Venerada Lucecita, la eterna Diva del pentagrama boricua

ReseñaCultura

 JAIME TORRES TORRES

PRENSA SIN CENSURA

Anoche literalmente reverenciamos a Lucecita Benítez en Bellas Artes.

Mencionar su nombre es motivo de respeto y de veneración. Es la Voz Nacional de Puerto Rico.

Y cuando reaparece en los escenarios, a los 83 años, es necesario posponer lo demás y por consideración a la MÚSICA misma, llegar y presenciar con devoción el despliegue de su arte.

Esta vez Lucecita convocó a sus admiradores a la puesta en escena del espectáculo “Claro y musical”, título del álbum que en 1992 produjo con Fran Ferrer.

Posiblemente, junto a “Exitos callejeros” y “Un regalo de alegría”, es el concepto más comercial de su discografía.

No recordamos que en pasados conciertos incluyera música de “Claro y musical”, grabado en la República Dominicana. El contexto, en el umbral del 90, es la popularidad que alcanza la bachata en voz de Juan Luis Guerra y 4.40, con arreglos del maestro dominicano Manuel Tejada.

El concepto de Fran y Lucecita fue redondeado con un poco de salsa, arreglada por Eric Figueroa, artífice de la popularidad del nicaragüense Luis Enrique, entre otros cantantes de la era de la salsa romántica.

Con “Claro y musical” Lucecita aportó una grabación merecedora de difusión en la radio nacional, pero no la recibió entonces por la prostitución de sectores payoleros de la industria.

Tocaron hasta la saciedad “Como abeja al panal” y “Burbujas de amor” de Juan Luis Guerra, pero no “Aeropuerto” y “Le di mi esperanza al agua” del autor dominicano Mario Díaz, quien le compuso el cancionero de “Claro y musical” junto al boricua Johnny Ortiz.

Ese fue el concepto con el que Lucecita inició su presentación anoche en la Sala de Festivales Antonio Paoli, sin imaginar que la legendaria intérprete reservaría la segunda parte al disco “Renacer” de 2001.

Ya quisiera este periodista cumplir 83 años y conservar la creatividad y habilidad en la redacción de historias de los pasados 40 años.

Lucecita acumula más de seis décadas en los escenarios y en términos generales sigue cantando muy bien. Anoche hubo problemas con el sonido en los monitores del escenario [dijo varias veces que no se escuchaba] y con algunas letras no muy ensayadas, lo que es natural al tratarse de un repertorio inhabitual, infrecuente.

Aunque frágil, más delgada y visiblemente un tanto extenuada, con su porte y aura, así como con su inquebrantable espíritu, Lucecita impone su mítica presencia en el escenario más prestigioso de Puerto Rico.

Fue inevitable caminar para presenciar de pie, en el área de prensa a pasos del escenario, cámara móvil en manos y con expresión de feliz asombro, el despliegue de la eterna diva del pentagrama boricua.

La sala desbordada de ‘boomers’ y adultos mayores disfrutó el concierto que incluyó bachatas como “Le di mi esperanza al agua” y “Aeropuerto”, el merengue-pambiche “Ñeñé”, la historia de su mortal naufragio en busca de un sueño, y en la onda salsera “Claro y musical” y “Se fue la lírica”, ambas del isabelino Johnny Ortiz.

Tras el intermedio, Lucecita enfocó en el género de la balada romántica, concepto del disco “Renacer”. Sus inseparables coristas Yanira Torres e Iris Martínez, así como su pianista Juan Carlos Vega y su director musical Ito Colón la respaldaron con celo y precisión durante la interpretación de un cancionero un tanto desconocido por la fanaticada acostumbrada a “Génesis”, “Cabalgata”, “Creceremos” y “Oubao Moin”.

Anoche, sin embargo, también escuchamos la nueva propuesta musical de Lucecita: una canción de esperanza y aliento; de optimismo y superación personal; de autoayuda; de paz y crecimiento espiritual.

Con asteriscos en el ‘rundown’, Lucecita compartió su transformación existencial con los estrenos “Vuelvo”, “Milagro de amor”, “Uno mismo”, “Una sola vez” y “La vida”.

Antes reconoció la presencia en sala de sus colegas Víctor Manuelle, Chucho Avellanet y Gilbertito Santa Rosa. Y al final, aparte de agradecer a su incondicional grey de seguidores, a sus músicos y al equipo de Perfect Partners, Lucecita Benítez reconoció al Espíritu Santo, la fuerza que la sostiene y mantiene de pie [asegura que con Él todo y sin Él nada] y anoche [por su testimonio] le mereció el aplauso unánime del soberano durante el concierto más atípico de su carrera.

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