El capitalismo que planifica con la misma ciencia que destruye

Geopolítica-Opinión

No hay mal que por bien no venga

Refrán popular

Elemental, mi querido Watson

Sherlock Holmes (películas)

Por Manuel Ludueña

Periodista de Abya Yala

Para Prensa Sin Censura

Mientras la naturaleza transforma en un ciclo que reciclan vida con más vida, al integrar continuamente agua, aire, tierra y biodiversidad con el sol, el sistema productivo vigente (el capitalismo contemporáneo) transforma en un ciclo de muerte que construye y demuele, que industrializa y contamina, que enriquece y pauperiza, que planifica con la misma ciencia que destruye.

Son dos ciclos presentes y de modos de vida: integrados al ciclo de la naturaleza o parte del ciclo del cálculo para acumular cosas.

Apreciar la vida no es producir armamentos para las guerras, demoler para dominar, reconstruir y endeudar, ocupar áreas inundables o próximas a industrias contaminantes destinándolas a poblaciones de bajos ingresos o por segregación racial, o con falta de saneamiento y aguas subterráneas contaminadas.

Desde la Revolución Industrial, acelerado por las guerras mundiales y la acumulación de ganancias -menos de 200 años- marcan abismos sociales, productivos y ambientales mediante mecanicismos que se imponen ciegamente. Las herencias, el cálculo por ganancias aplicando los conocimientos técnicos y científicos y la manipulación de la información, entre otros, generan disparidades socioeconómicas y abuso preventivo.

El Negacionismo es una Máscara

Mientras en Naciones Unidas y dependencias globales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional de Energía (AIE), el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y otras, explican causas, sobre salud, energía y la crisis climática, otros usan muchas de sus explicaciones, como participantes del Foro Económico de Davos o del G7, para aprovechar las consecuencias negativas y obtener ganancias de las desgracias previsibles.  

Mientras la OMS alerta sobre enfermedades, epidemias y pandemias, grandes fortunas se destinan a Fundaciones con programas que prometen enormes ganancias, en tanto se patentan y desarrollan vacunas o fármacos, muchos años antes de que sucedan las posibles desgracias, es decir, no para que no prevenirlas sino para aparentar un altruismo y organizar la captura financiera de las desgracias ajenas. Otro tanto sucede con la AIE ante la limitación de combustibles que beneficia crecientemente a las empresas que lo acaparan o que usan el Estado para aumentar los precios, o el IPCC que sentencia enfermedades, inundaciones, aumento de temperatura y del nivel del mar, que se traduce en construcción de defensas, producción de aire acondicionado, cambios en el tipo de energía y de los dispositivos adecuados. Aprovecha lo que no hay que hacer, para crecer y ganar, sin importar los damnificados.   

Epstein

Es un caso aberrante, tal como un diamante, lo mires por la cara que lo mires. Una de esas caras con varias aristas se conforma con una trama centrada en el magnetismo financiero de Bill Gates, las presunciones de la OMS y la endemoniada capacidad de Epstein para plantear un negocio perdurable, con la voracidad del IPG Morgan y el entretejido de la fortuna de varios multimillonarios, la asistencia científica de modelos matemáticos aplicado a escenarios pandémicos, laboratorios atentos y funcionarios internacionales facilitadores, entre otros. Esa retícula, centrada en la asistencia de Epstein, se desarrolla entre 2011 y 3 meses antes del comienzo de la pandemia COVID 19, oportunidad en la cual alcanza su funcionamiento pleno.

Ese modo de operar, tan contundente, científicamente calculado, habilita a comprender como existe un mundo paralelo anti- precaución, con un canibalismo que solo se sacia temporalmente con las desgracias ajenas.

Donde no es solo la plusvalía, el monopolio para determinar los precios, la ruleta de las acciones empresarias y estatales. Hay algo más que es masivo, que obliga a responder -por ahora-, donde es más eficiente la búsqueda de ganancias que las acciones para evitar males mayores.

El ciclo de la muerte se acelera

Casi cualquier aspecto en relación con el productivismo -materias primas, información, energía y desechos- es creciente: más bosques desaparecidos, más extracción de materiales y minerales, de carbón, petróleo, gas, uranio, más autos y camiones, más embarcaciones de todo tipo, conteiner transportados, viajes en aviones, asentamientos humanos turísticos y data centers, armamentos, unidades de consumo desde alimentos hasta celulares y computadoras, desde pesticidas hasta medicamentos; así como sus efectos: cursos de agua, aire, suelo contaminados, aumento de la temperatura del aire y de los océanos, aumento del nivel de las aguas y deshielo de glaciares y casquetes polares, ciento de miles de poblaciones sin agua ni alimentos suficientes, migraciones multitudinarias económicas, climáticas y por guerras.

Menos naturaleza y más cosas -la mayor parte descartables, con obsolescencia programada, moda, tecnologías cancerígenas o poco probadas, etc.

Producir sin atender las necesidades básicas de las poblaciones -subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad- y dedicarla a satisfactores y bienes no es el camino para la humanidad. Como tampoco lo son la discriminación, la segregación sociocultural, el racismo.

Apreciar la vida no es producir armamentos para las guerras, demoler para dominar, reconstruir y endeudar, ocupar áreas inundables o próximas a industrias contaminantes destinándolas a poblaciones de bajos ingresos o por segregación racial, o con falta de saneamiento y aguas subterráneas contaminadas.

La desbocada productividad no es una contradicción económica, puesto que se construye con decisiones abstractas calculadas, que devienen en acciones obedientes, con resultados acríticos y evaluaciones economicistas.

Es un mecanismo de la peor calaña: deshumanización, artificialidad, ahistórico, violento y autoritario.

Desocultar

Como decía Aristóteles, la realidad no puede concebirse solo en los términos como aparece, Marx sostenía, por su lado, la distinción ontológica entre la apariencia superficial y la esencia de las cosas, en tanto El Principito reflexionaba que “lo esencial es invisible a los ojos”. Ante nuestra credulidad se manifiestan procesos que desencadenan hechos, costos y endeudamientos luctuosos que afectan a la mayor parte de la humanidad, en tanto, quienes destruyen la base existencial de la vida, acumulan y se concentran con ingresos, riquezas, encarcelados en envolventes de seguridad.

Imagen/Freepik

Deja un comentario