Geopolítica
Ponencia en Ciales de Antonio Camacho en la conmemoración del natalicio de Juan Antonio Corretjer, 3 de marzo 2026 (Comité Actos del Natalicio de Juan Antonio Corretjer)
Último de dos artículos
Por Antonio Camacho
Para Prensa Sin Censura
Hay quienes argumentan que el postulado del titular es incorrecto porque el imperio británico no practicó el fascismo interior en los momentos de su decadencia.
Esta aseveración no es totalmente correcta. No toman en consideración que Gran Bretaña había sido destruida por la guerra y una parte significativa de su industria y en particular sus finanzas estaban entrelazadas con los mercados norteamericanos. Tanto era así, que el Banco de Inglaterra ejercía una gran influencia sobre la Reserva Federal cuando se firmaron los acuerdos de Bretton Woods del 1 al 22 de julio de 1944 y el dólar reemplazó la Libra de Esterlina como moneda de intercambio internacional.
El Banco de Inglaterra se benefició en la Creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial de Desarrollo. También se benefició del incremento del valor del oro como resultado del respaldo de dicho metal al dólar. Inglaterra perdió prestigio como imperio hegemónico, pero su clase dominante se benefició en la transición.
Como mencionamos anteriormente, los imperios tienen dos facetas en la aplicación del fascismo. El fascismo exterior que siempre está presente en la supresión de la soberanía de los pueblos invadidos y en la represión y racismo contra su población y el fascismo interior que se manifiesta en toda su crueldad en los imperios en decadencia.
¿Por qué los imperios en su decadencia recurren al fascismo?
Cuando se debilita la economía del imperio y su influencia hegemónica como resultado del desarrollo tecnológico, militar y de la expansión económica de una potencia ascendente como China, los sectores dirigentes recienten la pérdida de poder, prestigio y cohesión interna. Ante el temor de perder sus privilegios entran en pánico, lo que da margen al surgimiento de movimientos ultranacionalistas y autoritarios que prometen restaurar la grandeza nacional. Ejemplo de ello es Trump, el Maligno, cuando grita: “¡Hagamos a América grande otra ve!”.
¿Por qué afirmamos que Estados Unidos está en decadencia?
Para muchas personas, incluyendo analistas e intelectuales, les es difícil, siquiera imaginar que Estados Unidos con su poder militar y económico y su capacidad de imprimir dólares pueda estar en decadencia. Les sucede como a esos personajes que viven muy seguros en una lujosa residencia de concreto armado sin imaginar que bajo sus pies se está formando un gran socavón. Una de esas grandes fosas bajo la superficie creadas por diversos factores que engullen todo lo que está encima.
“¡Qué va!:, dicen los seguidores del presidente pedófilo, “Trump con sus aranceles a las importaciones va a hacer grande a Estados Unidos otra vez. ¡Miren los ríos de dólares que están llegando al tesoro de la nación!”
La colosal deuda de Estados Unidos es impagable y su endeudamiento imparable. Y en la medida que su economía se debilita, por el surgimiento competitivo de otras potencias como China e India, necesita coger más prestado, por tanto agravar su incapacidad de pago.
Los aranceles a las importaciones en apariencia enriquecen el tesoro federal, sin embargo, en última instancia quienes los pagan son los ciudadanos estadounidenses al tener que pagar precios más elevados por todo lo que compran. Situación que provoca a mediano plazo un incremento acelerado en la inflación, disminución del consumo, desaleración industrial, aumento en el número de quiebras, impago de hipotecas, préstamos personales, desempleo y niveles de pobreza.
Obcecado en su visión imperial, Estados Unidos ha despilfarrado decenas de billones de dólares en guerras perdidas para controlar la energía mundial y mantener su poder hegemónico. Imaginen solamente el costo en dólares que incurrirá por la derrota en Irán y como se desmoronará aún más su decadente prestigio.
Gran parte de su presupuesto se esfuma en el progresivo gasto militar y pago de intereses por la deuda, mientras se reducen las partidas para educación, investigación científica, innovación y desarrollo de nuevas tecnologías. Como resultado, China con su población de mil trecientos cincuenta millones de personas lidera 37 de 44 áreas de tecnologías de punta. Gradúa diez veces más ingenieros que Estados Unidos y más del doble en matemáticas, ciencia y tecnología y lo sustituyó como el granero del mundo.
Aunque EE. UU. sigue siendo la economía más grande del planeta, China es superior en el PIB y en la paridad del poder adquisitivo. O sea, lo que se puede comprar con la misma cantidad de dinero en Estados Unidos y en China si tomamos como base el valor del dólar.
El sostén fundamental de la fortaleza de EE. UU. es la utilización del dólar como divisa internacional. Se apropia de cientos de miles de millones de dólares que pierden los países en sus transaciones comerciales a través de los intercambios de sus monedas por dólares. También se apropia de una tajada de la producción (plusvalía) de la clase obrera del mundo imprimiendo dólares sin ninguún respaldo tangible. Además, utiliza su moneda como un arma para sancionar aquellos países que no se alinean con sus políticas hegemónicas. Como resultado existe un descontento generalizado a nivel mundial que se refleja en la desdolarización de sus economías utilizando nuevos sistemas de pago, monedas electrónicas o transaccionando en sus propias monedas.
Los países del BRICS están negociando en sus propias monedas. Arabia Saudita le vende el petróleo a China en yuanes. En los tratados firmados recientemente entre Canadá y Brasil se contempla también el uso de sus respectivas monedas en su comercio. Toda esta dinámica augura un desplazamiento inevitable del dólar como moneda de intercambio internacional, independientemente de las intenciones imperiales al invadir Irak, Libia, Siria, Irán y Venezuela para obligarlos a que sigan utilizando el dólar en sus transacciones petroleras.
¿Cuáles son los rasgos más marcados del fascismo y cómo se reflejan en la decadencia de Estados Unidos?
1. Crisis de identidad nacional
Cuando una potencia pierde guerras, prevalencia económica, poder hegemónico, influencia geopolítica, imagen moral y estatus, surge en su interior una sensación colectiva de frustración y humillación. Estados anímicos que sirven como caldo de cultivo al fascismo que aparece con sus soluciones simplistas como salvadores de la nación: “Hemos sido traicionados, dice Trump el maligno, tenemos que recuperar nuestra grandeza; hagamos a América grande otra vez”.
2. Inestabilidad económica
Las crisis económicas profundas como depresión, inflación, desempleo masivo, endeudamiento, incapacidad de honrar préstamos, hipotecas, tarjetas de crédito, generan grandes miedos e inseguridades en la población. Circunstancia que propicia el surgimiento o fortalecimiento de movimientos autoritarios fascistas que prometen orden, disciplina y soluciones rápidas como MAGA. Recordemos las palabras del presidente embustero, “El problema son los indocumentados, están destruyendo a América, controlaré la inmigración y los expatriaré a todos.” “Impondré aranceles a todas las importaciones para que las fábricas regresen a casa y se fortalezca nuestra economía.”
3. Desconfianza en las élites liberales
Cuando las llamadas instituciones democráticas son débiles o corruptas, una parte significativa de la población apoya a líderes fuertes que prometen mano dura y unidad nacional sin cuestionar el renunciamiento de sus derechos. Donald Trump fue elegido como consecuencia de esta situación.
4. Miedo al conflicto interno
Ante una grave crisis económica durante la cual una mayoría de la población no puede satisfacer sus necesidades básicas: comida, ropa, casa, gasolina, medicinas, etc. se fortalecen los movimientos de izquierda que junto al pueblo demandan transformaciones radicales en la economía y por consiguiente, en el gobierno. Los sectores acomodados, conservadores y nacionalistas, ven estas demandas como una amenaza a sus privilegios de clase e intereses económicos, lo que los inclina a tomar acciones autoritarias para frenar cualquier posible revolución o cambio radical. La represión a medios de prensa alternativos, a los afroamericanos, indocumentados y otras minorías; el control de la narrativa en los medios, la satanización del socialismo y persecución contra los comunistas, entre otras tantas acciones represivas, son síntomas del miedo al conflicto interno.
5. Nostalgia imperial
El fascismo suele explotar el pasado glorioso real o imaginario apelando a la mención o historia de imperios antiguos y victorias militares como herranientas para movilizar las masas. Cuando Trump utiliza la frace: “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez”, está apelando a la nostalgia imperial.
6. Ultranacionalismo
El ultranacionalismo es la exaltación extrema de la nación por encima de individuos o grupos y está estrechamente relacionado con la marginación de ciertos sectores de la población y el prejuicio racial. Cuando se plantea el supuesto excepcionalismo de EE.UU., el “english only”, se persigue a los indocumentados y se margina a los musulmanes se hace evidente el ultranacionalismo como elemento del fascismo.
7. Militarismo y culto a la violencia
El militarismo y culto a la violencia es la glorificación de la disciplina, la fuerza y la guerra como medios legítimos. Cuando vemos cómo Trump y su administración eliminan o limitan las partidas a los programas sociales a la vez que proponen un aumento de un 50% al gasto militar; cuando vemos su apoyo incondicional al genocidio en Gaza y cómo responden ante los asesinatos cometidos por los agentes de inmigración contra ciudadanos indefensos; cuando vemos el ataque a la República Bolivariana de Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y el bloqueo inhumano contra el pueblo cubano; cuando vemos el ataque injustificado a la República Islámica de Irán y el vil asesinato de su máximo líder religioso y a más de 160 niñas en un colegio y el doble ataque a la población de Irán cuando van a socorrer las víctimas de un ataque anterior, entre otros viles asesinatos, nos da una idea lo que es el culto al militarismo, la fuerza y la guerra como medios legítimos.
Cuando escuchamos al secretario de Defensa Pete Hegseth, anunciar la retirada de contratos con universidades de élite porque socavan los valores que los militares han jurado defender y abre una revisión minuciosa de los colegios de guerra para que vuelvan a ser, según sus palabras, “bastiones del pensamiento estratégico y formen a los líderes y combatientes más letales y efectivos que el mundo haya conocido. Sin lugar a dudas lo que vemos es la glorificación de la disciplina y la formación de matones de guerra al estilo nazi.
8. Autoritarismo
Aunque no podemos decir que en EE. UU. el poder está concentrado en un solo líder o partido único, las prácticas y ejecutorias de Trump no dejan de ser dictatoriales. Viola descaradamente el derecho internacional y la propia constitución de EE. UU., se atribuye los poderes del Congreso para imponer aranceles y atacar a Irán, humilla a los periodistas, insulta a los jueces que no hacen lo que él quiere, amenaza a las naciones del mundo que no siguen sus políticas, hace suyos los logros de otros y miente sin ningún pudor.
9. Control social
EE. UU. impone el control social a través de una narrativa escrupulosamente controlada y divulgada por todos los medios de difusión. Donde la repetición de una noticia falsa hace que a la larga se acepte como verdad, mientras que los periodistas son sometidos a la censura al redactarse la información que recopilan. Los periodistas independientes que no se someten a la censura, como Scoot Ritter, por ejemplo, le allanan las viviendas, le retienen los pasaportes para que no puedan viajar, son acechados en las calles por el FBI y sometidos a otras tantas vejaciones.
10. Anticomunismo
En la medida en que se agudizan las contradicciones imperialistas se incrementa la persecución contra los marxistas y socialistas, y todo lo que huela a socialismo.
11. Antiliberalismo
Aunque en EE. UU. no existe una tendencia definida de oposición a la democracia burguesa, a los derechos individuales y a la separación de poderes, en la práctica, cuando observamos las ejecutorias de la administración Trump, vemos muchos elementos de antiliberalismo. Se arroga atribuciones que por ley le pertenecen al Congreso, como ir a la guerra, como señalamos anteriormente. En las elecciones anteriores denunció fraude sin ninguna evidencia real. Critica abiertamente a los parlamentarios -senadores y representantes- y ha pretendido darle dirección a los tribunales de justicia,
12. Movilización de masas
A pesar de que en EE. UU. no es una práctica diaria el uso de la propaganda, símbolos y organizaciones para movilizar a la población, es constante su uso para crearle una idea falsa de la realidad, neutralizarla y alinearla a las políticas del Imperio. Cuando Trump perdió las elecciones y empujó a sus seguidores a atacar el Congreso, vimos cuan efectivo es su uso.
Conclusión
En resumen, ante el desarrollo acelerado de China que impulsa la multipolaridad a través de los países que componen el BRICS, EE. UU. ha perdido su poder hegemónico como potencia unipolar. Su economía sufre un deterioro acelerado así como la sociedad en su conjunto. La inflación, los desahucios y los márgenes de pobreza siguen en espiral. Es notable el fracaso de sus políticas y la ineptitud y decadencia moral de su liderato. Como en un espejo, se puede ver el fascismo en la personalidad narcisista de Trump, en sus acciones y equipo gobernante.
Como hemos podido ver, EE.UU. está en un proceso de franca decadencia. Sin lugar a dudas, durante ese proceso, mientras se va acelerando la descomposicion política, económica, social y moral del estado, dirigido por elementos de extrema derecha, con el respaldo de las clases privilegidas e individuos sin conciencia de las clases bajas, se va inclinando lenta e inexorablemente hacia un sistema fascista en todo el sentido de la palabra.
El sueño americano es una pesadilla. Los estadonidenses no tienen una historia de cohesión nacional. Están totalmente fragmentados. Son individualistas al extremo y gregarios sólo en pequeños grupos. Lo único que los une es el dólar. Atiborrados de armas y acostumbrados a una vida de bienestar no son aptos para soportar grandes vicisitudes. Ante ese perfil, podemos imaginar al estado fascista, la violencia que desatarán los más ricos para suprimir al pueblo y los desmanes que cometerán en el resto del mundo para intentar reconquistar su poder y prestigio.
Los asesinatos en Mineápolis, la invasión a Venezuela, la agudización del bloqueo a Cuba y el bombardeo a Irán son sólo los últimos ejemplos de lo que está por venir.

