La guerra contra Irán, el entierro del faraón

Geopolítica

Por Antonio Camacho

Para Prensa Sin Censura

Cuando las fuerzas militares de un imperio en decadencia sufren una contundente derrota por una nación en su periferia, el imperio se derrumba. 

El último ejemplo fue la desintegración dolorosa del imperio portugués entre el 1961 y 1974 por la derrota que le propinaron a sus ejércitos las fuerzas de independencia de las colonias africanas: Angola, Mozambique y Guinea. 

Otro ejemplo fue el derrumbe del imperio francés bajo Napoleón III luego de sufrir la aplastante derrota del bien organizado ejército prusiano en el verano de 1870.

La caída del imperio británico se aceleró por las dos guerras mundiales, la pérdida de sus colonias y de la libra esterlina como moneda dominante de intercambio internacional. Aunque su caída no corresponde totalmente al planteamiento que se hace en el párrafo anterior, la pérdida del dominio de la libra esterlina y su relación en la caída del imperio es similar a la posible caída del imperio estadounidense al perder el dólar su predominio como moneda de intercambio internacional.

Dada la narrativa imperialista para ocultar la verdad con la que se bombardea a la población respecto a la guerra injustificada contra Irán, debo señalar lo siguiente:

1. Una cosa es la propaganda, la mentira repetitiva, el sensacionalismo noticioso y la actuación engañosa de un liderato imperialista hueco y unos medios noticiosos cómplices y otra, muy diferente, la realidad cruda y objetiva. 

Es triste ver como la mayoría de los seres humanos en la comodidad de la laxitud mental son incapaces de diferenciar la verdad de la mentira; más aún cuando la mentira es cautivadora y como un cliché de moda une a las masas en un consenso de opinión.

2. Las masas interpretan lo que sucede en el mundo, no a través de un razonamiento riguroso sino a través de los ojos y oídos de embusteros noticiosos y de líderes desquiciados cuya única función es adormecer el intelecto para que se apoye sin cuestionar los desmanes de aquéllos que gobiernan en pro desus mezquinos intereses y no por los intereses del pueblo trabajador. 

Es esa distorsión de la realidad sobre el desarrollo de la guerra contra Irán, el silencio cómplice de los medios ante los asesinatos cometidos por Estados Unidos, su constante violación burda del derecho internacional y su traición descarada a la diplomacia al atacar por segunda vez a un país durante negociaciones que tenían grandes posibilidades de conducir a un acuerdo, lo que me motiva a escribir este artículo. 

Los imperios en declive, dada la confusión e incertidumbre que embarga las diversas clases sociales, son tierra fértil para que lunáticos, facinerosos e incompetentes tomen las riendas del estado y en aras de restaurar el poder perdido, precipiten su decadencia. 

Como reza el famoso proverbio antiguo, atribuido a Eurípides: “Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.

Para sostener el planteamiento anterior, basta con mostrar el perfil de los tres jinetes del apocalipsis que han arrastrado al mundo a la caótica situación actual: el presidenteDonald Trump, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegsthel. 

Pendientes mañana.

Donald Trump.

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