León XIV, ante el ataque de EEUU e Israel contra Irán: ‘Hay que detener la violencia antes de que sea irreparable’

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El Papa sigue «con profunda preocupación» las «horas dramáticas» en Oriente Medio, con la mirada también puesta en los ataques entre Pakistán y Afganistán, y exige «responsabilidad moral» para «detener la espiral de la violencia» antes de que sea «irreparable»

Publicado por Religión Digital

«Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Medio Oriente e Irán, en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas, ni con las armas, que siembran destrucción y muerte, sino solo ante un diálogo responsable».

El Papa León XIV exigió a la diplomacia internacional el fin de la violencia en Irán, y también de los ataques mutuos entre Pakistán y Afganistán. «Llamo a los líderes a la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se vuelva una vorágine irreparable», clamó durante el rezo del Angelus de este domingo en la plaza de San Pedro.

Antes, durante la reflexión previa, Robert Francis Prevost saludó el relato de la Transfiguración, con Cristo entre Moisés y Elías. «El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina», explicó León XIV, para añadir que «todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva».  

Así, Jesús «no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne» ante los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. «La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria», insistió el pontífice.

Y es que «mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios», para que Cristo «transfigure las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón». «¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?», se preguntó.

«El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo», concluyó.

“Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor».

Tiempo de Cuaresma, en definitiva. 

León XIV. Foto/Religión Digital

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