos y hermanos no tenemos acceso físico a ellos. La incertidumbre y los cambios constantes, someten a buena parte de los miembros de esa unidad familiar a una serie de impactos negativos muy concretos: Aumento del estrés y ansiedad. Aumento de la sintomatología depresiva. Dificultades para dormir y cambios en patrones de sueño. Alteraciones en la alimentación. Degradación y declive de las enfermedades crónicas.

El segmento poblacional más afectado en el contexto de la Pandemia por COVID-19 es sin duda los niños y los adultos mayores en fragilidad. El aislamiento es una gran fuente de estrés, en especial, para los adultos mayores que están solos.

Por otro lado, aparece y agudizan los posibles conflictos entre hermanos. Este fenómeno se relaciona, precisamente, con la atención de los padres mayores. Así, mientras unos son estrictos y cuidan en todo momento de las medidas de protección para no ponerlos en riesgo, otros hermanos son menos restrictivos y conciertan comidas y reuniones más estrechas con ellos. Igualmente con demasiada frecuencia la atención y apoyo carece de sistemas y estructuras de sana gobernanza para salvaguardar el bienestar de los adultos en fragilidad y vulnerables.

Algunas estrategias para cuidar de la relación familiar en la distancia física

El fundamento de todas nuestras acciones es salvaguardar la seguridad de uno mismo y de los nuestros. Teniendo ésta consideración como base, es bueno tener en cuenta lo siguiente:

* Estar separados físicamente no implica estar distanciados emocionalmente. La conexión diaria mediante el apoyo que nos permite las nuevas tecnologías es esencial.

* Igualmente importante es la responsabilidad de unos familiares sobre otros y también, la capacidad de llegar a acuerdos. La preocupación cotidiana de unos sobre otros no parte solo de si nuestro familiar necesita algo. Más relevante y trascendental es conocer cómo te sientes HOY. Debemos recordar que más allá de las necesidades materiales están las preocupaciones emocionales.

* Por otro lado, es necesario que tanto hermanos como padres e hijos sean capaces de ponerse de acuerdo en cada actuación. La distancia física es a veces un generador de malentendidos e incongruencias. Establezcamos pautas a seguir, sobre todo teniendo en cuenta el apoyo, atención de quienes identificamos y reconocemos más vulnerables.

Es fundamental concienciar a la familia y la sociedad de no fomentar el aislamiento y la estigmatización. Se debe seguir ampliando la visibilidad y el respeto de los adultos mayores. Ellos ya han pasado, y superado, muchos acontecimientos adversos a lo largo de su existencia y tanto nos han enseñado.

¿Cuáles factores hacen vulnerables a las personas mayores al enfrentarse a la Pandemia por COVID-19? Veamos.

La ansiedad y el miedo

Estas pueden sentirse igual, estando sólo como acompañado, ya que son emociones que surgen de la sorpresa y la incertidumbre, pero se intensifican más, si no tenemos con quien compartirlas. Estas emociones surgen, por un lado por el aspecto sorpresivo y no anticipado o prevenido adecuadamente de esta situación sobrevenida mundialmente y, por otro lado, por lo desconocido que resulta esta experiencia para todos.

La ansiedad y el miedo se pueden presentar en forma de negación;: me cuesta centrarme en lo que hago, tengo dificultad para tomar decisiones; evitar a contactos y contagios, aumentando la espiral de aislamiento, y la sobre vigilancia a todo lo que pueda representar una amenaza con niveles elevados de activación que pueden traducirse en dificultades para iniciar o mantener el sueño, agotamiento, pesadillas. Estas emociones son adaptativas a la situación que estamos viviendo, pero se han agudizado más en las personas mayores, por su gravedad al presentarse con patologías previas.

En este sentido, el miedo es una emoción que nos avisa de un posible peligro (contagio por Covid-19) y nos lleva a movilizar los recursos para hacerle frente. En niveles medios de intensidad, el miedo es completamente beneficioso. Se convierte en disfuncional cuando esta emoción se produce por defecto o por exceso, pudiendo llevar al bloqueo o al aislamiento disfuncional.

Soledad y Aislamiento

Una de las consecuencias del Covid-19 ha sido agravar la soledad no deseada de las personas mayores, convirtiéndolo en un problema global de salud pública. No olvidemos cómo describe la soledad, aunque hay más posibilidades de sentirse solo si no se tiene compañía, pero no necesariamente esto va de la mano, porque se puede sentir uno solo estando rodeado de gente.

Otro aspecto que ha resaltado en esta pandemia es la dificultad de acceso a las nuevas tecnologías, así como la discriminación que se ha producido en algunos casos en el acceso a la atención médica, y por ello la importancia de seguir trabajando en políticas y estrategias como la prevención y la colaboración, que conforman y fortalezcan el apoyo social.

Recursos y fortalezas al afrontar la pandemia:

La base como modelo de atención centrada en la persona pondera capacidades e historia de vida, valorando:

* Mantener las rutinas o el ajuste de las nuevas a aquellas que ya desarrollaba con anterioridad al confinamiento. Esto reducirá la desorientación y la sensación de falta de control.

* La actividad física, la alimentación sana (reforzar y asegurarse que se alimentan y consumen los alimentos necesarios) y el sueño reparador, todos estos aspectos forman parte de ese fortalecimiento biológico que conforman y promueve la buena salud. Por lo cual propiciar un programa de rutinas con actividades diarias de actividades como yoga, paseos por la casa o estiramientos en la silla, producen muy buenos resultados.

* Dentro de ese programa de tareas y rutinas diarias y semanales, establecer actividades para manejo de ocio adaptadas a sus capacidades, fortalezas, educación y línea de vida: utilizar el manual de ejercicios prácticos para estimulación cognitiva y reminiscencia (www.sigapr.com), lo cual ayuda a reconstruir su vida dando sentido y reforzando toda su historia vital: reminiscencias y recuerdos vitales, como ver las fotografías gratificantes en los álbumes de momentos vividos y revivir y describir esas escenas, expresando lo que se siente al hacerlo. Además lectura de libros, películas que hace tiempo que no se veían y comentarlas posteriormente por teléfono con los amigos y vecinos.

* Fomentar la red de apoyo: llamar cada día a un amigo o familiar de listado de contactos telefónico.

* Acompañarles en la gestión de sus pensamientos y creencias en la adaptación a la nueva situación, de acuerdo a sus necesidades, aquí es básica la comunicación y la importancia de la escucha activa y el establecimiento de silencios, en las conversaciones diarias que se vayan desarrollando. Validando los sentimientos y promoviendo de manera positiva acciones proactivas. Desarrollando y regulando la inteligencia emocional: escribir en un diario las emociones experimentadas y las sensaciones en el cuerpo, legitimando todas ellas. Si es necesario requerir ayuda de un profesional especializado en salud mental.

* Desarrollar Fortalezas Personales, de acuerdo a su educación y cultura: espiritualidad, aceptación, agradecimiento y perdón, entre otras, a través de los diálogos personales diarios y la escritura de cartas o narraciones manuscritas.

* Ayudan a la práctica de la Atención Plena visualizaciones o ejercicios de relajación y respiración, que ayuden a disminuir la activación fisiológica.

* Si han sufrido una pérdida (de la pareja, hijos, amigos…), es esencial acompañarles en la elaboración del duelo, respetando su sensación de vacío y facilitando su expresión emocional. Si fuera necesario solicitar apoyo y ayuda de algún Tanatólogo(a) en SIGA PR lo podemos ayudar.

El envejecimiento de la población es un éxito o logro de la salud en general y de la salud pública en particular. El enfoque vital, que más prevalece en dicha concepción, es el modelo biopsicosocial, donde se potencia todas las capacidades de la persona desde esos tres ángulos, de manera equilibrada y exitosa (Fernández-Ballesteros, 2009).

La autora es especialista en Salud Pública, gerontología y geriatría en Centro Servicios Integrados Gerontológicos y Apoyo Familiar/ SIGA PR 787-998-3788 http://www.sigapr.com

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