Geopolítica-Opinión
“El contenido de la esperanza es el profundo convencimiento de que algo tiene sentido, sin importar cómo acabará resultando. Su sitio está en la trascendencia”.
Byung-Chul Han
Por Manuel Ludueña
Para Prensa Sin Censura
Las demandas multitudinarias en todos los continentes por incumplimiento de derechos consagrados, ante el accionar impiadoso de algunos Estados, año tras año deslegitiman los acuerdos sociales, en tanto destruyen modos de vida blandiendo supremacías armadas.
No es ese el mundo a qué aspira la humanidad de la paz y la convivencialidad. Queremos ser con todos, no desintegrar a otros. Somos naturaleza, nos realizamos en ella, no en la muerte.
Conquistas Monárquicas
Si la conquista de Abya Yala fue el estigma de una modernidad monárquica que sometió culturas y civilizaciones mediante la opresión, el saqueo y la deshumanización racial en creencias afines para justificar su dominación, la formación de los Estados, con el sustrato de la modernidad, uniforma y acelera criterios de representación que se auto legitiman y segregan. En ambos casos, con sistemas de seguridad de auto protección de las elites y de desigualdad sociocultural.
Las guerras y conquistas territoriales medievales de las monarquías europeas dieron lugar a acuerdos, entre ellas, de sometimiento militar y económico de enriquecimiento para la distribución de los continentes de Abya Yala y África y de costas e islas de Asia. Actuaron como auténticos escuadrones de la muerte sobre formas de vida pacíficas, con sistemas de defensa de baja intensidad y de resistencias por la subsistencia.
Solo interesa la reposición de armamentos, la reconstrucción inmobiliaria y los vaivenes de las bolsas de comercio como maquinaria para convertirles en negocios, en enriquecimiento, siendo la población civil la principal víctima por muertes, sometimiento, precarización, aumento de precios y nuevos endeudamientos extorsivos.
En ese ámbito se dan lugar -tres siglos después de la supremacía de las monarquías- nuevas formas de organización, producción y acumulación de la riqueza, que prosiguen con el mismo patrón de dominación. Así, los Estados de la modernidad tienen ambas supremacías -monárquicas y de los nuevos modos de producción-.
Conquistas Geoeconómicas
Si las monarquías se organizaban en base a decisiones de imposición en sus dominios, la representación hace lo propio en los Estados Modernos, con la diferencia de estructurar, estos últimos, sistemas normativos de creciente incumplimiento, con clara predisposición a la aplicación de regímenes de Excepción. Profundizado en estas últimas décadas acciones internacionales “sin reglas”. La “globalización” unipolar con lugartenientes de representantes estatales del racismo de la “blanquitud” deshumanizan pueblos y culturas con las deidades del enriquecimiento ilícito.
La lógica de la rentabilidad, basada en la financiarización, el productivismo ilimitado y la concentración, se desacopla de todo principio ético con la vida. Son los Estados, desconociendo a sus propias poblaciones e implicándolas en aceptar la desigualdad entre sociedades, que solo gestionan para la lógica de la acumulación.
Leviatán y la Caja de Pandora
Está liberado el monstruo del Leviatán que transita despiadadamente con la ciencia de la muerte, los armamentismos del exterminio, estimulando la “persuasión” atómica de 9 a 25 Estados, o más, en todos los continentes, el devenir de la autofagia, la artificialidad “inteligente”, en tanto asolan las criaturas fantasmagóricas de Pandora: pestes, guerras, aumento de la temperatura y el deshielo global, las migraciones y matanzas masivas.
Las guerras no nos representan
En la última década el gasto militar de los Estados creció, año a año, aproximándose recientemente a U$S 3 billones. Destinado a equipamientos y la profesionalización de, estimativamente, 20 millones de efectivos. Así como, una fuerte renovación tecnológica y el desarrollo de sistemas no tripulados, de armas de destrucción masiva y para uso en el espacio.
En esta década se estima que hay un aumento significativo y concentrado de víctimas de las guerras (en Siria, Yemen, Ucrania, Etiopía, Gaza) con relación a la década anterior. Es significativo resaltar que el armamento es cada vez más letal, con conflictos de alta intensidad, estrategias híbridas y asesinatos automáticos (IA), en su mayor parte en ciudades y afectando más a víctimas civiles.
La violencia contemporánea puede alcanzar niveles de destrucción humana comparables -en número, no en el mecanismo- a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
Los muertos nucleares fueron aproximadamente entre 150.000 y 220.000, en tanto se estima que en Siria fueron más de 400.000 muertos, en Etiopía más de 300.000 muertos, en Yemen más de 150.000 muertos, en Ucrania cientos de miles e igualmente en Gaza. Es decir que, varios de los conflictos recientes superan ampliamente el impacto humano de una bomba nuclear, aunque distribuidos en meses o años. Asimismo, la diferencia clave es que el efecto ambiental persistente es menor, pero la devastación social, demográfica y territorial es igual o mayor. Revelando una gran falsedad: la disuasión nuclear no impide las guerras, solo desplaza la violencia hacia formas de asesinatos instantáneos por datos(Gotham), cobrando cada vez más número de vidas y de destrucción de edificios, equipamientos e infraestructuras.
Desposesión de la vida
La guerra es un modo de reorganización del poder global donde la diplomacia se diluye en tácticas de ocultamiento. No hay juzgamiento por los actos criminales de lesa humanidad, de desposesión de las vidas. Solo interesa la reposición de armamentos, la reconstrucción inmobiliaria y los vaivenes de las bolsas de comercio como maquinaria para convertirles en negocios, en enriquecimiento, siendo la población civil la principal víctima por muertes, sometimiento, precarización, aumento de precios y nuevos endeudamientos extorsivos.

La soberanía reside en el pueblo no en las representaciones
Los Estados destruyen en nombre de los pueblos. Sometidos al arbitrio de sus élites. Esos Estados no nos representan. Son Estados que se apropian de sus pueblos y que pretenden el de otros en el nombre oculto de las monarquías del capital. Los modos de gobierno de alianzas entre pueblos se construyen en el presente con la fuerza del pasado y en nombre de las vidas por venir. La naturaleza provee lo que los Estados se apropian, estigmatizan y desheredan. La vida vale más que el oro.
Los Estados de la conquista, destrucción, opresión y muerte no nos representan. El reclutamiento militar, no nos representa. Los Estados del armamentismo, el sometimiento, la uniformidad, la cosificación, el manejo arbitrario no nos representa.
Los Estados esclavistas, de la despersonalización, de la manipulación de las personas, del desentendimiento de la salud, la educación, la vivienda, el salario justo para sus habitantes, los déficits eternos, el extractivismo, con socialización del endeudamiento y la contaminación, no nos representan. Tampoco nos representan las reducidas elites con cuantiosas riquezas. Sí nos representa el profundo convencimiento de la esperanza de los pueblos, de la resurrección de la diversidad de las culturas que sostienen la vida, no las guerras.
El Autor es integrante de la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos, de Encuentro Verde por Argentina y del Movimiento Ecopolítico por el Buen Vivir.

