Geopolítica–Opinión
Segundo y último artículo.
Por Antonio Camacho
Para Prensa Sin Censura
En Estados Unidos el sionismo sufraga las campañas políticas de la mayoría de los senadores y legisladores de la nación, y con su control sobre los medios, neutraliza, destituye o destruye cualquier oposición.
Los agentes del lobby sionista tienen el privilegio de la doble ciudadanía -israelí-americana-. Esto les permite fungir, con grandes ventajas y la protección de cualquier acción legal en su contra, como lobby nacional y evadir de esa manera las leyes que regulan los lobbies extranjeros.
En este momento histórico, el imperio estadounidense está pasando por el momento más crítico de su historia. Su evidente decadencia y guerra contra Irán, un contendor como jamás había enfrentado, amenazan su existencia como imperio. Sus efectos en la estructura de poder, economía, política y cohesión social ya son notables.
Todo indica que el impacto de esta crisis caerá con mayor fuerza sobre la clase trabajadora. Contrario a periodos de crisis anteriores que, ante el temor al comunismo bajo la influencia de la Unión Soviética, el gobierno federal implementó un sinnúmero de programas de asistencia social para amortiguar los efectos nocivos sobre los desempleados, en estos momentos no existe en la élite derechona gobernante la mentalidad de ayudar a los pobres. Su fanatismo de clase los insensibiliza ante el sufrimiento del pueblo-, tampoco existe la necesidad, – “el peligro comunista fue destruido”-.
Además, aunque existiera la disposición del gobierno central de ir al rescate de los trabajadores, el déficit presupuestario, la deuda nacional, el incremento de los intereses a pagar por la deuda, el gasto militar, la decaída económica, inflación y el debilitamiento del dólar por la pérdida del control del petróleo de Oriente Medio, incapacitan al gobierno federal de poder implementar programas efectivos para hacerlo.
Donald Trump, independientemente de las malas ejecutorias, evidente insanidad mental, autoritarismo de dictador sumado al acelerado deterioro de las relaciones con sus otrora aliados, imagen nacional, proyección de fortaleza militar-económica y que los demócratas ganen las elecciones de medio término, seguirá siendo el candidato del lobby sionista. Lo que hace muy improbable que los demócratas de ambas cámaras junto a los republicanos descontentos con su presidencia estén posibilitados de tomar cualquier medida en su contra.
A diferencia de los políticos de turno, los altos cuerpos militares no dependen de elecciones, sus puestos no son electivos, por lo que no están sujetos al lobby sionista. Además, su nacionalismo y juramento de honor antagoniza con la influencia israelí en el gobierno.
Ante los despidos inusitados y en gran medida injustificados de generales y otros oficiales de las fuerzas armadas, ¿hasta dónde se puede seguir siendo fiel a la “legalidad democrática”? Máxime cuando el presidente Trump y el secretario de defensa Pete Hegseth son dos incompetentes patanes que han demostrado con sus acciones un total desprecio por la tradición militar y por el conocimiento y experiencia acumulada de oficiales que han dedicado toda una vida a servir al país. Sin lugar a duda, esa dinámica crea inseguridad, descontento, frustración y, en particular, un profundo sentimiento de desmoralización en las fuerzas armadas.
El almirante retirado de cuatro estrellas de la Marina de EEUU, William McRaven expresó lo siguiente sobre Donald Trump: “Con sus acciones, nos ha avergonzado ante nuestros hijos, nos ha humillado en el escenario mundial y, lo peor de todo, nos ha dividido como nación”.
Cuando se acelera la decadencia de un imperio, se debilitan las estructuras políticas, se dispara el descontento popular y todo conduce al caos. Una coyuntura de esta naturaleza despierta en los militares la urgencia de tomar el poder de la nación; urgencia que es alimentada por las clases altas y otros elementos de extrema derecha que en momentos de grave inseguridad social ven a las fuerzas armadas como la única salvación nacional.
El “puppet” dictador sionista nos arrastró a un callejón sin salida, nos arrastra a la muerte, “nos arrastra a una guerra nuclear”, es la expresión en boga entre los soldados rasos hasta los más altos cargos. “Hay que sacar a patadas al loco presidente sionista”, según soldados activos, es otro estribillo que circula, entre las tropas en los pasillos, oficinas, recesos, barracas, clubes y otros lugares de reunión.
Sin lugar a duda, los fundamentos políticos están determinados por las circunstancias, particularmente económicas; cambian radicalmente esas circunstancias y cambian los fundamentos políticos. Con la justificación de la crisis sistémica y la marcha y ocupación del Congreso, Trump rompió la tradición constitucional en EE. UU. ¿Qué impide que en un futuro no muy lejano los militares escalen la situación y tomen el poder?
La república “democrática” de Roma igual que la república “democrática” de Estados Unidos pasó por diversas transformaciones significativas en su desarrollo hasta culminar en el caos que dio paso a la dictadura de los emperadores locos y depravados como Calígula y Nerón y a la eventual desaparición de Roma como imperio.
Cuando las tropas de un ejército pierden la confianza en que los mandos superiores están tomando las mejores decisiones, la insurrección está a la vuelta de la esquina. Los mandos superiores en EE. UU. están realizando las más desastrosas decisiones. Una supuesta tregua por dos semanas de no agresión no es el final del conflicto. Esperemos a ver el desenlace.

