Política-Opinión
Ponencia en Ciales de Antonio Camacho en la conmemoración del natalicio de Juan Antonio Corretjer, 3 de marzo 2026 (Comité Actos del Natalicio de Juan Antonio Corretjer)
Primero de dos artículos
Por Antonio Camacho
Para Prensa Sin Censura
Para la mayoría de nosotros, cuando escuchamos la palabra fascismo, instintivamente, la relacionamos con Adolfo Hitler y Benito Mussolini.
Precisamente ese es uno de los innumerables ejemplos de cómo la propaganda dominante -imperial-capitalista- nos oculta la realidad histórica. Como veremos más adelante, la historia del fascismo se remonta mucho más allá de estos patéticos personajes. El fascismo lo han practicado todos los imperios a través de la historia. Lo único nuevo es la palabra fascismo acuñada por el movimiento de Mussolini en Italia.
El fascismo es la historia del imperialismo, de la colonización, del racismo, del genocidio de los pueblos primitivos, del desplazo de sus poblaciones, del saqueo de sus riquezas, de la destrucción de sus civilizaciones, de la esclavitud, del trabajo forzado, de las encomiendas, de las reservaciones, del macartismo y de los campos de concentración de japoneses en suelo estadounidense.
La única diferencia fundamental que existe entre el fascismo imperialista practicado por las potencias europeas y Estados Unidos y el fascismo italo-alemán de Hitler y Mussolini, es que, como efecto bumerang, se aplicó no contra los pueblos considerados inferiores de Asia, América, África sino contra los mismos pueblos europeos. Parafraseando a Frank Fanón, la violencia del opresor sobre el oprimido, regresó a casa. El dictador español Francisco Franco se entrenó asesinando y reprimiendo al pueblo marroquí en África antes de regresar a España a derrotar la república y establecer su régimen sanguinario.
En sentido amplio, el fascismo es una ideología política autoritaria y ultranacionalista que promueve la unidad total de la nación bajo un liderazgo fuerte que subordina al individuo y a las instituciones llamadas democráticas al Estado.
Sin embargo, esta definición es deficiente. No toma en cuenta que el fascismo tiene dos facetas: el fascismo que aplica la nación en el exterior como potencia imperialista y el fascismo aplicado en el interior de la nación que varía de acuerdo a las condiciones económicas. Tampoco nos dice nada de que el fascismo es la carta bajo la manga de las clases dominantes para asegurar sus privilegios cuando la situación económica empeora y optan por empobrecer al pueblo trabajador para mantener sus márgenes de ganancia.
De acuerdo a las circunstancias económicas, el fascismo se presenta de diversas maneras. En los momentos de la supuesta paz social, cuando las ganancias de los capitalistas son abundantes, se presenta adornado con palabras rimbombantes como libertad, democracia y derechos humanos.
Sin embargo, la realidad es que la única libertad significativa que tiene el pueblo trabajador en las llamadas democracias capitalistas burguesas, es la libertad del vocerío y pataleo sin ningún efecto tangible en la estructura del poder y a favor de quien esa estructura ejerce el poder. La democracia es simbólica, no real. Es ir a votar una vez cada cuatro años para elegir a aquéllos que legislan a favor de los grandes intereses en detrimento del pueblo. El pueblo no tiene ninguna participación en las decisiones que directamente le afectan. Y en cuanto a la defensa de los derechos humanos, es sólo una cortina de humo para ocultar la represión y otros abusos de autoridad en el interior de la nación.
Cuando usted ve el genocidio en Gaza y la complicidad de Estados Unidos, los asesinatos impunes de los agentes de inmigración de los ciudadanos Renee Good y Alex Pretti en Mineápolis, los abusos contra los pueblos nativos, la población negra y los inmigrantes tiene que preguntarse si en verdad vive en una democracia o en un estado fascista. Más nosotros, que vivimos en una bochornosa colonia sin ninguna soberanía.
También, el fascismo se presenta de manera solapada. Vivimos bajo su influencia y maldad sin apenas percatarnos. El pueblo trabajador impotente, ajeno a la realidad, termina aceptándolo como un mal sin remedio. Tomen como ejemplo la imposición de LUMA al pueblo de Puerto Rico como un favor político a los compinches de Trump y el despido de empleados puertorriqueõs con vasta experiencia para reemplazarlos por novatos extranjeros con sueldos cinco o diez veces más altos. La forma abusiva de la Autoridad de Energía Eléctrica de inventar partidas para inflar las tarifas. Lo mismo que hace la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, bancos y otras compañías de servicios cuando nos cobran otros gastos sin darnos explicaciones y sin que nadie le exija cuentas. ¿Eso es democracia? No, eso no es democracia. Esas son prácticas fascistas solapadas.
Cuando escuchamos a los capitalistas decir que la democracia es libertad, le están ocultando el fascismo. Porque la democracia y libertad que tanto ellos pregonan es la libertad sin control que les permite abusar y esquilmar al pueblo como le venga en gana sin tener que rendir cuentas.
Joseph Goebbels, ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda, dijo que una mentira repetida continuamente se convertía en verdad en la mente de quien la escuchaba. Cuando oímos a Trump y otros dirigentes imperiales decir repetitivamente que Cuba, Venezuela o Irán son una amenaza a la seguridad nacional y libertad del pueblo norteamericano o que Nicolás Maduro es un narcotraficante, los musulmanes un peligro o los indocumentados unos delincuentes, estamos también bajo la influencia de prácticas fascistas solapadas.
La repetición de la mentira es un mecanismo para neutralizar al pueblo ante los desmanes del Estado, justificar la expanción imperial, la invasión de otras naciones y el saqueo de sus riquezas.
Mañana: Los imperios en su decadencia transfieren el fascismo a su interior

